Diffugere nives
¡Ved!... ya la vida universal fermentaEn el regazo de la inmensa madre,Que rota la amplia túnica de hieloSu seno entrega sin cesar fecundoA los besos de lluvia engendradora,O a las caricias de amoroso viento.La eterna desposadaCede al blando alentar que hincha y entreabreLos poros mil de su robusta entraña,Y hombres, plantas y brutos,Y hasta el metal, y hasta la piedra, sientenSu vida duplicarseCon el olear de la existencia nueva;Y del halago de su madre ansiosos,Van a beber del néctar de sus pechosLa irrestañable vena.
Hermosa la mañana,Rica de luz y de oriental aroma,Imprime sobre mármoles y murosLas huellas de su beso luminoso,Y aun parece que alegra y regocijaDe mi estrecho tugurio los rincones,Donde alzan la cabeza,Como anhelando resurgir a vida,En mudos libros los ingenios muertos
¡Alegre día! ¡Primavera hermosa,Clima sereno y dulce,Como el clima de AtenasEn el tiempo feliz de los Misterios!¿Por qué entre tanta pródiga alegríaQue en la inerte vejez renueva el jugoDe la primera edad, que hasta en la tumbaHace saltar los conmovidos huesos,Sólo estoy mudo yo, y áspero, y triste?¿Por qué no vuelven las vitales aurasA refrescar mi aridecida frente?
Cuando los años mi cabeza opriman,Jamás podré apartar de la memoriaAquellas horas de misterio llenas,En que el alma se abríaDel primer sol al fecundante rayo,Y por nuevas regionesEn rápida visión peregrinaba;Mirando en otros ojosAdivinada su fugaz ventura,Más alto el pensamiento,La voluntad más firme y poderosa,Y aquel instinto vencedor que guíaA las grandes y estériles empresas.
Si sangrientas dejé mis vestidurasEn las ásperas zarzas del camino;Si labré por mis manos la cadenaCuyos férreos abrazosAún en las marcas de mi cuello duran;Si me arrojé a luchar contra las olasDe la inconstancia femenil, más bravasQue las del mar entumecido y bronco;Si quise detener en su carreraLos átomos del aire bullidores,El carro irreparable de las Horas,O el pensamiento suyo movedizoAún más que el viento y que la errátil nube,Fue loca y temeraria mi osadía;Mas generosa fue; y hoy que en la arena,Cual gladiador rendido,Lanzo el escudo por mil partes roto,Aún la recuerdo y la bendigo y creoQue vivirá como perenne aromaSu espíritu en el mío;Aunque me enseñe la mundana cienciaDónde la hierba de olvidar se cría.
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