El fin del pavo

¡Pasó! De su hermosura sólo quedaUn pálido recuerdo en la cocina;Allí su pluma está rizada y finaCon la que veces mil hizo la rueda.

Su piel rosada y tersa cual la sedaMuy pronto rasgará mano asesina:¿Por qué no fué al nacer ave dañinaDel bosque secular en la arboleda?

Mártir de sus domésticos deberesÉl al capricho bárbaro se inmolaDel más feroz y torpe de los seres.

Yo ceñiré á su sien una aureola;Lector, ¿lo dudas? ¿Convencerte quieres?Regálamelo asado, á la española.

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