Elegía segunda

A Pablo de la Torriente, comisario político

"Me quedaré en España, compañero",me dijiste con gesto enamorado.Y al fin sin tu edificio trotante de guerreroen la hierba de España te has quedado.

Nadie llora a tu lado:desde el soldado al duro comandante,todos te ven, te cercan y te atiendencon ojos de granito amenazante,con cejas incendiadas que todo el cielo encienden.

Valentín el volcán, que si llora algún díaserá con unas lágrimas de hierro,se viste emocionado de alegríapara robustecer el río de tu entierro.

Como el yunque que pierde su martillo,Manuel Moral se callacolérico y sencillo.

Y hay muchos capitanes y muchos comisariosquitándote pedazos de metralla,poniéndote trofeos funerarios.

Ya no hablarás de vivos y de muertos,ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vidaque no te verá en las calles ni en los puertospasar como una ráfaga garrida.

Pablo de la Torriente,has quedado en Españay en mi alma caído:nunca se pondrá el sol sobre tu frente,heredará tu altura la montañay tu valor el toro del bramido.

De una forma vestida de preclarahas perdido las plumas y los besos,con el sol español puesto en la caray el de Cuba en los huesos.

Pasad ante el cubano generoso,hombres de su Brigada,con el fusil furioso,las botas iracundas y la mano crispada.

Miradlo sonriendo a los terronesy exigiendo venganza bajo sus dientes mudosa nuestros más floridos batallonesy a sus varones como rayos rudos.

Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan.No temáis que se extinga su sangre sin objeto,porque éste es de los muertos que crecen y se agrandanaunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.

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