Señor, no me desprecies

Señor, no me desprecies y conmigolucha; que sienta al quebrantar tu manola mía, que me tratas como á hermano.Padre, pues beligerancia consigo

de tu parte; esa lucha es la testigodel origen divino de lo humano.Luchando así comprendo que el arcanode tu poder es de mi fé el abrigo.

Dime, Señor, tu nombre pues la bregatoda esta noche de la vida dura,y del albor la hora luego llega;

me has desarmado ya de mi armaduray el alma, así vencida, no sosiegahasta que salga de esta senda oscura.

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