El niño de nieve

A del Bósforo en las aguasse iba la estela borrandoque abrió la velera naveá la voz de—¡Larga el trapo!y aun de pie sobre la popaentre afligido y hurañoun hombre de luenga barbay de semblante atezadofija la vista en un puntodel horizonte lejanoá merced del aire hacíaflotar su pañuelo blanco.Desde torrecilla esbelta

de pintoresco palaciouna mujer muy hermosaotro pañuelo agitandocontestaba diligenteá la seña ó al mandato;mas con distracción tan grande,y con tan poco entusiasmo,que remontar no vió al buquepor la punta del Serrallo,y halló al volver la miradadesierto y mudo el espacio.—¡Por fin!—tras hondo suspiroexclamó:— ¡qué adiós tan largo!Y sentándose en el muroy cruzándose de brazos,fijó en el sereno cielosus negros ojos rasgados.

__Cinco ó seis años hacíaque Yusuf el africano,aunque por la edad pudiesepretender amor más casto,

era esposo de Ned-Yumaá quien conoció en Damasco,y que de mísera esclavalogró llegar á tan alto,ya que por él la rodeanla opulencia y el regalo,pues no hay mercader más ricoque Yusuf en todo el barrio.Como él opulento es ellahermosa, y aun, sin agravio,puestas belleza y fortunaen comparación, acasoNed-Yuma inclinar podríala balanza de su lado.Pisaron sus pies apenaslas rosas de veinte Mayosy el ángel de los amorestrazó de su pecho el arco.Son sus mejillas jazmines,granada abierta sus labios,de antílope su gargantay de gacela su paso.Túnica de mil coloresciñe su cueo gallardoque sujeta á la cintura

farja de ricos bordados,y en los hombros y en el senoluce al par que sus encantosligero schambar de gasay majzan de fino pañocon broches de plata y oroy jalek que lanzan rayos.No cubre su rostro el veloni de la sarma debajotiene la oscura melenaque acaricia el viento vago,pero sí lleva, cual suelenlas mujeres de su rango,ajorcas de filigranay cintillos con topacios.Iba cayendo la tarde,y absorta ante el espactáculoque en su crepúsculo ofrecenlas almas, como los astros,aun Ned-Yuma proseguíamar y cielo contemplando.

Por fin movió la cabeza,en pie se puso de un salto,y Sta-fer-al-lah diciendoni muy fuerte ni muy clarola escalera de la torrecomenzó á bajar despacio.

Sola se encuentra Ned-Yumaen su camarín dorado,con el g'ad yar recogidoy abierto el jaique de raso.Tiene delante una cartaque dos veces leyó en altoy arrojó después al suelodoblándola con sarcasmo,y cerrada todavíaotra conserva en la manoque exhala dulce perfumecomo á madera de zándalo.De Yusuf es la primeray dice en menudos rasgos:«Tres semanas llevo ausente

y aunque no muy de mi grado,que estaré fuera te anunciomucho tiempo... no sé cuánto.Mis intereses reclamanafán que no les consagro,tengo géneros pedidosen mis bazares intactos,y el oro en las alcancíases como el agua en los charcos.Así que recibas éstahaz llamar, pues yo lo mando,á Hasan, á quien ya conoces,mi cajero y asociado,el cual correrá con todo,rentas, préstamos y cambios,dándote parte á menudode los ingresos y gastos.Fuera de él á nadie veasni en la ciudad ni en el campo,pues á codicia no muevejoya que está á buen recaudo.»La otra carta que Ned-Yumatardó en abrir poco ratoestas líneas conteníaen puro lenguaje arábigo:

«Hurí de los negros ojosen cuya lumbre me abraso,vivo por lo que deseo,y muerto por lo que callo;de su silencio la cárcelromper intenta mi labioy ayuda vengo á pedirtemás rendido que postrado.A las nueve de esta noche,de las sombras al amparo,penetraré en tus jardinesque conozco palmo á palmo:una respuesta, un suspiro,y si tal ventura alcanzoá tí volará dichosoHasan, tu amigo y tu esclavo.»

Besó Ned-Yuma la cartaque puso en secreto armario,de la que arrojara al suelocortó la página en blanco;

dijo alegre:—¡estaba escrito!y con movimiento rápidomidiendo la corta alturaque hay del jardín á su cuarto,casi postrada de hinojosante un meida de alabastrotrazó en el papel con lápizestas palabras: «te aguardo.»

Para una mujer amanteque lejos del dueño amadosólo en la esperanza vivede volver á recobrarlo,¡qué lentas pasan las horasy cómo van engendrandoen el pensamiento dudas,y en el corazón presagios!

