A Pompeya

Cuando amanezca el iracundo díaque en la mente de Dios leyó el Profeta,y, al agrio son de la final trompeta,abandone de Adán la raza impía,

ora el sosiego de l ahuesa fría,ora los lares de la vida inquieta,y pase el JUICIO extremo, y el del Planetaquede la extensa faz muda y vacía,

no será tan horrendo y pavorosoencontrar por doquier huellas del hombrey ni un hombre en campiñas ni ciudades,

como verte, sin vida ni reposo,desierta y mancillada por tu nombre,expiar ¡oh Pompeya! tus maldades.

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