A la libertad (Melgar)

Por fin libre y seguroPuedo cantar. Rompióse el duro freno,Descubriré mi senoY con lenguaje puroMostrará la verdad que en él se anida,Mi libertad civil bien entendida.

Oíd: cese ya el llanto;Levantad esos rostros abatidos,Esclavos oprimidos,Indios que con espantoDel cielo y de la tierra sin consuelo,Cautivos habéis sido en vuestro suelo.

Oíd: patriotas sabios,Cuyas luces doblaban el tormentoDe mirar al talentoLleno siempre de agravios;Cuando debiera ser director justoY apoyo y esplendor del trono augusto.

Oye, mundo ilustrado,Que viste con escándalo a este mundoEn tesoros fecundosA ti sacrificado,Y recogiendo el oro americano,Te burlaste del preso y del tirano.

Despotismo severo,Horribles siglos, noche tenebrosa;Huid. La India llorosa,El sabio despreciado, el orbe entero,Sepan que expiró el mal y que hemos dadoEl primero paso al bien tan suspirado.

Compatriotas queridos,Oíd también amigos europeos,Que en opuestos deseosNos visteis divididos,Oíd: acabe ya la antigua guerra,Amor más que tesoros da esta Tierra.

Días ha que a la IberiaDel empíreo bajó de luz rodeadaLa libertad amada,A extinguir la miseriaQue en nuestro patrio suelo desdichadoPor tres siglos había dominado.

Casi hasta el firmamentoLevantádose había el despotismo,Y los pies del coloso en el abismoTenían su cimiento,Pero, ¿de qué ha servido?De hacer con su caída mayor ruido.

Pisóle en la cabezaLa santa libertad: se ha desplomado,Se estremeció la Tierra y espantadoVolvió a ver su fierezaTodo hombre; pero ve que ya no es nadaSu estatua inmensa en polvo disipada.

Vieron más los mortales:El cetro que arrancado al Rey había,La libertad lo dio a la Nación mía:“Acabad vuestros males,Resistid al tirano”,Dijo la Diosa con acento humano.

Sonó en toda la EsferaVoz tan dulce: los Polos retumbaron;El eco derramaronSobre la Tierra entera,Y la América toda en el momentoSaltó llena de gozo y de contento.

¿Pero quién ejercitaEste poder? ¿En dónde se comienzaA formar la obra inmensaDel remedio, que incitaEsta voz celestial? Así decía:Y empezó mi País desde aquel día.

Ya todo se previenePara el día inmortal; mas del AvernoEn enemigo eternoDel hombre, el Error viene,Arrastrando consigo hacia la TierraLa discordia feroz, la cruda guerra.

Sobre este monte inmensoQue a la ciudad domina, se ha sentado;Sobre ella ha vomitadoUn humo negro y denso;A todos dejó ciegos la negrura;¡Cuanto horror presentó su noche oscura!

“Siempre seré oprimido...”Pensó el indio infeliz dentro del pecho;Bajo su pobre techoDe su triste familia circuido,Lloro sobre sus hijos su quebranto,Y la esposa dobló su amargo llanto.

“Triunfe allá la ignorancia”Dijo el sabio sentado en su retiro,“Si olvidado me miro,Si falta vigilanciaSobre la ilustración, ¿por qué me muevo?,Así fue siempre; no es defecto nuevo”.

“Huyamos”, grita “huyamos”,Tímido y aterrado el europeo;“Jurar mi ruina veo,O diestros elijamosA quienes con justicia y con prudenciaMuden a favor nuestro la sentencia”.

“¿Qué hacéis? ¡Qué! ¿No mirasteisQué pacíficos somos, generosos,Amantes obsequioso?Decid ¿donde observasteisEl furo que teméis? ¿O equivocadosDe nuestro amor huis precipitados?”

Así dijo el patricio,Y su voz escuchó la providencia.Su invisible presenciaDisipó el negro vicio,Y cuando el Pueblo unido reclamaba,Ella los electores señalaba.

¿Pero calmó con estoEl temor, la aflicción, las desconfianza?Cobró nueva esperanza,Nuevo aliento funestoEl Error; y su empeño redoblando,La discordia a los hombres fue turbando.

Volvió el indio a su pena;El sabio hollado a su misantropía;Y el de la Iberia creíaQue la grave cadenaDe las manos del noble americanoPasaría a ligar su fuerte mano.

Mas ¡qué! La Paz risueñaJuró que no; saliendo del Congreso,Voló por la ciudad y a su regresoEn publicar se empeñaQue nada se recele, que ha extirpadoLa cruel discordia de su Pueblo amado.

Volvió el Congreso luego;Pues se dejó sentir su breve ausencia:Con su afable presenciaApagó pronto el fuego.¿Cuándo han de pensar todos igualmente?¿Ni dónde un mal cesó tan prontamente?

En tanto que asistíanLa Paz y la Virtud al cuerpo sabio,A su triunfo o a su agravioSuspensas atendían,Pisando cada una en su montaña,Minerva, India y España.

Yo lo vi: en la del medioMinerva se paró; a su diestro ladoMayta estuvo rodeadoDe indios, que su remedioEsperaban, así como el hispanoEsperó Iberia en la siniestra mano.

Ya Febo se apartabaCansado de aguardar, hacia el poniente;Mas suena de repenteLa voz que se deseaba:“El indio, el sabio de la unión amante,Os han de gobernar en adelante”.

¡Eco plausible! ¡Viva!“Viva, sí; la elección que nos conserva”;Mayta, Iberia y MinervaCon voz dulce y activaClamaron; y los Incas sepultadosSaltaron de su tumba alborozados.

Los sabios se alentaron;Quedó el hispano en la ciudad seguroY los que “país oscuro”A mi suelo llamaron,Mirándole en prodigio tan fecundo:“Ahora sí es, dijeron, Nuevo Mundo”.

Por el volcán terribleSe sumergió el error avergonzadoDe la mortal discordia acompañado.¡Oh día el más plausible!¡Oh Arequipa! Teatro afortunadoDe una acción en que tanto se ha logrado!

¡Oh sabios magistrados!Jamás cantar sobre nuestros loores,Pero ¿qué más honoresQué himnos más bellos, más proporcionadosQue el general placer, con que mil vecesSe felicita el pueblo por sus jueces?

Compatriotas amadosQue en ultramar la luz primera visteis;¿Esto es lo que temisteis?¿Pensasteis ¡qué engañados!Que un pecho AmericanoSería vengativo, cruel, tirano?

No hay tal. Fue nuestro anheloEste sólo: que al justo magistradoYa por sí penetradoDe amor al Patrio suelo,Le urgiesen a ser fiel en cada puntoDeudos, padres, hijo, esposa, todo junto.

Así será y gozososDiremos: es mi Patria el globo entero;Hermano soy del indio y del ibero;Y los hombre famososQue no rigen, son padres generalesQue harán triunfar a todos sus males.

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