La esclava de su amante
Ya de mi dolor rendida,con los sentidos en calma,estoy deteniendo el alma,que anda buscando salida;ya parece que la vida,como la candela que ardey en verse morir cobardevuelve otra vez a vivir,porque aunque desea morir,procura que sea más tarde.
Llorando noches y días,doy a mis ojos enojos,como si fueran mis ojoscausa de las ansias mías.¿Adónde estáis, alegrías?Decidme, ¿dónde os perdí?Responded, ¿qué causa os di?Mas ¿qué causa puede habermayor que no merecerel bien que se fue de mí?Sol fui de algún cielo ingrato,si acaso hay ingrato cielo;fuego fue, volvióse hielo;sol fui, luna me retrato,mi menguante fue su trato,mas si la deidad mayorestá en mí, que es el amor,y éste no puede menguar,difícil será alcanzarlo que intenta su rigor.
Celos tuve, mas, querida,de los celos me burlaba:antes en ellos hallabasainetes para la vida;ya, sola y aborrecida,Tanta en sus glorias soy;rabiando de sed estoy,¡ay, qué penas! ¡ay, qué agravios!,pues con el agua a los labios,mayor tormento me doy.
¿Qué mujer habrá tan loca,que viéndose aborrecer,no le canse el padecery esté como firme roca?Yo sola, porque no tocaa mí la ley de olvidar,venga pesar a pesar,a un rigor otro rigor,que ha de conocer amorque sé cómo se ha de amar.
Ingrato, que al hielo excedes;nieve, que a la nieve hielas,si mi muerte no recelas,desde hoy más temerla puedes,regatea las mercedes,aprieta más el cordel,mata esta vida con él,sigue tu ingrata porfía;que te pesará algún díade haber sido tan cruel.
Sigue, cruel, el encantode esa engañosa sirenaque por llevarte a su pena,te adormece con su canto;huye mi amoroso llanto,no te obligues de mi fe,porque así yo esperaréque has de ser como deseode aquella arpía Fineopara que vengada esté.
Préciate de tu tibieza,no te obliguen mis enojos,pon más capote a los ojos,cánsate de mi firmeza;ultraja más mi nobleza,ni sigas a la razón;que yo, que en mi corazónamor carácter ha sido,pelearé con tu olvido,muriendo por tu ocasión,
Bien sé que tu confianzaes de mi desdicha parte,y fuera mejor matartea pura desconfianza;todo cruel se me alcanza,que como te ves querido,tratas mi amor con olvido,porque una noble mujer,o no llegar a querer,o ser lo que siempre ha sido.
Ojos, llorad, pues no tieneya remedio vuestro mal;ya vuelve el dolor fatal,ya el alma a la boca viene;ya sólo morir conviene,porque triunfe el que me mata;ya la vida se desatadel lazo que al alma dio,y con ver que me mató,no olvido al que me maltrata.
Alma, buscad dónde estar,que mi palabra os empeño,que en vuestra posada hay dueñoque quiere en todo mandar.Ya, ¿qué tenéis que aguardar,si vuestro dueño os despide,y en vuestro lugar recibeotra alma que más estima?¿No veis que en ella se animay con más contento vive?
¡Oh cuántas glorias perdidasen esa casa dejáis!¿Cómo ninguna sacáis?Pues no por mal adquiridas,mal premiadas, bien servidas,que en eso ninguna os gana;pero si es tan inhumanala impiedad del que os arroja,pues veis que en veros se enoja,¡dos vos de buena gana.
Sin las potencias salís,¿cómo esos bienes dejáis?,que a cualquier parte que vaisno os querrán, si lo advertís.Mas oigo que me decísque sois como el que se abrasa,que viendo que el fuego pasaa ejecutarle en la vida,deja la hacienda perdida,que se abrase con la casa.
Pensando en mi desventura,casi a la muerte he llegado;ya mi hacienda se ha abrasado,que eran bienes sin ventura.¡Oh tú, que vives seguray contenta en casa ajena!de mi fuego queda llena,y algún día vivirá,y la tuya abrasará;toma escarmiento en mi pena.
Mira, y siente cuál estoy,tu caída piensa en mí,que ayer maravilla fui,y hoy sombra mía no soylo que va de ayer a hoypodrá ser de hoy a mañana.Estás contenta y lozana;pues de un mudable señorel fiarse es grande error:no estés tan alegre, Juana.
Gloria mis ojos llamó;mis palabras, gusto y cielos.Dióme celos, y tomélosal punto que me los dio.¡Ah, mal haya quien amócelosa, firme y rendida,que cautelosa y fingidaes bien ser una mujer,para no llegarse a ver,como estoy, aborrecida!
