Estancias: I

Aquella dulce tarde pasaste ante mi vistasoberbia, en el decoro de tu vestido rosa;inefable, irreal, melodiosa, imprevista,como si abandonara su plinto alguna diosa.

Y perfumando la hora de lilas, te perdisteal fondo de la calle, cual tras una áurea gasa...mis ojos te seguían, ¡con la mirada tristeque lanza un moribundo a la salud que pasa!

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