El precepto

Deja la plaza pública al fariseo, dejala calle al necio y tú enciérrate, alma mía,y que sólo la lira interprete tu quejay conozca el secreto de tu melancolía.

En los brazos del Tiempo la juventud se aleja,pero su aroma nos embriaga todavíay la empañada luna del Recuerdo reflejalas arrugas del rostro que adoramos un día.

Y todo por vivir la vida tan de prisa,por el fugaz encanto de aquella loca risa,alegre como un son de campanas pascuales,

por el beso enigmático de la boca florida,por el árbol maligno cuyas pomas fatalesde emponzoñadas mieles envenenan la Vida.

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