Estancias: XXVII
Al pasar la carroza dorada de la vida,implorando extendí la mano suplicante;ella me vio lo mismo que una reina ofendiday se perdió en la sombra de la noche fragante.
Y fue para volver: en su carroza de oro,sonriéronme sus ojos impuros de esmeralda,pero yo conocía qué vale su tesoro;¡la miré indiferente y le volví la espalda!
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