Aventurarse perdiendo
¿Quién pensara que mi amorescarmentado en mis males,cansado de mis desdichas,no hubiera muerto cobarde?Quién le vio escapar huyendode ingratitudes tan grandes,que crea que en nuevas penasvuelva de nuevo a enlazarme?¡Mal hayan de mis finezastan descubiertas verdades,y mal haya quien llamóa las mujeres mudables!Cuando de tus sinrazonespudiera, Celio, quexarme,quiere amor que no te olvide,quiere amor que más te ame.Desde que sale la Aurora,hasta que el Sol va a bañarseal mar de las playas Indias,lloro firme y siento amante.Vuelve a salir y me hallarepasando mis pesares,sintiendo tus sin razones,llorando tus libertades.Bien conozco que me canso,sufriendo penas en balde,que lágrimas en ausenciacuestan mucho y poco valen.Vine a estos montes huyendode que ingrato me-maltrates,pero más firme te adoro,que en mí es sustento el amarte.De tu vista me libré,pero no pude librarmede un pensamiento enemigo,de una voluntad constante.Quien vio cercado castillo,quien vio combatida nave,quien vio cautivo en Argel,tal estoy, y sin mudarme.Mas pues te elegí por dueñomatadme, penas, matadme,pues por lo menos dirán:murió, pero sin mudarse.¡Ay bien sentidos males,poderosos seréis para matarme,mas no podréis hacer que amor se acabe.
Yo adoro lo que no veo,y no veo lo que adoro,de mi amor la causa ignoroy hallar la causa deseo.Mi confuso devaneo¿quién le acertará a entender?,pues sin ver, vengo a quererpor sola imaginación,inclinando mi aficióna un ser que no tiene ser.Que enamore una pinturano será milagro nuevo,que aunque tal amor no apruebo,ya en efecto es hermosura,mas amar a una figura,que acaso el alma fingió,nadie tal locura vio:porque pensar que he de hallarcausa que está por criar,¿quién tal milagro pidió?La herida del corazónvierte sangre, mas no muero,la muerte con gusto esperopor acabar mi pasión.De estado fuera razóncuando no muero, dormir,¿mas cómo puedo pedirvida ni muerte a un sujeto,que no tuvo de perfecto,más ser que saber herir?Dame, cielo, si has criadoaqueste ser que deseo,de mi voluntad empleo,y antes que nacido, amado;¿mas qué pide un desdichado,cuando sin suerte nació?,porque, ¿a quién le sucedióde amor milagro tan nuevo,que le ocupase el deseoamante que en sueños vio?
Amar el día, aborrecer el día,llamar la noche y despreciarla luego,temer el fuego y acercarse al fuego,tener a un tiempo pena y alegría.Estar juntos valor y cobardía,el desprecio cruel y el blando ruego,tener valiente entendimiento ciego,atada la razón, libre osadía.Buscar lugar en que aliviar los malesy no querer del mal hacer mudanza,desear sin saber que se desea.Tener el gusto y el disgusto iguales,y todo el bien librado en la esperanza,si aquesto no es amor, no se que sea.
En el claro cristal del desengañose miraba Jacinta descuidada,contenta de no amar, ni ser amada,viendo su bien en el ajeno daño.Mira de los amantes el engaño,la voluntad, por firme, despreciada,y de haberla tenido escarmentada,huye de amor el proceder extraño.Celio, sol desta edad, casi envidioso,de ver la libertad con que vivía,exenta de ofrecer a amor despojos,Galán, discreto, amante y dadivoso,reflexos que animaron su osadía,dio en el espejo, y deslumbró sus ojos.Sintió dulces enojos,y apartando el cristal, dixo piadosa:Por no haber visto a Celio, fui animosa,y aunque llegue a abrasarme,no pienso de sus rayos apartarme.
No desmaya mi amor con vuestro olvido,porque es gigante armado de firmeza,no os canséis en tratarle con tibieza,pues no le habéis de ver jamás vencido.Sois mientras más ingrato, más querido,que amar, por sólo amar, es gran fineza.Sin premio sirvo, y tengo por riqueza,lo que suelen llamar tiempo perdido.Si mis ojos en lágrimas bañados,quizá viendo otros ojos más queridos,se niegan a sí mismos el reposo,les digo: Amigos, fuiste desdichados;y pues no sois llamados ni escogidos,amar, por sólo amar, es premio honroso.
A la cabaña de MengaAntón un disanto fue,ya está rostrituerta Gila,celos debe de tener.Delta se quexa el zagal,bien justa su quexa es,que sospechas sin razónson desaires de la fe.Sin culpa le da desvíos,¡cómo no se ha de ofender!,que ella los dé tan de balde,costándole tanto a él.Hablar a Menga agradable,no es culpa, que bien se ve,si no hay querer sin agrados,que hay agrados sin querer.Quisiera que huyese Antónde Menga, rigor cruel,darle lo favorecidoa precio de descortés.No es la misma permisiónen el hombre y la mujer,que en ellos es groseríalo que en ellas es desdén.No hay quien se ponga a razonescon los celos, y ¡pardiez!gente que razón no escucha,muy necia debe de ser.Los vanos recelos, Gila,no aseguran, que tal veztemer donde no hay tropiezos,dispone para caer.Vedarle que mire a Menga,si es cordura, no lo sé,que una hermosura vedadadicen que apetito es.Sujeciones hay civilesbastaba Antón, a mi ver,estar sujeto a unos ojossin que a su engaño lo estés.Esto es amor en los hombres,ser su lisura doblez,sus inocencias delitos,¡mal haya el amor!, amén.
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