Auto

La cena de Baltasar

Espera.

¿Qué he de esperar?

Advierte.

¿Qué he de advertir?

Óyeme.

No quiero oír.

Mira.

No quiero mirar.

¿Quién respondió de ese modonunca a quien le preguntó?

Yo, que sólo tengo yodesahogo para todo.

¿Quién eres?

Cuando eso ignoresvengo a ser yo el ofendido;¿no te lo dice el vestidoajironado a colores?¿Que, como el camaleón,no se conoce cuál esla principal causa? Puesoye mi definición.Yo, de solos atributosque mi ser inmortal pide,soy una luz que dividea los hombres de los brutos.Soy el primero crisolen que toca la fortuna,más mudable que la lunay más ligero que el sol.No tengo fijo lugardonde morir y nacer,y ando siempre sin saberdónde tengo de parar.La adversa suerte, o la altiva,siempre a su lado me ve;no hay hombre en quien yo no esténi mujer en quien no viva.

Soy en el rey el desvelode su reino, y de su estado;soy en el que es su privadola vigilancia y el celo;soy en el rico justicia;la culpa, en el delincuente;virtud, en el pretendiente,y en el próvido, malicia;en la dama, la hermosura;en el galán, el favor;en el soldado, el valor;en el tahúr, la ventura;en el avaro, riqueza;en el mísero, agonía;en el alegre, alegría;y en el triste, soy tristeza;y, en fin, inquieto y violento,por dondequiera que voysoy todo y nada, pues soyel humano Pensamiento.Mira, si bien me describevariedad tan singular,pues quien vive sin pensarno puede decir que vive.Esto es, si en común me fundo,mas hoy en particularsoy el del rey Baltasar,que no cabe en todo el mundo.

Andar de loco vestidono es porque a solas lo soy,sino que en público estoya la prudencia rendido.Pues ningún loco se hallaraque más incurable fuerasi ejecutara y dijeraun hombre cuanto pensara;y así lo parecen pocos,siéndolo cuantos encuentro,porque vistos hacia dentro,todos somos locos:los unos y los otros.Y, en fin, siendo loco yo,no me he querido parara hablarte a ti, por mirarque no es compatible, no,que estemos juntos los dos,que será una lid cruel,porque si tú eres Daniel,que es decir juicio de Dios,mal ajustarse procurahoy nuestra conversación,si somos en conclusiónjuicio tú y yo locura.

Bien podemos hoy un pocohablar los dos con acuerdo,tú subiéndote a ser cuerdo,sin bajarme yo a ser loco,que aunque es tanta la distanciade acciones locas y cuerdas,tomando el punto a dos cuerdas,hacen una consonancia.

Responderte a todo intento,y es consecuencia perfeta,que lo que alcanza un profetase lo diga el Pensamiento.

Dime, ¿de qué es el placer,que ahora vuelas celebrando?

De la boda estoy pensandoque hoy Babilonia ha de verel aplauso superior.

¿Pues quién, di, se ha de casar?

Nuestro gran rey Baltasar,de Nabucodonosorhijo en todo descendiente.

¿Quién es la novia feliz?

La gallarda emperatrizde los reinos del Oriente,cuna adonde nace el día.

¿Ella es idólatra?

Puesy tan idólatra es,que es la misma idolatría.

¿Él no estaba ya casadocon la humana vanidadde su imperio y majestad?

Su ley licencia le ha dadode dos mujeres, y aun mil,y aunque vanidad tenía,vanidad e idolatríale hacen soberbio y gentil;juicio de Dios, o Daniel,que todo es uno, que asílo dice el texto.

¡Ay de mí!

¿Habíais de casar con él,que tanto lo sentís vos?(Aparte.)Mal en decírselo hice.

¡Ay de ti, reino infelice!¡Ay de ti, pueblo de Dios!

Si va a decir la verdad,vos estáis ahora pensandoque él celebra bodas cuandolloráis en cautividadvosotros, y es el dolorde que esta boda no seacon la Sinagoga hebrea,por quedar libres y por...pero la música suena.(Tocan chirimías.)Presto a otra cosa pasémientras Babilonia vequé recibimiento ordenaa su reina que los dosnos retiremos, nos dicen.

¡Ay de ti, reino infelice!¡Ay de ti, pueblo de Dios!

Corónese tu frentede los hermosos rayos del Oriente,si ya la poma suyano es poca luz para diadema tuya;gentil Idolatría,reina en mi imperio, y en el alma mía,en hora feliz vengasa la gran Babilonia, donde tengasen mi augusta grandezadosel debido a tu imperial belleza,rindiéndose a tus plantascuantas estatuas, cuantasimágenes y bultosdan holocaustos, sacrifican cultosa tu aliento bizarroen oro, en plata, en bronce, en piedra, en barro.

Baltasar generoso,gran rey de Babilonia poderoso,cuyo sagrado nombrepor que al olvido, por que al tiempo asombre,el hebreo sentidole traduce tesoro que escondidoestará; la feliz Idolatría,emperatriz de la mansión del díay reina del oriente,donde joven el sol resplandecientemás admirado estuvo,de quien la admiración principio tuvo,hoy a tu imperio vienepor el derecho a que a tus aras tiene,pues desde que en abismos sepultadodel gran diluvio el mundo salió a nado,fue este imperio el primeroque introdujo, político y severo,dando y quitando leyesla humana idolatría de los reyes,y la divina luegode los dioses en lámparas de fuego.Nembroth hable adorado,y Moloc en hogueras colocado,pues los dos merecieron este extremo:Nembroth por ley, Moloc por Dios supremo,de donde se siguierontantos ídolos cuantos hoy se unierona estas bodas propicios,pues las ven en confusos sacrificiostreinta mil dioses bárbaros que adoroen barro, en piedra, en bronce, en plata, en oro.

Aquesta sí que es vida;haya treinta mil dioses a quien pidaun hombre, en fin, lo que se le ofreciere,por que éste otorgue lo que aquél no diere;y no tú, que importunotienes harto con uno,que de oírlo me espanto:¿cómo un Dios sólo puede estar en tantocomo tiene que hacer?

