A una mujer de moda
La vez primera que te ví en la calleIbas con tu mamá por el Retiro,Y á mi labio robaron un suspiroTus dulces ojos, y tu esbelto talle.
Te ví despues en el florido valleQue el Arno riega en caprichoso giro,Y, ¡ay! desde entónces por asir deliroDel timón de tu pecho el gobernalle.
¿Deliro? dije mal; he visto el tarroCon que una vez te tiñes cada dia,La huella entre tus dientes del cigarro,
El miriñaque que mujer creia,Y para amar un ídolo de barroMe lo ofrece mejor la alfarería.
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