A Felisa

Aunque á la aurora temores,y al mismo sol dés enojos,te sienten con mil primoresla languidez en los ojos,y en el cabello las flores.

Muestran tantas maravillaslos diamantes en tu cuello,las rosas en tus mejillas,que con real ornato brillasdesde la planta al cabello.

Y aunque arreo tan brillantedé á tu belleza decoro,¡ay, que en tu lindo semblante

oculta cada diamante,bella Felisa, un tesoro!

Vertiendo dulce sonrisa,no ocultes los ojos bellos,porque te dirán con risaque ya leyeron, Felisa,tus pensamientos en ellos.

Embebecida y errantevagas con planta insegura,cual si escucharas amanteel céfiro susurranteque entre tus bucles murmura.

Ya sé que en este momentolas niñas en dulce calmaoyen, con turbado intento,cosas que murmura el vientoy escucha gozosa el alma.

Ya sé que el cielo abandonanlos ángeles, y que hermososde luz su frente coronan,y dobles himnos entonan,de su hermosura envidiosos.

Sé que en sus ojos se encantan,y que en torno se revuelven;acentos de amor levantan;

las llaman hermosas; cantan;besan su faz, y se vuelven.

Y en este instante de gloria,con recuerdos seductores,ya sé que por su memoriapasan la amorosa historiade sus pasados amores.

Por eso, Felisa, errantevagas con planta insegura,cual si escucharas amanteel céfiro susurranteque entre tus bucles murmura.

Dime si tal vez, hermosa,en esa ilusion tranquilaprobando estás amorosala dulce miel que destilael dulce nombre de esposa.

Dí si en tus ojos se enciendenlos ángeles; si contentote causa tal vez su acento;y simirándote, tiendenlas blancas alas al viento.

Dí si recuerdas, Felisa,las canciones que sonaronen tu calle, y se apagaron;

¡que por Dios que bien aprisa,siendo tan dulces, pasaron!

Ya no escucharás cual antes,allá en las noches serenas,sobre los aires flotantes,las sabrosas cantilenasde los rendidos amantes.

Que os es muy grato á las bellasal són del arpa importunaoir amantes querellas,ya al brillo de las estrellas,ya al resplandor de la luna.

Y os place ver derramadoscantos de amor por los cielos,porque causen acordadosá otras hermosuras celos,y á otros galanes cuidados.

Y oís las trovas de amores,en vuestro lecho adormidas,como los vagos rumoresque hacen al ondear las flores,de vuestras rejas prendidas.

Y al despertar, con empeñostal vez pensais que, halagüeñosos dan, cantando, placeres,

esos dulcísimos serescon quien platicais en sueños.

Mas ay, que ya se apagaronaquellos cantos, Felisa,que en tu alabanza sonaron!y por Dios, que bien aprisa,siendo tan dulces, pasaron!

Pasaron los amadores,llevando sus falsas llamas;tiempo es que libre de azorestrate, Felisa, de amores,la tórtola entre las ramas.

Ya no escucharás, cual antes,allá en las noches serenas,sobre los aires flotantes,las sabrosas cantilenasde los rendidos amantes.

Las rosas que con pasionhoy te prendiste galana,las últimas rosas sonque columpió en tu balconla brisa de la mañana.

Si ya con plácidas glosastu pecho nunca se embriaga,aun hay canciones gustosas,

con que á las tiernas esposasel aura nocturna halaga.

Si trovas no están rompiendotus sueños, como hasta aquí,los romperá el dulce estruendode algun pecho que gimiendoesté, Felisa, por ti.

Y unos sones muy calladosoirás cruzar por los cielos,sin que causen, acordados,ni á otras hermosuras, celos,mi á otros amantes, cuidados.

Y á cada momento, hermosa,en grata ilusion tranquila,podrás probar amorosala dulce miel que destilael dulce nombre de esposa.

–oo–

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