Velada

Tú —cuyo amor ha sido como un lecho de plumaspara mi corazón, en las difuntas horaso como un sol de invierno que ha dorado mis brumas—ángel anunciador de las nuevas auroras,

mientras la lluvia pone su vaho en las vidrieras,hablemos en voz baja de los muertos queridos,y se abrirán las rosas de las falsas primaverasa la débil penumbra de los sueños huídos...

Es nuestra alma lo mismo que una estancia desierta,de polvosas molduras, de raso desteñidoy de espejos que copian una imagen ya muerta;

por ella los recuerdos dejan sus sepulturasy en la alcoba sin nadie, ¡sus blancas vestidurasvierten un suave olor de ultratumba y olvido!

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