Como lo sea,en más su mano universal se emplea.

Habla a la hermosa Vanidad, que ha sidomi esposa, y pues las dos habéis nacidode un concepto, a las dos unir procurami ambición: ¡Qué belleza! ¡Qué hermosura!(Mirando a las dos, y él en medio.)Dame, soberbia Vanidad, los brazos.

Eternos han de ser tan dulces lazos.

Envidia la beldad tuya me dierasi lo divino que envidiar tuviera.

Celos tu luz me diera, por los cielos,pero la vanidad no tiene celos.

(Aparte.)Un día me amanece en otro día,y entre la Vanidad e Idolatría,la más hermosa, el alma, temerosa,duda; porque cualquiera es más hermosacuando con el aplauso lisonjerorey me apellido, y Dios me considero.

¿De qué te has suspendido?

¿De qué te has divertido?

Tu gran beldad, ¡oh Idolatría!, me admira;tu voz, ¡oh Vanidad!, dulce me inspira,y así, por que divierta mi tristezamovido de tu aliento, y tu belleza,hoy a las dos pretendodesvanecer, y enamorar, haciendola Idolatría alarde de mis glorias,cuando la Vanidad de mis victorias.De aquel soberbio Nabucoa cuyo valor, y a cuyamajestad obedecieronhado, poder y fortunade aquel rayo de Caldea,que desde la esfera suyaflechado, Jerusalénllora su abrasada injuria.

De aquel que a cautividadredujo la sangre justade Israel, transmigraciónque hoy en Babilonia dura.De aquel que robó del Templovasos y riquezas sumas,despojo sagrado yade mi majestad augusta.De aquel, en fin, que a los campospació la esmeralda bruta,medio hombre, medio fiera,monstruo de vello y de plumahijo soy, deidades bellas,y por que le sustituyacomo en el reino en la fama,como en la fama en la furia,los altos dioses que adoro,de tal condición me ilustran,que no dudo que en mi pechoo se repita o se infundasu espíritu, y que heredadael alma, también se fundaen mi cuerpo, si es que dospudieron vivir con una.

No el ser, pues, rey soberanode cuanto el Tigris circunda,de cuanto el Éufrates bañay de cuanto el sol alumbrapor tantas provincias, quea sólo verlas madruga,por que no se cumpla el díasin que la tarde se cumplala sed de tanta ambición,o satisface, o apura,y sólo me desvanece,o sea valor, o locura,tener sobre aquestos montesjurisdicción absoluta,porque éstos son de Senaraquella campaña duraque entre la tierra y el cielovio tan estupenda lucha,cuando los hombres osados,con valor y sin cordura,armaron contra los diosesfábricas, que al sol encumbran.Y para que sepas tú,Vanidad, de cuánto triunfas;y cuánto tú, Idolatría,vienes a mandar, escucha:

Estaba el mundo gozandoen tranquila edad segurala pompa de su armonía,la paz de su compostura,considerando entre síque de una masa confusaque ha llamado la poesíacaos, y nada la escritura,salió a ver la faz serenade esa azul campaña puradel cielo, desenvolviendocon lid rigurosa y durade las luces y las sombras,la unidad con que se aúnande la tierra, y de las aguas,el nudo con que se anudan,dividiendo y apartandolas cosas, que cada unason un mucho de por sí,y eran nada todas juntasconsideraba, que hallóla tierra que antes incultae informe estuvo, cubiertade flores, que la dibujan,el vago viento pobladode las aves que le cruzan;el agua hermosa, habitadade los peces que la surcan;

y el fuego, con esas dosantorchas, el sol y luna,lámparas del día y la noche,ya solar y ya nocturna,que se halló, en fin, con el hombre,que es de las bellas criaturasque Dios, por mayor milagro,hizo a semejanza suya;con esta hermosura vana,no hay ley a que le reduzca;tan antiguo es en el mundoel ser vana la hermosura;vano y hermoso, en efecto,eterna mansión se juzga,sin parecerle que hayapor castigo de sus culpasguardado un universaldiluvio, que le destruya;y con esta confianzaen solos vicios se ocupanlos hombres, mal poseídosde la soberbia y la gula,de la avaricia y la ira,de la pereza y lujuria.Enojados, pues, los dioses,a quien nada hay que se encubra,trataron de deshacerel mundo, como a su hechura,no a diluvios, pues de rayosse vio la cólera suyafiada a incendios si de agua,porque la majestad sumatal vez con nieve culminay tal vez con fuego inunda.

Cubrióse el cielo de nubesdensas, opacas y turbias,que como estaba enojado,por no revocar la justasentencia, no quiso verde su venganza sañudasu mismo rigor; y así,entre tinieblas se oculta,entre nubes se enmaraña,porque a un Dios, con ser Dios, buscapara mostrar su rigor,ocasión, si no disculpa;el principio fue un rocíode los que a la aurora enjugacon cendales de oro el sol;luego, una apacible lluviade las que a la tierra danel riego con que se pula;luego fueron lanzas de agua,que nubes y montes junta,teniendo el cuenco en los montescuando en las nubes las puntas;

luego fueron desatadosarroyos, creció la furia;luego fueron ríos; luegomares de mares: ¡oh sumasabiduría! Tú sabeslos castigos que procuras;bebiendo sin sed el orbe,hecho balsas y lagunas,padeció tormenta de aguapor bocas, y por roturaslos bostezos de la tierra,que por entreabiertas grutassuspiran; cerrado yaen prisión ciega y oscura,tuvieron al aire; y élque por dónde salir busca,brama encerrado; y al fierolatido que dentro pulsa,las montañas se estremeceny los peñascos caducan.Aquese freno de arenaque para a raya la furiade ese marino caballo,siempre argentado de espuma,le soltó todas las riendas,y él desbocado procura,corriendo alentado siempre,no parar, cobarde, nunca.

