Pasionaria
Moriré como el pájaro: cantando,penetrado de pluma y entereza,sobre la duradera claridad de las cosas.Cantando ha de cogerme el hoyo blando,tendida el alma, vuelta la cabezahacia las hermosuras más hermosas.
Una mujer que es una estepa solahabitada de aceros y criaturas,sube de espuma y atraviesa de olapor este municipio de hermosuras.
Dan ganas de besar los pies y la sonrisaa esta herida española,y aquel gesto que lleva de nación enlutada,y aquella tierra que de pronto pisacomo si contuviera la tierra en la pisada.
Fuego la enciende, fuego la alimenta:fuego que crece, quema y apasionadesde el almendro en flor de su osamenta.A sus pies, la ceniza más helada se encona.
Vasca de generosos yacimientos:encina, piedra, vida, hierba noble,naciste para dar dirección a los vientos,naciste para ser esposa de algún roble.
Sólo los montes pueden sostenertegrabada estás en tronco sensitivo,esculpida en el sol de los viñedos.El minero descubre por oírte y por vertelas sordas galerías del mineral cautivo,y a través de la tierra les lleva hasta tus dedos.
Tus dedos y tus uñas fulgen como carbones,amenazando fuego hasta a los astrosporque en mitad de la palabra ponesuna sangre que deja fósforo entre sus rastros.
Claman tus brazos que hacen hasta espumaal chocar contra el viento:se desbordan tu pecho y tus arteriasporque tanta maleza se consuma,porque tanto tormento,porque tantas miserias.
Los herreros te cantan al son de la herrería,Pasionaria el pastor escribe en la cayaday el pescador a besos te dibuja en las velas.
Oscuro el mediodía,la mujer redimida y agrandada,naufragadas y heridas las gacelasse reconocen al fulgor que envíatu voz incandescente, manantial de candelas.
Quemando con el fuego de la cal abrasada,hablando con la boca de los pozos mineros,mujer, España, madre en infinito,eres capaz de producir luceros,eres capaz de arder de un solo grito.Pierden maldad y sombra tigres y carceleros.
Por tu voz habla España la de las cordilleras,la de los brazos pobres y explotados,crecen los héroes llenos de palmerasy mueren saludándote pilotos y soldados.
Oyéndore batir como cubiertade meridianos, yunques y cigarras,el varón español sale a su puertaa sufrir recorriendo llanuras de guitarras.
Ardiendo quedarás enardecidasobre el arco nublado del olvido,sobre el tiempo que teme sobrepasar tu viday toca como un ciego, bajo un puentede ceño envejecido,un violín lastimado e impotente.
Tu cincelada fuerza lucirá eternamente,fogosamente plena de destellos.Y aquel que de la cárcel fue mordidoterminará su llanto en tus cabellos.
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