Para el zenzontle impávido

He vuelto a media noche a mi casa, y un cantocomo vena de agua que solloza, me acoge...Es el músico célibe, es el solista dócily experto, es el zenzontle que mece los cansanciosseniles y la incauta ilusión con que sueñanlas damitas... No cabe duda que el prisionerosabe cantar. Su lengua es como aquellas otrasque el candor de los clásicos minuciosos Psicólogos,pero atinaban con el mundo elementaly daban a las cosas sus nombres...

Sigo oyendo la musical tarea del zenzontle,y lo admiro por impávido y fuerte, porque no se amilanaen el caos de las lóbregas vigilias, y no temedespertar a los monstruos de la noche. Su picorepasa el cuerpo de la noche, como el de unaamante; el valeroso pico de este zenzontleva recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas,y la nuca, y el bozo. Súbitamente, irrumpeel arpegio animoso que reta en su guaridaa todas las hostiles reservas de la amante...

¿Hay acaso otro solo poeta que, como éste,desafíe a las incógnitas potestades, y hieracon su venablo lírico el silencio despótico?Respondamos nosotros, los necios y cobardesque en la noche tememos aventurar la manoafuera de las sábanas... El zenzontle me llevahasta los corredores del patio solariegoen que había canarios, con el buche teñidocon un verde inicial de lechuga, y las alascomo onzas acabadas de troquelar. Tambiénhabía por aquellos corredores, las roncaspalomas que se visten de canela y se ajustanlos collares de luto... Corredores propiciosen que José Manuel y Berta platicabany en que la misma Berta, con su gentil descoco,me dijo alguna vez: "Si estos corredorescomo tumbas, hablaran ¡Que cosas no dirían!"

Mas en estos momentos el zenzontle repiteun silbo montaraz, como un pastor llamandoa una pastora; y caigo en la lúgubre cuentade que el zenzontle vive castamente, y su limpiavirtud no ha de obtener un premio en Josafat.Es seguro que el pobre cantor, que da su músicaa la erótica letra de las lunas de miel,lo aprisionaron virgen en su monte; y me apenaque ignore que la dicha de amar es un galopedel corazón sin brida, por el desfiladerode la muerte. Deploro su castidad reclusay hasta le cedería uno de mis placeres.

Mas ya el sueño me vence... El zenzontle prolongasu confesión melódica frente a las potestadesenemigas, y corto aqui mi panegíricopara el zenzontle impávido, virgen y confesor.

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