Charada
¡Oh, tú, ingrata mujer, más hechiceraque todas las mujeres!árbitra, dueña de mi «todo» eres:tu amor lo embelleciera,y tu desdén de abrojos lo circundami vida es mi «primera»;mi muerte, mi «segunda».Si la dulce «primera» no has de darme,con la «segunda» acaba de matarme;pues prefiero la muerte,al cruel martirio de ignorar mi suerte.
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