Las fieras, desalojadasde sus estancias incultas,ya en las regiones del aire,no es mucho que se presumanaves; las aves nadando,no es mucho que se introduzcana ser peces, y los pecesviviendo las espeluncas,no es mucho que piensen serfieras, por que se confundanlas especies; de maneraque en la deshecha fortuna,entre dos aguas, que asíse dice que está el que duda,el pez, el bruto y el ave,discurran sin que discurrandónde tiene su mansiónla piel, la escama y la pluma.Y al último paroxismoel mundo se desahucia,y en fragmentos desatadosse parte y se descoyunta,y como aquel que se ahogaa brazo partido luchacon las ondas, y ellas hacenque aquí salga, allí se hunda;así el mundo, agonizandoentre sus ansias, se ayuda.

Aquí un edificio postra,allí descubre una punta,hasta que rendido ya,entre lástimas y angustias,de cuarenta codos de aguano hay parte que no se cubra,siendo a su inmenso cadávertodo el mar pequeña tumba.Cuarenta auroras a malechó el sol, porque se enlutanlas nubes, y luz, a exequiasde esta máquina difunta.Sólo aquella primer navea todo embate segura,elevada sobre el agua,a todas partes fluctúa,tan vecina a las estrellasy a los luceros tan junta,que fue alguno su faroly su linterna fue alguna;en ésta, pues, las reliquiasdel mundo salvó la industriade Noé, depositandotodas sus especies juntas;hasta que el mar, reducidoa la obediencia que jura,se vio otra vez y otra vezla tierra pálida, y mustia,desmelenada la greña,llena de grietas y arrugas,la faz de la luz apenastocada, pero no enjuta;

asomó entre ovas y lamasla disforme catadura,y en retórico silencioagradecida saludadel arco de paz la seña,pajiza, leonada y rubia,segundo Adán de los hombres;con generación fecunda,el mundo volvió a poblarde animales y criaturas.Nembroth, hijo de Canaán,que las maldiciones suyasheredó, estirpe en efectoaborrecida e injusta;las provincias de Caldea,con sus familias ocupa,y sus hijos, cada unode tan disforme estatura,que era un monte organizadode miembros y de médulas.Éstos, pues, viendo que un arcaal mundo salvó, procurancon fábrica más heroica,con máquina más segura,hacer contra los enojosdel cielo una fuerza cuyamajestad en los diluvioslos guarde y los restituya.

Ya para la extensa torremontes sobre montes juntan;y la cerviz de la tierra,de tan pesada coyundaoprimida la hacen, quetanta pesadumbre sufra;bien que con el peso gima;bien que con la carga cruja.Creció la máquina y crecela admiración que la ayudaa ser dos veces mayor,pues no hay gentes que no acudana su edificio, hasta verque la inmensa torre subaa ser tambico pilar,a ser dórica columna,embarazo de los vientosy lisonja de la luna,ya con la empinada frentela esfera abolla cerúlea,y con el cuerpo en el airetanto estorba como abulta;pero en medio de esta pompa,de este aplauso, esta ventura,le cortó el cielo los pasos,porque el mirar le disgustaescalar de sus esferasla sagrada arquitectura;y por que no por asaltoganarle el hombre presuma,quiere que en los que la labrantal variedad se introduzcade lenguas, que nadie entiendaaun lo mismo que articula.

Suenan en todos a un tiempodestempladas y confusasvoces, que el sentido humanohasta entonces no oyó nunca;ni éste sabe lo que dice,ni aquél sabe lo que escucha;por que de esta suerte el ordeno se pierda, o se confunda.Setenta y dos lenguas fueronlas que los hombres pronuncianen un instante que tantasquiere el cielo que se infundanen setenta y dos idiomas;repetidos se divulgael eco, y desesperadoslos hombres ya, sin que arguyanla causa, huyen de sí mismos,si hay alguien que de sí huya.Cesa el asalto, por queno quede memoria algunade tan glorioso edificio,de fábrica tan augusta.

Preñada nube a este tiempo,para que más le confunda,hace herida, que su vientrehumo exhale y fuego escupa,siendo de su atrevimientoella misma sepultura,haciendo de sus ruïnaspira, monumento y urna;yo, pues, viendo que mi pechola fama a Nembroth le hurtacreo que quedar entoncestantas cenizas caducafue por que yo la acabase,pues en mí a un tiempo se juntanVanidad e Idolatríacon que a tantos rayos luzca.Pues si tú me das alientocon que hasta el imperio suba;si tú me aplacas los dioses;si tú, Vanidad, me ayudas;si tú, Idolatría, me amparas,¿quién duda decir, quién dudaque atrevido, y no postrado,tan grande promesa cumpla?Y así quiero que las dosreinen en mi pecho juntas,idolatra a tu bellezay vano con tu hermosura,sacrificando a tus dioses,mereciendo tus fortunas,adorando tus altares,logrando tus aventurasen láminas de oro y plata,que caracteres esculpan,vivirá mi nombre eternoa las edades futuras.

A tus pies verás que estoy,siempre firme y siempre amante.

Siempre, Baltasar, constanteluz de tus discursos soy.

Y si a los dioses te igualas,yo por Dios te he de adorar.

Yo, por que puedas volar,daré a tu ambición mis alas.

Sobre la deidad más sumacoronaré tu arrebol.

Yo, para subir al sol,te haré una escala de pluma.

Estatuas te labraré,que repitan tu persona.

Yo al laurel de tu coronamás hojas añadiré.

Dadme las manos las dos;¿quién de tan dulces abrazospodrá las redes y lazosromper?

La mano de Dios.

¿Quién tan atrevido asía mis voces respondió?

Yo no he sido.

¿Pues quién?

Yo.

Pues hebreo, ¿cómo asíos atrevéis vos, que fuisteisen Jerusalén cautivo?¿Vos, que humilde y fugitivoen Babilonia vivisteis?Vos, mísero y pobre, ¿vosasí me turbáis, así?¿Quién ya libraros de mípodrá?

