El ingrato (Silva)

Tú, que en la universal carnestolendaostentas, bajo el rostro sonreído,mal pensamiento y corazón podrido:ven, descansa a la sombra de mi tienda;

alégrate, sonríe, ten mi ofrendade frescas pomas; sacia en mi floridohuerto la sed del labio consumidopor el cansancio de la dura senda.

Bien sé que reposada tu fatigaen silencio te irás, y tu enemigamano mi copa colmará de hieles.

Mas, a despecho de iras envidiosas,siempre tendrán mi pensamiento, rosas;mis labios, rimas, y mis rimas, mieles.

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