Estancias: XXXV
En vano, como niños que velan su tesoro,del amor nuestras almas, temerosas, guardamos...¡Ay! presto nos descubren sus grandes ojos de oroy, malhechor divino, roba lo que ocultamos...
Nutrimos su existencia con nuestra propia viday sus labios, que vierten sensuales embelesos,juntan en una mezcla la caricia y heridael sabor de la sangre al sabor de los huesos.
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