La mano de Dios.

Tanto puede una voz, tanto,que de oírla me retiro,de mi paciencia me admiro,de mi cólera me espanto;enigmas somos los dos;cuando tu muerte pretendemi furor, ¿quién te defiende,Daniel?

La mano de Dios.

Lo que en la mano porfía.

Déjale, que su humildaddesluce mi vanidad.

Y su fe mi idolatría.

Vida tienes por las dos,y que viva me conviene,por que vea que no tienefuerza la mano de Dios.

De buena os habéis librado;y yo estimo la lección,pues en cualquier ocasiónen que me vea apretado,sé cómo me he de librar,pues sin qué ni para quéla mano de Dios diré,y a todos haré temblar;y pues de mano los dossolamente nos ganamos,mano a mano nos partamos:id a la mano de Dios.

¿Quién sufrirá tus inmensasinjurias, autor del día?Vanidad e Idolatríasolicitan tus ofensas.¿Quién podrá? ¿Quién de mi feen esta justa esperanzatomar por vos la venganza?

Yo podré.

Fuerte aprensión, ¿qué me quieres,que entre fantasmas y sombrasme atemorizas y asombras?Nunca te he visto; ¿quién eres?

Yo, divino profeta Daniel,de todo lo nacido soy el fin;del pecado y la envidia hijo cruel,abortado por áspid de un jardín,la puerta para el mundo me dio Abel;mas quien me abrió la puerta fue Caín,donde mi horror introducido ya,ministro es de las iras de Jehová.Del pecado y de la envidia, pues, nací,por que dos furias en mi pecho estén;por la envidia caduca muerte dia cuantos de la vida la luz ven;por el pecado muerte eterna fuidel alma, pues que muere ella también.Si de la vida es muerte el expirar,la muerte así del alma es el pecar.Si juicio, pues, de Dios tu nombre fue,y del juicio de Dios rayo fatalsoy yo, que a mi furor postrar se ve,vegetable, sensible y racional,¿por qué te asombras tú de mí, por quéla porción se estremece en ti mortal?

Cóbrate, pues, y hagamos hoy los dosde Dios tú el juicio, y yo el poder de Dios,aunque no es mucho que te asombre, no,aun cuando fueras Dios, de verme a mí,pues cuando él de la flor de Jericóclavel naciera en campos de alhelí,al mismo Dios le estremeciera yola parte humana, y al rendirse a mí,turbaran las estrellas su arrebol,la faz la luna y su semblante el sol;titubeara esa fábrica infelizy temblara esa forma inferior,la tierra desmayada su cerviz,luchando piedra a piedra y flor a flor;a media tarde, joven infeliz,expirara del día el resplandor,y la noche su lóbrego capuzvistiera por la muerte de la luz.Mas hoy sólo me toca obedecer;a ti sabiduría, prevenir;manda, pues, que no tiene que temermatar el que no tiene que morir:mío es el brazo, tuyo es el poder;mío el obrar, si tuyo es el decir,harta de vidas sed tan singular,que no apagó la cólera del mal.El más soberbio alcázar, que ambición,si no lisonja, de los vientos es.

El muro más feliz, que oposición,si no defensa, de las bombas es,fáciles triunfos de mis manos son,despojos son humildes de mis pies;si el alcázar y muro he dicho ya,¿qué será la cabaña? ¿Qué será?La hermosura, el ingenio y el podera mi voz no se pueden resistir;de cuantos empezaron a nacer,obligación me hicieron de morir:todas están aquí; ¿cuál ha de serla que hoy, juicio de Dios, mandas cumplir?,que el concepto empezando más velozno acabará de articular la voz.Entre aquella vital respiraciónque desde el corazón al labio hay,parará movimiento con la acción,el artificio que un suspiro tray:cadáver de sí mismo el corazónverás, rotos los ejes, como caysepulcro ya la silla en que era rey,justo decreto de precisa ley.Yo abrasaré los campos de Nembroth;yo alteraré las gentes de Babel;yo infundiré los sueños de Behemoth;yo verteré las plagas de Israel;yo teñiré las viñas de Nabot;yo humillaré la frente a Jezabel;yo mancharé las mesas de Absalóncon la caliente púrpura de Amón;yo postraré la majestad de Acab,arrastrado en su carro de rubí;yo, con las torpes hijas de Moab,profanaré las tiendas de Zambrí;yo tiraré los chuzos de Joab,y si mayor aplauso fías de mí,yo inundaré los campos de Senarcon la sangre infeliz de Baltasar.

Severo y justo ministrode las cóleras de Dios,cuya vara de justiciaes una guadaña atroz.Ya que el tribunal divinorepresentamos los dos,no quiero, no, que el decreto,del libro que es en rigorde acuerdo, aunque ya en los hombreses libro de olvido hoy,ejecutes sin que antesle hagas con piadosa vozlos justos requerimientosque pide la ejecución.Baltasar quiere decirtesoro escondido, y yosé que en los hombres las almastesoro escondido son.Ganarle quiero, y así,sólo licencia te doypara que a Baltasar hagasuna notificación.Recuérdale que es mortal;que la cólera mayorantes empuña la espadaque la desnuda; así yo,que la empuñes te permito,mas que la desnudes, no.(Vase.)

¡Ay de mí, qué grave yugosobre mi cerviz cayó!Sobre mis manos, ¡qué hielo!Sobre mis pies, ¡qué prisión!De tus preceptos atado,¡oh inmenso juicio de Dios!,la muerte está sin aliento,la cólera sin razón.Para acordarle no másque es mortal de mi rigor,sola una vislumbre basta;de mi mal, sola una voz:¿Pensamiento?

¿Quién me llama?

Yo soy quien te llamo.

Y yosoy quien quisiera en mi vidano ser llamado por vos.

¿Pues qué es lo que tienes?

Miedo.

¿Qué es miedo?

Miedo es temor.

¿Qué es temor?

Temor, espanto.

¿Qué es espanto?

Espanto, horror.

