Digno de ser comandante
Hombres que nunca veía,porque no tengo bastantesojos para tanto ver,cuerpo para tantas partes:hombres que lejos de mí,aunque hasta mí se acercasen,vivían como eclipsadosbajo el eclipse del traje,de repente se aproximana mis ojos, a mi carne,a mi corazón pobladode batallas y habitantes.Se aproximan, se desnudan,se desoscurecen y arden,y para siempre en mi frentegraban la luz de su imagen.
Ayer te desconocíaen medio de los eriales,de paso por las encinas,en el resplandor del airey en el resplandor rabiosode las bombas y los tanques.Ayer no hacía memoriade ti, teniente González.Hoy te conozco y publicotus ímpetus de oleaje,tu sencillez de eucalipto,tu corazón de combate,digno de ser capitán,digno de ser comandante.
Aquel día del enerosalió prometiendo sangreal cielo de la mañanay a la tierra de la tarde.El alba pasó ante un grupoforajido de alemanes,carnívoro de italianos,cagado de generales,y el sol apuntó queriendoinundarlos de vinagre.La luz se halló entre cañones,el rocío entre cadáveres,el azul y sus laurelesy el valor entre encinares,sobre las frentes erguidas,sobre los huesos tajantes,sobre la piel de una tropade campesinos leales.
Se oyó una voz torrencial,se alzó un brazo detonante:eran los de Valentín,que como tres huracanescampaba cuando decía:¡Qué no retroceda nadie!¡Que la muerte nos encuentreyendo siempre hacia adelanteo dentro de las trincherasfirmes lo mismo que árboles;a cada herida más fieros,más duros a cada ataque,más grandes a cada asaltoy a cada muerte más grandes!¡Y al que ofrezca las espaldasal enemigo, matadle!
La guerra se hermoseabaal pie de sus ademanes.Tronaron las bateríasnutridas de tempestades,y la voz del Campesinono cesaba de escucharseni de iluminarse el humode la pólvora salvaje.
El teniente de Leal,Gonzáles el admirable,no apartaba de la orejaaquella voz desbordante,y echó en su puesto raícesdel heroísmo y de romance.
Por tres veces con tres plomos,vino la muerte a buscarle:tres heridas le clavarontres fusiles criminales,y a pesar del enemigo,y a pesar de los pesares,su juventud parecíauna cumbre invulnerable,una bandera invencibley campeadora y gigante.
Cuando perdieron tus venasfuerzas con que sustentarsey la sangre te sonabapor los bolsillos, González,no pediste un hospitalcomo piden los cobardes,que pediste una camillasobre la que reclinartepara seguir disparando,mandando fuego y coraje.
¡Mirad qué ademán tan alto,mirad qué pecho tan fácilal viento varón y extensode las generosidades!
Mujeres que vais al fondode la vida a haceros madres:vuestros abrazos fecundos,vuestros vientres palpitantes,hombres de tanto tamañosólo merecen poblarles.Llevan el pueblo en los huesosy el mediodía en la sangre.
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