Estragos que causa el vicio

Ya llego, Cupido, al ara;ponme en los ojos el lienzo;pues sólo por mis desdichasofrezco al cuchillo el cuello.

Ya no tengo más que darte,que pues la vida te ofrezco;niño cruel, ya conocesel poco caudal que tengo.

Un cuerpo sin alma doy;que es engaño, ya lo veo;mas tiéneme Fabio el alma,y quitársela no puedo.

Que si guardaba la vida,era por gozarle en premiode mi amor; mas ya la doycon gusto, pues hoy le pierdo.

No te obliguen las corrientesque por estos ojos vierto;que no son por obligarte,sino por mi sentimiento.

Antes, si me has de hacer bien,acaba, acábame presto,para que el perder a Fabioy el morir lleguen a un tiempo.

Mas es tanta tu crueldad,que porque morir deseo,el golpe suspenderásmás que piadoso, severo.

Ejecuta el golpe, acaba,o no me quites mi dueño;déjame vivir con él,aunque viva padeciendo.

Bien sabes que sola una horavivir sin Fabio no puedo;pues si he de morir despacio,más alivio es morir presto.

Un año, y algo más, haque sin decirlo padezco,amando sin esperanzas,que es la pena del infierno.

Ya su sol se va a otro oriente,y a mí, como a ocaso negro,quedándome sin su luz,¿para qué la vida quiero?

Mas si tengo de morir,amor, ¿para qué me quejo?Que pensarás que descanso,y no descanso, que muero.

Ya me venda amor los ojos,ya desenvaina el acero;ya muero, Fabio, por ti,ya por ti la vida dejo.

Ya digo el último adiós.¡Oh, permita, Fabio, el cielo,que a ti te dé tantas dichascomo yo tengo tormentos!

En esto decir quieroque muero, Fabio, pues que ya te pierdo,y que por ti, con gusto, Fabio, muero.

«Al prado, en que espinas rústicascrían mis humores Sálicos,que de ausencias melancólicases fruto que da mi ánimo,

salgo a llorar de un cruelísimoolvido de un amor trágico,que si fuera dichosísimo,catara en estilo jácaro.

Que como visión fantástica,ni aun de mis ojos los párpadosvieron, pues con voz armónicaganó en el alma habitáculo.

Con sólo acentos científicosgoza de mi amor el tálamo,si bien con olvido fúnebrele quita a mi vida el ámbito.

Acentos congojadísimosescuchan aquestos álamos;que pena, sin culpa acérrimale dan al alma estos tártagos.

No canto como oropéndola,ni cual jilguerillo orgánico;más lamento como tórtolacuando está sola en el páramo.

Como fue mi amor platónico,y en él no fue el fuego tácito,no quiso, con fino anhélito,ser trueno, sino relámpago.

Amo sólo por teórica,pagándome con preámbulos,y así ha olvidado, cruelísimo,un amor puro y magnánimo.

¡Ay, prados y secos céspedes,montes y fríos carámbanos!Oíd en bascas armónicasaquestos suspiros lánguidos.

Con mis lágrimas ternísimas,vuestros arroyos cristálicosserán ríos caudalísimoscon que crezca el mar hispánico.

Y si de mi muerte acérrimaviereis los temblores pálidos,y mi vida cansadísimadejare su vital tráfago,

decilde al pájaro armónicoque con mal sentidos cánticoslas aves descuidadísimascautiva al modo mecánico.

Como siendo ilustre héroe,y de valor tan diáfano,engaña siendo ilustrísimo,fingiendo fuegos seráficos.

Qué hay que esperar de los cómunessino desdichas y escándalos,que mire a Teseo inféliceatado en el monte Cáucaso.

Que si razones históricas,con estilo dulce y práctico,pone por cebo a las tórtolasque viven con libre ánimo,

¿qué milagro que, en oyéndole,se descuelguen de los pámpanos?¿Ni qué milagro que, ardiéndose,quede aturdida, cual tábano?

Que si la mira benévola,es estilo fiero y áspero,que volando ligerísimola deje en amargo tártago.

Que aunque a su bella oropéndolaamase, es estilo bárbaro,siendo este amor tan castísimodarle pago tan tiránico.

Que en tiempo dilatadísimono se ha visto en mi habitáculode su memoria mortíficani en su voluntad un átomo.

Que si amara lo intelético,no le pesara ser Tántalo,ni olvidara facilísimotiernos y dulces diálogos».

Esto cantaba una tórtolacon ronco y fúnebre cántico,sentada en un ciprés fúnebre,que estaba en un seco páramo.

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