Nada de eso sé lo que es,que jamás lo tuve yo.

¿Pues lo que no tenéis dais?

Por no tenerle le doy.¿Adónde está Baltasar?

En un jardín, con las dosdeidades que adora.

Ponmecon él; llévame veloza su presencia.

Sí haré,porque no tengo valorpara negarlo.

Que bienjusto precepto de Diosa hacerle a mi memoria;en su pensamiento voy.

Señor, ¡qué grave tristeza!

¡Qué grave pena, señor!

¿Tu discurso desvanece?

¿Turba tu imaginación?

No sé qué pena es la mía.

Llega, que aquí está.

Que estoypensando en las amenazasde aquella mano de Dios,cuál ha de ser el castigoque me ha prometido.

Yo.

¿Qué es esto que miro, cielos?¿Sombra, fantasma o visión?¿Qué voz y cuerpo me fingessin que tengas cuerpo y voz?¿Cómo has entrado hasta aquí?

Como si es la luz el sol,yo soy la sombra si élla vida del mundo, yodel mundo la muerte, asíentro yo como él entró,por que de luces a sombrasesté igual la posesión.

¿Quién es éste que el mirarlele retira de los dos?

¿Cómo a cada paso tuyovuelve atrás mi presunción?

Porque das tú atrás los pasosque yo hacia delante doy.

La culpa tuve en traerle,que soy un traidor traedor.

¿Qué me quieres y quién eres?O luz o sombra.

Yo soyun acreedor tuyo, y quieropedirte como acreedor.

¿Qué te debo, qué te debo?

Aquí está la obligación,en un libro de memorias.

Éste es engaño, es traición,porque esta memoria es mía;a mí, a mí se me perdió.

Es verdad, mas las memoriasque tú pierdes hallo yo;lee.

Yo, el gran Baltasar,de Nabucodonosorhijo, confieso que el díaque el vientre me concibióde mi madre, fue en pecado,y recibí (helado estoy)una vida, que a la Muertehe de pagar (¡qué rigor!)cada, y cuando que la pida,cuya escritura pasóante Moisés, los testigossiendo Adán, David y Job.Yo lo confieso, es verdad;mas no me ejecutes, no;dadme más plazo a la vida.

Liberal contigo soy,porque aún no está declaradahoy la justicia de Dios,y para que se te acuerdeser, Baltasar, mi deudor,de la gran Sabiduríaeste Memorial te doy.

Así habla en un proverbiodel espíritu la voz:Polvo fuiste y polvo eresy polvo has de ser. Yo, ¿yopolvo fui siendo inmortal?Siendo eterno, ¿polvo soy?¿Polvo he de ser siendo inmenso?¿Es engaño, es ilusión?

Yo, como loco, en efecto,vueltas y más vueltas doy.

¿No es deidad la Idolatría?

Acá me vengo con vos.

(Anda alrededor de las dos.)¿La Vanidad no es deidad?

Ahora con vos estoy.

¡Cuál anda mi Pensamientovacilando entre las dos!

¿Qué contendrá aquel papelque tanto le divirtióde nosotras?

Desta suertelo veremos.

Noble acción,la memoria de la Muertela Vanidad le quitó.

¿Qué es lo que pasa por mí?

Hojas inútiles son,el viento juegue con ellas.

¿Aquí estábades las dos?

¿Qué ha sido esto?

No lo sé;una sombra, una ilusiónque ocupó mi fantasía,que mi discurso ocupó;pero ya se fue la sombradesvaneciendo su horror,¿qué mucho que temerosala noche huyese, si vioque en vuestros ojos divinosmadrugaba el claro sol?Y no a los míos pareceque solamente salióesa luz que me ilumina,que me alumbra ese esplendor,sino a todo el jardín, puesoscuro el rubio arreboldel sol, estaba hasta veros,y viéndoos amaneciósegunda vez, porque comodos soles y auroras sois,él no se atrevió a salirsin licencia de las dos.

Si soles somos, y auroraspor su antigua adoración,el Sol es la Idolatría;yo la aurora, que inferiorsoy a los rayos, y asía ella debe el resplandorel valle que goza, puescuando entre sombras durmióno la despertó la aurora,que otro sol la despertó.

Concedo que aurora seas,y concédote que soyyo el sol, por rendirme a ti,porque al hermoso candorde la aurora, el sol le debetodo el primer arrebol,y así, siendo la primerala luz, que le iluminó,la luz de la aurora ha sidomás bella que la del sol,pues salió primero al valley antes que él amaneció.

La hermosura y el ingeniose compiten en las dos,y pues convida el jardíncon la dulce emulaciónde las flores y las fuentes,sobre el lecho que tejiópara sí la Primaveraos sentad; lisonjas sonlos pájaros, y las ramas,haciendo blando rumoral aire que traveseaentre las hojas veloz,donde aromas de cristaly pastillas de ámbar sonlas fuentecillas risueñasy el prado lleno de olor.

Yo con el bello penachode las plumas, que tejióla Vanidad, escogidasde la rueda del pavón,te daré aire.

¿Pues conmigono fuera mucho mejor,que soy sutil abanicodel Pensamiento? Aunque no,que más parezco en la caraabanico del Japón.

Yo con músicos cantandopararé al aire mi voz.

La música de la aurorano me sonará mejorcuando, sacudiendo el díaentre uno y otro arrebol,le daban la bienvenidaperla a perla, y flor a flor.

(Cantando.)Ya Baltasar es deidad,pues le rinde en este díaestatuas la Idolatríay templos la Vanidad.

Aquí apacible voz suena;donde con trágico estilollora un mortal cocodrilo,canta una dulce sirena;tampoco pudo la penade mi memoria, que ha sidode la Vanidad olvido,pues ya mi sombra le asombra,a ver si puede mi sombralo que mi voz no ha podido.Con el opio y el beleñoentorpezca tu fortuna;infúndale, pues, a una,mi imagen, pálido sueño;sea de tu vida dueño,en que se acuerde de míun letargo, un frenesí,una imagen, un veneno,un horror de horrores lleno.

