La canción de un hombre

Me pides versos y quiero,sin pomerme ni quitarme,para tu bien demostrarmetal como soy, todo entero.Pues conjeturo y esperoque la faz de Dios al ver,comenzarás a romperel camarín encantadodonde le tiene guardadotu corazón de mujer.

I

Yo soy el negro pinar,cuyo colosal ramaje,cual un colosal cordajeno cesa de resonar.Soy el ponto, soy el marSolemne, augusto, perverso;la cuerda, la rima, el verso,la placa donde resuenala profunda, la serenarotación del Universo.

Yo soy la trágica florcon cuya sutil esenciacorta y alarga la Ciencialos dominios del dolor.Yo soy Profeta Mayor,augur, oráculo griego;y abrazo y alumbro y ciegocon mi triunfal llamarada,cual una zarza inflamada,cual una inscripción de fuego.

Yo voy con el alma ufanapor más dolor que me oprima:yo marcho por más que gimatoda mi miseria humana.Yo siempre tuve por vanala lengua de la opinión;yo no indago la razóndel can ladrando a mi sombra:yo me río y hago alfombrade cualquier admiración.

Yo voy en recta fatalhacia mi primer deseo;yo no palo, yo no veolos muros de lo real;jamás la fiebre carnalconturbó mi luz interna;ni por feroz, ni por tierna,la pasión me deja rastro...¡yo gravito como un astrodentro de la Paz Eterna!

Yo busco el Bien sin criteriocomo se desliza un río;y me retuerzo bravíocual un ínfimo bacterio,o reboto en el Misteriocual un sistema solar...¡Produciéndome al azarde la súplica primera,por más razonar que quierajamás podré razonar!

Yo consigo la Verdad,sin compás, sin ley, a pulso:yo procedo por impulsode la Gran Fatalidad.Yo a la vieja Humanidadla conflicto, la desgarro:con las llantas de mi carrode surcos hondos la lleno,cual si rodase sin frenopor una pampa de barro.

II

Y como el negro pinarcuando se pone a gemir,ni pretende seducir,ni pretende amedrentar,yo no intento gobernarlas riendas del corazón;pero yo no sé qué don,qué providencia, qué leyme habrán consagrado reydel Reino de la Emoción.

Comments

Loading comments…