¡Oh amor, por lo que he servidoa tu suprema deidad,ten de mi vida piedad!Esto por premio te pido:no se alegre este atrevidoen verme por él morir;pero muriendo vivir,muerte será, que no vida;ejecuta amor la herida,pues yo no acierto a pedir.
Dar celos quita el honor;la presunción, pedir celos;no tenerlos no es amor,y discreción es tenerlos.
Quien por picar a su amantepierde a su honor el respetoy finge lo que no hace,o se determina a hacerlo,
ocasionando el castigo,se pone a cualquiera riesgo;que también supone culpala obra como el deseo.
Quien pide celos, no estimalas partes que le dio el Cielo,y ensalzando las ajenas,abate el merecimiento.
Está a peligro que elijasu mismo dueño por dueño,lo que por reñir su agraviosube a la esfera del fuego.
Quien tiene amor y no cela,todos dicen, y lo entiendo,que no estima lo que amay finge sus devaneos.
Celos y amor no son dos:uno es causa; el otro, efecto.Porque efecto y causa sondos, pero sólo un sujeto.
Nacen celos del amor,y el mismo amor son los celos,y si es, como dicen, dios,una en dos causas contemplo.
Quien vive tan descuidadoque no teme, será necio;pues quien más estado alcanza,más cerca está de perderlo.
Seguro salió Faetónrigiendo el carro febeo,confiado en su volarpor las regiones del cielo.
Ícaro, en alas de cera,por las esferas subiendo,y en su misma confianza,Ícaro y Faetón murieron.
Celos y desconfianza,que son una cosa es cierto;porque el celar es temer;el desconfiar, lo mesmo.
Luego quien celos tuvierees fuerza que sea discreto,porque cualquier confiadoestá cerca de ser necio.
Con aquesto he desatadola duda que se ha propuesto,y responderé a cualquieraque deseare saberlo.
De que en razón de celos,es tan malo darloscomo tenerlos.
Pedirlos, libertad;darlos, desprecio.Y de los dos extremos,malo es tenerlos; pero aqueste quiero,porque mal puede amor serlo sin ellos.
Los bellos ojos de Atandra,claros y hermosos luceros,cuyo resplandor da al sollas luces con que le vemos.
De quien aprendió el amora matar con rayos negros,quitando a las flechas de orovalor y merecimiento.
Vertiendo sartas de perlas,que Manzanares risueñocoge, para que sus ninfasadornen sus blancos cuellos,
Al tiempo que el Alba hermosadeja de Titón el lecho,la vi yo, y la vio el amor,por la ausencia de Fileno.
Aquel galán mayoral,hijo de aquel sol, que, siendosol de este presente siglo,se pasó a ser sol del cielo.
Dejando púrpura y oropor el paño tosco y negrodel patriarca Benito,cuyos pasos va siguiendo.
Tras aquellos resplandores,se fue su amante discreto,que, a los rayos de tal sol,serán los suyos eternos.
Mirando al aurora, dicela aurora de nuestro pueblo:«No goces, Alba, tu esposo,cuando sin mi esposo quedo.
Llore la tórtola, triste,la pérdida de su dueño,pues yo, sin mi dueño amado,ausente y sola padezco.
¿Adónde vas sin tu Atandra?¿Cómo te cansó tan presto?Eres hombre, no me espanto;mas no eres hombre, que miento.
Si eres deidad, necia soycuando de un ángel me quejo;no me castigues, Amor,pues ya ves que me arrepiento.
Vuelve, Fileno, a mis brazos,mira las penas que tengo;deja al sol, que tú eres solen su claro firmamento.
Si como luna recibo,de tu esplendor, rayos bellos,o vuelve a darme tu luz,o tu luz iré siguiendo.»
Dijo, y corriendo el aurorala cortina al claro Febo,porque entraron sus zagales,puso a sus quejas silencio.
Las ninfas de Manzanares,que escuchándola estuvieron,al son de acordadas lirasla cantaron estos versos:
«Enjugad, Atandra,vuestros soles negros,que señala tristeza, si llora el cielo.
Sol es vuestro amante,ya venir le vemos,pues vos sois su oriente,al oriente vuestro.
Si de esa bellezael divino extremole cautivó el alma,y aprisionó el cuerpo.
No juzguéis su amortan corto y pequeñoque no alargue el paso,acortando el tiempo.
No deis a esos solestantos desconsuelos,que señala tristeza,si llora el cielo.»
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