¿Parece que duerme?

Sí.

Pues entre sueños espero,por que al despertar se halleufano, representalleun aplauso lisonjero.

Yo significarle quierodónde el vuelo ha de llegarde mi deidad singular.

Mi afán aquí descansó,pues sólo descanso yocuando duerme Baltasar.(Échase a dormir.)

Descanso del sueño haceel hombre, ¡ay Dios!, sin que adviertaque cuando duerme y despierta,cada día muere y nace,que vivo cadáver yacecada día, pues rendidala vida a un breve homicidaque es su descanso, no advierteuna lección que la Muertele va estudiando a la vida.Veneno es dulce, que llenode lisonjas, desvanece,aprisiona y entorpece,y ¡ay quien beba este veneno!Olvido es de luz ajenoque aprisionado ha tenidoen sí, uno y otro sentido,pues ni oyen, tocan ni ven,informes todos, y ¡ay quienno se acuerde de este olvido!Frenesí es, pues asívarias especies atray,que goza inciertas, y ¡ayquien ame este frenesí!

Letargo es, a quien le dide mi imperio todo el cargo,y con repetido embargodel obrar y el discurrir,enseña al hombre a morir;¿y hay quien busque este letargo?Sombra es, que sin luz asombraque es su oscura fantasíatriste oposición del día;¿y hay quien descanse a esta sombra?Imagen, al fin se nombrade la Muerte, sin que ultrajen,sin que ofendan, sin que atajenlos hombres su adoración,pues es sola una ilusión.¿Y hay quien adore esta imagen?Pues ya Baltasar durmió,ya que el veneno ha bebidoy ha olvidado aquel olvido;ya que el frenesí pasó,ya que el letargo sintió,ya de horror y asombro llenovio la imagen, pues su senopenetre horror, y se nombrailusión, letargo y sombra,frenesí, olvido y veneno.Y pues Baltasar durmió,duerma a nunca despertarsueño eterno Baltasarde cuerpo y alma.

Eso no.

¿Quién tiene mi brazo?

Yo,porque el plazo no ha llegado;número determinadotiene el pecar y el vivir,y el número ha de cumplirese aliento, ese pecado.

Llegarán (¡hado crüel!).Cumpliránse (¡pena fiera!),para que algún justo mueray setras semanas Daniel,y no un pecador, ¡oh fiel!,juez de la ejecución mía.¿Qué esperáis? Que si este díalogra una temeridad,oye allí la Vanidad,mira allí la Idolatría.

Baltasar de Babilonia,que las lisonjas del sueñosepulcro tú de ti mismomueres vivo y vives muerto.

Baltasar de Babilonia,que en el verde monumentode la primavera eresun racional esqueleto.

¿Quién me llama? ¿Quién me llama?Mas si a mis fantasmas creo,ya, Vanidad, ya te miro;(Entre sueños.)ya, Idolatría, te veo.

Yo la sacra Idolatría,deidad que del sol desciendo,a consagrarte esta estatuadel supremo alcázar vengo,por que tenga adoraciónhoy tu imagen en el suelo.

Yo, la humana Vanidad,que en los abismos me engendro,y naciendo entre los hombrestengo por esfera el cielo,para colocar la estatuaeste imaginado templote dedico, que de plumahe fabricado en el viento.

¡Qué triunfos tan soberanos!¡Qué aplausos tan lisonjeros!Ofréceme, Idolatría,altares, aras, inciensos,y adórense mis estatuaspor simulacros excelsos;tu Vanidad sube, sube,a coronarte al Imperio;ilústrese una volando;ilústrese otra cayendo.

(Cantando.)Bajad, estatua, bajad;a ser adorada ir.

(Cantando.)A ser eterno subir,templo de la Vanidad.

Corred, bajad.

Subid, volad.

Pues hoy de los vientos fía.

Estatuas la Idolatría.

Y templo, la Vanidad.

Suéltame, Daniel, la mano;verás que osado y soberbioacabo, como Sansón,con el ídolo y el templo.

Ya yo te la soltaré,veloz cometa de fuego,en siendo tiempo rigor;pero hasta que sea tiempo,aquesa estatua de broncele dé otro metal acuerdo,que trompeta de metaltocada por mi preceptoserá trompeta de juicio.

A los dos está bien eso,que en tocando la trompeta,a su voz el universotodo expirará, y así,¡oh tu peñasco de acero!,¿qué espíritu aborrecidovive por alma en tu pecho?Deidad, mentira de bronce,desengáñate a ti mesmo.(Vase.)

Baltasar.

¿Qué es lo que quieres,ilusión o fingimiento?¿Qué me matas? ¿Qué me afliges?

Oye y velen a mi alientohoy los sentidos del almamientras duermen los del cuerpo,que contra la Idolatríaáspid de metal me vuelvo,por que como el áspid, yomuera a mi mismo veneno;y en tanto que el labio durodel bronce articula acentos,enmudezcan esas voces,que son lisonjas al viento.Yo soy la estatua que vioNabuco, hecha de diversosmetales, con pies de barro,a quien una piedra luegodeshizo, piedra caídadel monte del testamento.No la adoración divinatiranices a los cielos,que yo por verme adorarde tres jóvenes hebreos,el horno de Babiloniaencendí, donde su esfuerzoal fuego se acrisolóy no se deshizo al fuego.Sidrach, Misach y Abdenagoson vivos testigos de esto.Los dioses que adoras sonde humanas materias hechos.Bronce adoras en Moloch,oro en Astarot, maderoen Baal, barro en Dagón,piedra en Baalin y hierroen Moab, y hallando en míel juicio de Dios inmenso,a mis voces de metalos rendís las dos, rompiendolas plumas y las estatuas.

¡Que me abraso!

¡Que me hielo!

Ya a los rayos de otro solhe desvanecido el vuelo.

Y yo a la luz de otra femis sombras desaparezco.

