Al autor del mar

¡Que grande, que estupenda maravilla!Asombroso crear! El pensamientoSe abisma.... ¡Oh, elemento!¡Oh, grandeza en que brillaSin poderse borrar, en sumo gradoLa grandeza del Dios que la ha creado!

El mar inmenso viene todo entero,Ya parece tragarse el continente,Aviva su corriente,Y en eterno hervideroChoca, vuelve á chocar: ya sobre el mundoMayor que el primer golpe dá el segundo!

Porque una peña firme le resiste,Contra ella va, la mina, la combate;Si su furor rebate,Con furor nuevo insiste,De un salto dan sus aguas en la peña,Y un salto á otro más algo las empeña.

En su batir, de ruido el aire llena;Con un alma eternal vivir parece;Si se estrecha, si crece,Susurra siempre y truena;Y en las colinas que le ven temblandoDe una á ora el eco corre retumbando.

¿Cómo es que dura aún la debil tierraSi todo un mar insiste en destrozarla?¿Quien puede sustentarlaEn su incesante guerra?Ya deberia toda deshacerseY á este impulso en arenas resolverse.

Pero nó: las arenas deleznablesSe juegan con el mar y su bravura:La infinita llanuraEn iras implacablesSale y arrasa todo... dió en la arena,Ya no es más: besa humilde su cadena!

Así lo mandó el Ser que no queríaQue el grande mar su imperio le usurpase,Él mandó que no pase:Sinó, ya se vió un diaQue alzó su ley, y el Rímac profanadoSal bebió, hacia los Andes rechazado.

Sabias leyes mandó que obedecieraPara que al hombre sirva y no amedrente:Y humilde y obedienteDesde la vez primeraNo osa salir, ni sabe otro caminoQue el señalado por su autor divino.

Aunque la luna por sobre él pasandoQuiera llevarse su caudal, y eleveSus aguas, porque pruebeResistir aquel mando,No lo hará: ántes aumenta su muralla,Y á par de su furor crece la valla.

Por la exterior corriente las oleadasVendrán más y más fuertes hácia dentro;Pero ellas á su centroVolverán humilladas:Una á otra han de cortarse la corrienteY servirse de grillos mutuamente.

Cuando más aguas levantando vienen,Ya las otras cejando se retiran;Y como opuestas giranSe chocan, se retienen,Las de allá se alzan más, con fuerza tantaQue al desplomarse su furor espanta.

Revuelven las arenas con su espuma,Y encrespadas la playa van trepando;Poco á poco calmandoSu peso las abrumaRueden á engrillar á otra, y de esta suerteSolo es para un placer su enojo fuerte.

Blanca toda la orilla se presenta:Es un gusto á las olas acercarse,Seguirlas, retirarse;Y mirar cómo aumentaSu reflejo, la luz que viene dandoEl sol en las de atras reverberando.

A ponderar entónces nos convidaLos bienes que produce en todo el mundo;Cómo riega fecundoLa tierra, y nos dá vida;Y cómo sin él fuera el continente,Pavoroso desierto solamente.

De aquí hasta donde raya el horizonteSe vé criar la blanquecina nube:Se exala, crece y sube;Y al valle, al prado, al monteVá á dar frescura y riego, y sus corrientesSustentan y producen los vivientes.

Por hacer sus influjos inmortalesEn las altas montañas se recuestan;Y en sus senos aprestanLos inmensos raudalesQue socorren al Chili miserableY hacen al Marañon tan respetable.

El mar, aun al que habita algun planetaQuiere auxiliar á donde el sol no alcanza:Allá la luz se avanzaDe esta llanura inquieta;Y para el que en la luna luz no viera;La tierra es por su mar grande lumbrera.

¿Pero es dado á un mortal cantar los bienes,Oh, Mar, que en tí dejó la Providencia?De su dulce clemenciaTú mil tesoros tienes.Ah! por tí al Nuevo Mundo pasó un diaEl mayor bien que un Dios hacer podía.

Eterno Rey del mar: solo tu cienciaDará á tu don su precio verdadero.Yo en tanto añadir quieroEste himno á tu clemencia.Cuando al profundo mar me haya entregado,No niegues á tu hechura tu cuidado.

Comments

Loading comments…