La Salomé de San Martín

Ante una calle vil y escueta,al núcleo de una encrucijada,San Martín yergue su siluetatorpe, blanquizca y desconchada.

Como unas lenguas parlanchinas,rompen sus címbalos volteantesserenidades matutinascon carrillones atronantes.

Incienso y cristianas congojasllenan el templo de humo y voces.

Un eucalipto con las hojascurvadas como verdes hocessobre el blanco muro del huertose alza ante un barrio podre y tuerto:Burdeles y tabernas rojas.

En las losas los cayados repican.Los nudosos mendigos, lacras del cáncer patrio,plasmados, gimotean y suplicanbajo los perifollos y platerescos de un atrio.

Es un grupo de ciegos y tullidosque, tras la oración, lanzan la blasfemia estrambóticapor sus belfos violáceos y torcidoscon un girar inútil de su turbia esclerótica.

A coro mosconean su salmodiadeseando peculio y salud a las beatas.Tienen sus voces dejos de parodia.La animosidad surca sus vidas poco gratas.Es gente que maldice porque odia.

Frente al pórtico hay un puesto de floresvernales. De los fétidos mantones y tabardosse apagan los misérrimos hedorescon los blancos aromas de azucenas y nardos.

Quien más riñe, gruñe y charlataneaes Salomé, mendiga engañosa, ciega y chata,que se acurruca en su silla de aneay enciende los coloquios, discute y disparata.

Su lenguaje es atroz como su facha.Ama las libaciones con alcohol nauseabundo.Es Salomé pintoresca y borracha.Cuando ha bebido un poco, insulta a todo el mundo.

Pide con voz descontenta y sabática.Un plato de latón se engarza en sus falanges.Su fea faz rememora, hierática,a los ídolos romos de los bordes del Ganges.

Esa mujer blasfema y despotricasumida en el castigo de sus tristes tinieblas;en su ceguera el furor se fabricaentre las azuladas aguardentosas nieblas.

En el bisel de una arista del muroel astro-rey se estrella en un reló gnomónico.¡De tu retina el destino es mas duro,Salomé, ver no puedes el sol rubio y armónico!

La Miseria social se simbolizaen los denuestos acres que tu boca nos suelta.La Materia se caricaturizaen tus labios de esfinge y en tu nariz en delta.

De mirra y de incienso un bautismounge a los mortales que en cororezan con tierno misticismo.

Fingen constelaciones de oro,sollozando su céreo llorolos cirios del catolicismo.

El eucalipto entre sus hojascurvadas, como verdes hoces,muestra sangrientas manchas rojas.

Y se adormecen los ferocesdicterios de la mendicantaque, bulliciosa y maldiciente,nos emociona y nos espanta.Y espera la hora de su finentre nieblas de aguardientela Salomé de San Martín.

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