La gracia primitiva de las aldeanas

Hambre y sed padezco: Siempre me he negadoa satisfacerlas en los turbadoresgozos de ciudades -flores de pecado.Esta hambre de amores y esta sed de ensueñoque se satisfagan en el ignoradogrupo de muchachas de un lugar pequeño.

Vasos de devoción, arcas piadosasen que el amor jamas se contamina;jarras cuyas paredes olorosasdan al agua frescura campesina...

Todo eso sois muchachas cortijerasamigas del buen sol que os engalana,que adivináis las cosas veniderascual hacerlo pudiese una gitana.

Amo vuestros hechizos provincianos,muchachas de los pueblos, y mi vidagusta beber del agua contenidaen el hueco que forman vuestras manos.

Pláceme en los convites campesinos,cuando la sombra juega en los manteles,veros dar la locura de los vinos,pan de alegría y ramos de claveles.

En el encanto de la humilde callesois a un tiempo, asomadas a la reja,el son de esquilas, la alternada quejade las palomas, y el olor del valle.

Buenas mozas: no abrigo mas empeñosque oír vuestras canciones vespertinas,llegando a confundirme en las esquinasentre el grupo de novios lugareños.

Mi hambre de amores y mi sed de ensueñoque se satisfagan en el ignoradogrupo de doncellas de un lugar pequeño.

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