De cuita en cuita voy, de monte en monte

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Cancionero

De cuita en cuita voy, de monte en monte,detrás de Amor, que toda senda holladamal le cuadra al sosiego de la vida.Si arroyo solitario o si somonte,si vega entre dos cerros hay cerrada,allí descansa el alma compungida;y, pues Amor convida,ya ríe o llora, o teme o se asegura;y el rostro, que la sigue adonde diga,se calma y se fatiga,y en uno y otro estado poco dura;tal que al mirar dirá quien de Amor sepa:«Se abrasa sin que en él certeza quepa».

Sólo en áspera selva y monte sientoalgún reposo; que el tratar la gentemortal es de mis ojos enemigo.A cada paso un nuevo pensamientode mi señora nace; que frecuente-mente trueca en contento este castigo;y entre mí digo,si el alma mi pasión trocar desea:«Quizás Amor te haga beneficioen tiempo más propicio;quizás, aunque lo pienses, vil no sea».Y paso así mi cuita suspirandosi habrá de ser verdad, y cómo, y cuándo.

Donde hay sombra de un pino o de un colladome paro, y en cualquier piedra que escojofiguro otra vez ver su rostro ledo.Vuelvo en mí luego, y digo conturbado,mientras el pecho con el llanto mojo:«¡de dónde me he apartado y dónde quedo!»Mas, mientras tener puedofijada en el primer engaño el alma,y, olvidado de mí, a ella la veo,a Amor tan cerca creoque su propia mentira el alma calma:tan bella y tan presente en ella para,que no pidiera más, si más durara.

Muchas veces (¿creer esto quién pueda?)en agua clara y sobre hierba verdeviva la ví, y en leño que fue un haya,y en nube blanca, tan bella que Ledadiría bien por tal que su hija pierde,como estrella a que el sol cegado haya;Y cuánto es más la playadesierta y el lugar es más remoto,más bella la figura el pensamiento.Después la verdad sientocon su dolce dolor y allí me notofrío hecho piedra muerta en piedra viva,fingido hombre que piense, llore, escriba.

Allá donde hay más alta y libre cimaque sombra de otro monte no la toca,suele llevarme mi deseo intenso.Allá mi daño el pensamiento estimay con el llanto que ello me provocade triste niebla el corazón condenso;y entonces miro y piensocuánto aire de aquel gesto me retiraque tan lejos lo siento y tan conmigo;y en voz baja me digo:«¿Qué sabes, triste, tú, si ella suspirahoy por tu ausencia allá donde ha quedado?».Y en ello el corazón siento aliviado.

Canción, allende el Alpe,donde es más ledo el cielo y más hermoso,me podrás ver subido a una corriente,donde la aura se sientede un laurelcillo fresco y oloroso:el alma allí la que la hurtó acrisola,que aquí cuanto ves es mi imagen sola.

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