Oye, espera, escucha, aguarda;no, no me niegues tan prestotal Vanidad, tal ventura.

¿De qué das voces? ¿Qué es esto?

¡Ay, Pensamiento! No sé,pues, cuando deidad me miento,pues cuando señor me aclamoy de mi engaño recuerdo,sólo tus locuras hallo,sólo tus locuras veo.

¿Pues qué es lo que te ha pasado?

Yo vi en el pálido sueñodonde estaba descansandotodo el aplauso que tengo.Subía mi Vanidada dar con su frente al cielo;bajaba mi Idolatríadesde su dorado Imperio.Aquélla, un templo me daba;ésta, una estatua, y al tiempoque ésta y aquélla teníahecha la estatua y el templo,una voz de bronce, unatrompeta que ahora tiemblo,de aquélla abrasó las plumas,de ésta deshizo el intento,quedando el templo y la estatuapor despojos de los vientos.¡Ay de mí! La Vanidades la breve flor de almendro;la Idolatría la rosadel sol; aquélla, al primerosuspiro se rinde fácila las cóleras del cierzo;ésta, a la ausencia del díadesmaya los rizos crespos.¡Breve sol y breve rosade las injurias del tiempo!

No ha de vencer mis gloriasuna voz, ni un engaño mis victorias;triunfe la pompa míaen esta noche de la luz del día,Baltasar soberano,príncipe, rey divino más que humano,mientras que suspendidodiste al sueño la paz de tu sentido;treguas del pensamiento,mi amor, a tus aplausos siempre atentovelaba en tus grandezas,que no saben dormirse las finezas.Una opulenta cenade las delicias y regalos llena,que la gula ha ignorado,te tiene prevenida mi cuidado,adonde los sentidostodos hallen sus platos prevenidos.En los aparadoresla plata y oro brillan resplandores,y con ricos despojoshartan la hidropesía de los ojos.

Perfumes lisonjerosson aromas de flores, en braserosde verdes esmeraldasque Arabia la feliz cría en sus faldas;para ti solo platoque el hambre satisface del olfato,la música acordada,ni bien cerca de ti ni retirada,en numeroso acento suspendido,brindan la sed con que nació el oído.Los cándidos manteles,bordados de azucenas y claveles,a dibujos tan bellosque hace nuevo valor la nieve en ellos,son al tacto süavecuriosidad que lisonjearle sabe.Néctares y ambrosías,frías bebidas (basta decir frías)destiladas de rosas y azahares,te servirán a tiempo entre manjares,por que con salva y aparato justoalternen en las copas hoy al gusto,y por que aquésta seaen las que más tus triunfos hoy se vea;los vasos que al gran rey de Israel sagradostrajo Nabucodonosor robadosde aquella gran Jerusalén, el díaque al Oriente extendió su monarquía,manda, señor, traellos;hoy a los dioses brindarás con ellos,profanando el tesoroa su templo los ídolos que adoro,postres sean mis brazos,fingiendo redes e inventando lazos,cifrando tus grandezas,tus pompas, tus trofeos, tus riquezas,este maná de amor donde hacen platoolfato, ojos y oídos, gusto y tacto.

En viéndote me olvidode cuantos pensamientos he tenido,y despierto a tu luz hermosa, creomás que lo que imagino lo que veo.Sólo tu luz podíadivertir la fatal melancolíaque mi pecho ocupaba.

Eso sí, vive el cielo, que esperaba,según estás de necio,que de tal cena habías de hacer desprecio.Haya fiesta, haya holgura;deja el llanto esta noche; mi locuraa borrachez se pasa;pero todo se cae dentro de casa.

Los vasos que sirvieron en el templo,eterna maravilla sin ejemploa sacerdotes de Israel, esclavo,sírvanme a mí también.

Tu gusto alabo.

Vayan por ellos.

Excusado ha sido,que ya la Vanidad los ha traído.

Sacad las mesas prestoa este cenador.

¿A mí, qué es esto?

¿Pues quién habla contigo?

¿Quien dice cenador no habla conmigo?Pues si yo he de cenar, señora, es ciertoque soy el cenador; y ahora adviertoque por mí se haríaaquella antigua copla que decía :(Canta.)Para mí se hicieron cenas;para mí, que las tengo por buenas;para mí, para mí,que para cenar nací.

Sentaos las dos, y luego por los ladossentaos todos mis deudos y criados;que cena donde están por tales modosvasos del templo, es cena para todos,y las gracias que demos celebrandohoy a los dioses ha de ser cantando.

Esta mesa es este díaaltar de la Idolatría,de la Vanidad altar,pues adornan sin ejemplotodos los vasos del templola cena de Baltasar.

A la gran cena del reydisfrazado ahora vengo,pues en esta cena estoyescondido y encubierto,entre los criados suyosque podré encubrirme creo.Descuidado a Baltasarde mis memorias le veo,cercado de sus mujeresy los grandes de su reino.Los vasos que Salomónconsagró al Dios verdadero,y donde sus sacerdoteslos sacrificios hicieron,sus aparadores cubren.¡Oh juicio de Dios eterno!Suelta ya tu mano, sueltala mía, porque ya el pesode sus pecados cumpliócon tan grandes sacrilegios.

Dadme de beber.

¡Hao, hola,camarada! ¿No oís aquello?Llevad de beber al reymientras que yo estoy comiendo.

Por criado me han tenido;servirle la copa quiero,pues no podrá conocermequien está olvidado y ciego.Este vaso del altarla vida contiene, es cierto,cuando a la vida le sirvede bebida y de alimento;mas la Muerte encierra, comola vida, que es argumentode la Muerte y de la vida,y está su licor compuestode néctar y de cicuta,de triaca y de veneno.Aquí está ya la bebida.

Yo de tu mano la acepto.¡Qué hermoso vaso!

(Aparte.)¡Ay de ti,que no sabe lo que hay dentro!

El rey bebe; levantaostodos.

Glorias de mi imperio,en este vaso del Diosde Israel brindo a los nuestros.Moloch, dios de los asirios,¡viva!