__

Ned-Yuma vió como un soplopasar los últimos años;han sido tres...—¡imposible!dice Hasan... no fueron tantos!¡Bien recuerdo aquella noche!...—¡Pudieras no hacerlo, ingrato!—Que era ayer me parecía...—Y ayer fué, que esos milagroslos repite amor mil veces

y son nuevos, sin embargo.—Así en la ardorosa siestade una tarde de verano,entre uno y otro paseopor la terraza de mármol,Ned-Yuma y Hasan evocande su pasión el encantocomo si fundir quisieranel presente y el pasado,ya que al porvenir no puedenavanzar sin sobresalto.Interrumpió su coloquioun marinero bizarroque tras algunas señalesde atención ó de recatogritó:—¡Señor! Abu-Saadallegó anoche con su barcoy noticias ha traidode Yusuf, nuestro buen amo.Dice que se halla en Esmirnay debe, según sus cálculos,estar aquí el lunes...—Lunesy ayer fué...—Viernes; hoy sábado;

he venido á preveniros...—Muy bien; para completarlolleva el aviso á la gentey todos, y el que lo trajo,de nuestra gran alegríaparticipen... Que es mandatoles dirás, de la Señoraá cuyo servicio estamos:puedes irte.—¡Dios os guarde!—¡Y ahora, Ned-Yuma, á mis brazos!Forjó la enemiga suertecontra nosotros el dardo,que á un tiempo en los dos se clavesi cumple al destino aciago.—¿Y nuestro hijo?—Razón tienes,debemos ponerlo en salvo...huye con él...—Fuera inútil...medito otro plan más arduo...conducirle aquí.—¿A su vista?pues ¿qué piensas?—Engañarlo.

—Es celoso...—Pero es crédulo...—Es sagaz...—Pero es anciano;respecto á tí, en adelantete veré como á un extraño,ni una palabra, ni un signo,sentir y amar...—Siento y amo.—Alí el secreto conoce...—Morirá si es necesario...—No, con alejarle basta:—Dices bien; el mundo es ancho.—Y ahora, y tal vez para siempre,¡adiós!—Ahora no...—Pues, ¿cuándo?—Esta noche.—¡Última noche!...—Sí, amor mío; ¡último lazoque á la ventura nos une,última gota del vaso,último anhelo de un alma,última luz de un relámpago!

—¿Con que durante mi ausenciatodo en orden ha marchado?—Todo en regla, esposo mío,por más que...—Dí sin reparotu opinión...—Pues que yo hubierapreferido á mi descansoser sola para el manejode la casa...—¿Pudo en algofaltarte Hasan?—Me enojabasu presencia...—Es diestro...—Es vano.—¿A tus órdenes rebeldefué alguna vez?—No le ataco

por su conducta; me irritansus pretensiones de sabio.—Es inteligente...—Es necio...pero, en fin, ya me has libradode su vista, y con la tuyaá nueva vida renazco.Mucho tengo que pedirte...—Mucho para darte traigo;mas primero, una preguntaque se me ocurrió hace rato.Al cruzar yo por la puertajugaba un niño en el patio,¿de quién es?—Pues no es de nadiesiendo de todos...—Reclamola explicación del enigma.—Es más que enigma, es arcano,de que Dios, piadoso siempre,nos hizo depositarios.—Al lah-Acbar: ya te escueho.—Me entrego á su gracia y narro:

Hora del mog'red seríados schetta ya pasados,cuando en tu jardín hermosorendida por el cansanciojunto al Cupido de bronceme dormí en un duro banco.Ignoro si fué mi sueñosueño no más ó letargo;sé que desperté con frio,y figúrate mi pasmoal ver la tierra cubiertade nieve con un sudario.Era ya noche cerraday entre los pliegues del mantoenvolviéndome, ligeraseguí de la senda el rastro.Mas no sola; desprendidadel pedestal, y á mi lado,de Cupido la figuramarchaba por arte mágico.—¿Qué quiéres de mí? le dije.—Cariño busco y amparo;

eres mujer, serás madre,acógeme en tu regazo.—Yo insensible te creía...—Lo fuí durante dos años,pero esta noche una gotafiltrada de arriba abajoen mi interior, vida y almame otorgó de sér humano.Ya como tú siento y lloro,como tú estoy tiritando,abrigo y pan necesito,fe y amor ofrezco en cambio.Yo pensé, Yusuf, entoncesen nuestro hogar solitario,y en tu casa le dí albergue;hoy en ella eres el árbitro,arrójale site enfada,yo tu decisión acato.

Cruzó una nube sombríade Yusuf el rostro pálido,mas reponiéndose prontodijo entre amoroso y cauto:

—¿No tiene nombre?—Ninguno:la que le tomó á su cargole llama el niño de nieve,sabiendo su origen raro.—Que su hombre en adelantesea Ahmed, el deseado,y que de nada carezca¿lo entiendes bien?—Y lo aplaudo.—Si Dios concedernos quisopor tal medio tal hallazgo,su voluntad acatemosy sus designios cumplamos.

Siguió el tiempo su carrera,nueve ó diez lunas pasaron,y de Yusuf en la quintareinaba la paz de antaño.Hermosa siempre Ned-Yuma,el niño vuelto muchacho,Hasan sin ver á la moray caduco el millonario.A los tres una mañanallamó Yusuf á su cuarto,y con su risa más dulce,y con su acento más blando,como si rezara un suradel Koran, dijo pausado:—Debemos cambiar de vida,y con ese objeto os llamo;mi fortuna es ya muy grande,mi edad se acerca al ocaso,

y aburrido de negociosestoy resuelto á dejarlos.Me retiro del comercio,mas quedan algunos saldosque liquidar; á mis socioscon cartas no satisfago,y así dentro de dos díasde nuevo á la mar me lanzo,aunque opino que de huéspedme ha de tener corto plazo.Conociendo lo que él valey lo poco que yo valgo,Hasan se vendrá conmigo,y como viaje de ensayoAhmed también, que ya es horade que comprenda lo maloy lo bueno de estos mundospor donde peregrinamos.Arregle Hasan sus papelesque no ha de ser gran trabajo,y tú, esposa, arregla al niñoy no le aflijas con llantos.

——

Los cuatro, tras el discurso,silenciosos se miraron,saliéndose de la estanciamudos y tristes los cuatro.

——Otra vez en su azotearojos de llorar los párpados,al aire deja Ned-Yumaflotar su pañuelo blanco.Aun no remontó la nave,aun pueden sus ojos ávidosdistinguir sobre la popacorrespondiendo á su halagotres bultos que hacia la tierraparece que están mirando.Los tres saludan unidos...luego dos... avanza el barco,y ya próximo á ocultarsepor la punta del Serrallode los tres bultos, saludauno tan sólo, ¡el más bajo!

Un mes después de esta escenade Yusuf llegó un despacho,estaba en Siria, iba á Egiptocon Ahmed, pero de tránsito.Un disgusto le afligía,el pobre Hasan, encargadode recorrer los lugaresdesde el Mar Negro al Mar Caspio,á la salida de Odessafué víctima de un naufragio,teniendo su sepulturaen el buque hecho pedazos.Ned-Yuma pudo á sus anchascompadecerlo y llorarlo,nadie al raudal de su penase atrevió á poner obstáculos.Solitaria recorríalos jardines del palacio,

testigos en otro tiempode sus placeres livianos,y el pedestal de Cupidoalguna vez contemplando,echó de menos la estatuaque en amoroso arrebatologró convertir en nievehaciendo del bronce escarnio.Del cómplice á la presenciaya no sentirá desmayos,ya le pertenece enteroaquel hijo que ama tanto;ya la esperanza iluminasu corazón angustiado.

. . . . . . . . . . . . . . . . .Una noche, en su maksurarecogida muy temprano,mientras charlan en la callemarmitones y lacayos,oyó decir de repenteessalamcum, y en el actomucha confusión de gritos,

mucho estrépito de pasos,y por fin dos ó tres golpesen el postigo inmediatoy la voz:—Abre, si quieres,soy Yusuf: á tal ensalmoabrió Ned-Yuma diciendocon cierto desdén amargo:—A todas las horas puedeentrar en su casa el amo.Sentose Yusuf muy cercade Ned-Yuma en un escaño,y entre mujer y maridoesta plática entablaron:—¿Llegastes hoy?—Llego ahora.—¿Bien?—¡Mal!—¿Pues qué te ha pasado?—Lo que les pasa á los viejos;por un placer diez quebrantos.—¿Y vienes solo? (Ned-Yumadijo estas frases temblando.)—¡Solo!—¿Qué hiciste del niño?—Dichas que forja el acaso

una nube las engendray las desvanece un rayo.—Mas, ¿cómo fué?...—Todavíade explicármelo no acabo.A visitar las Pirámides,hallándonos en el Cairo,salimos una mañanaél y yo, contentos ambos.Era de fuego el ambiente,resistiólo Ahmed un rato,luego ví que sonreía,su rostro se volvió cárdeno,y abrazándose á mi pechose deshizo entre mis brazos.—¡Mentira!—Si era de nieve¿por qué te extraña el milagro?¡Madre, ya no tienes hijo!lo que me debes te pago;¡vuelva la estatua de bronceá su pedestal de barro!

___

Sus negros ojos Ned-Yumafijó en Yusuf con espanto,clavose hasta brotar sangreen la garganta las manos,y rugiendo como el tigreque se retuerce en el lazo,á la manera que caedesde la altura el peñasco,desplomada y sin sentidocayó sobre el duro mármol.

De Yusuf á Ishac, el Taleb,en Chendy: bazar de esclavos.

__«Al recibir estas letras,con las que salud os mando,dad al portador el niñoque dejé á vuestro cuidado.Si por azar lo vendísteisproceded á rescatarlo,y girad contra mi casacualquiera que fuere el gasto.Expósito le creíaobedeciendo á un engaño,mas hoy supe que es su padreun viejo rico y avaro,

y como se encuentra soloquiero hacerle este regalo.El le enseñará á ser hombrey á cumplir el deber santode amparar al inocente,no transigir con lo falso,agradecer los favoresy castigar los agravios.De esta carta que os escriboAlí será el emisario;si advertís que lleva lutono lo extrañéis: he enviudado».

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