La razón haremos;sólo hoy me parecen pocostreinta mil dioses, y piensohacer la razón a todos.

Cantad mientras va bebiendo.

Esta mesa es este díaaltar de la Idolatría.De la Vanidad altar,pues le sirven sin ejemploel cáliz, vaso del templo,en que bebe Baltasar.(Suena un trueno muy grande.)

¡Qué extraño ruido! ¡Qué asombroalborota con estruendo,tocando alarma las nubes,la campana de los vientos!

Como bebiste, serásalva que te hacen los cieloscon su horrible artillería.

De sombra y de horror cubiertonos esconden las estrellas.

¡Cuánto las sombras deseocomo padre de las sombras!

Caliginosos y espesoscometas que el aire vanocruzan, pájaros de fuego,bramidos da de dolor;preñada nube gimiendoparece que está de parto,y es verdad, pues de su senorompió, y un rayo, abrasadoembrión, que tuvo dentro;y siendo su fruto el rayo,ha sido el bramido un trueno.

¿No veis (¡ay de mí!), no veisque rasgando, que rompiendoel aire trémulo, sobremi cabeza está pendiendode un hilo, que en la paredtoca, y si su forma adviertouna mano es, una manoque la nube al monstruo horrendole va partiendo a pedazos?¿Quién vio, quién rayo compuestode arterias? No sé, no sélo que escribe con el dedo,porque en habiendo dejadotres breves rasgos impresos,otra vez sube la manoa juntarse con el cuerpo.Perdido tengo el color,erizado está el cabello,el corazón palpitandoy desmayado el aliento.Los caracteres escritosni los alcanzo ni entiendo,porque hoy es Babel de letraslo que de lenguas un tiempo.

Un monte de fuego soy.

Y yo una estatua de hielo.

Yo no soy monte ni estatua,mas tengo muy lindo miedo.

Idolatría, tú sabesde los dioses los secretos.¿Qué dicen aquellas letras?

Ninguna de ellas acierto,ni aun el carácter conozco.

Tú, Vanidad, cuyo ingeniociencias comprendió profundasen magos y en agoreros,¿qué lees, di, qué lees?

Ningunase da a partido a mi ingenio;todas, todas las ignoro.

¿Qué alcanzas tú, Pensamiento?

A buen sabio lo preguntas.Yo soy loco; nada entiendo.

Daniel, un hebreo, que ha sidoquien interpretó los sueñosdel árbol y de la estatua,lo dirá.

Pues oíd atentos:Mane dice que ya Diosha numerado tu reino.Tecel, y que en él cumplisteel número, y que en el pesono cabe una culpa más.Fares, que será tu reinoasolado y poseídode los persas y los medos.Así la mano de Diostu sentencia con el dedoescribió, y esta justiciala remita por derechoal brazo seglar, que Diosla hace de ti, porque has hechoprofanidad a los vasoscon baldón y con desprecio,por que ningún mortal usemal de los vasos del templo,que son a la ley de graciareservados sacramentoscuando se borre la Escritade las láminas del tiempo.Y si profanar los vasoses delito tan inmenso,oíd, mortales, oídque hay vida y hay muerte en ellos,pues quien comulga en pecadoprofana el vaso del templo.

¿Muerte hay en ellos?

Sí, cuandoyo los sirvo, que soberbiohijo del pecado soy,a cuyo mortal venenoque bebiste has de morir.

Yo te creo; yo te creo,a pesar de mis sentidos,que torpes y descompuestospor el oído y la vista,a tu espanto y a tu estruendome están penetrando el alma,me están traspasando el pecho.Ampárame, Idolatría,de este rigor.

Yo no puedo,porque a la voz temerosade aquel futuro misterioque has profanado en los vasoshoy en rasgos y bosquejos,todo el valor he perdido,postrado todo el aliento.

Socórreme, Vanidad.

Ya soy humildad del cielo.

Pensamiento.

Tu mayorcontrario es tu Pensamiento,pues no quisiste creerletantos mortales acuerdos.

Daniel.

Soy juicio de Dios;está ya dado el decreto;está el número cumplido,Baltasar.

Nulla est redemptio.

.Todos, todos me dejáisen el peligro postrero.¿Quién ampararme podráde este horror, de este portento?

Nadie, que no estás seguroen el abismo en el centrode la tierra.

¡Ay, que me abraso!

Muere, ingrato.

¡Ay, que me muero!¿El veneno no bastabaque bebí?

No, que el venenola muerte ha sido del alma,y ésta es la muerte del cuerpo.

Con las ansias de la muerte,triste, confuso y deshecho,a brazo partido lucho,el cuerpo y alma muriendo.Oíd, mortales, oíd,el riguroso proverbiodel Mane, Tecel, Farés,del juicio de Dios supremo.Al que los vasos profanadivinos, postra severo,y el que comulga en pecadoprofana el vaso del templo.

De los sueños de mi olvidocomo dormida despierto,y pues a la IdolatríaDios no excepta, según veo,en la sábana bordadade tantos brutos diversoscomo Cristo mandará,que mate y que coma Pedro.¿Quién viera la clara luzde la ley de Gracia, cielos,que ahora es la Ley Escrita?

Bien puedes verla en bosquejoen la piel de Gedeón,en el maná del desierto,en el panal de la bocadel león, en el corderolegal, en el pan sagradode proposición.

Y si estono lo descubre, descubraen profecía este tiempo,esta mesa transformadaen pan y en vino estupendo,milagro de Dios, en quiencifró el mayor sacramento.

Yo, que fui la Idolatría;que di adoración a neciosídolos falsos, borrandohoy el nombre de mí y de ellos,seré Latría adorandoeste inmenso sacramento.Y pues su fiesta celebraMadrid, al humilde ingeniode don Pedro Calderón,suplid los muchos defectosy perdonad nuestras faltasy las suyas, advirtiendoque nunca alcanzan las obrasdonde llegan los deseos.

Comments

Loading comments…