Camino blanco, viejo camino
øøøCamino blanco, viejo camino,Desigual, pedregoso y estrecho,Donde el eco apacible resuenaDel arroyo que pasa bullendo,Y en donde detiene su vuelo inconstante,O el paso ligero,De la fruta que brota en las zarzasBuscando el sabroso y agreste alimento,El gorrión adusto,Los niños hambrientos,Las cabras montesesY el perro sin dueño...Blanca senda, camino olvidado,¡Bullicioso y alegre otro tiempo!Del que solo y a pie de la vidaVa andando su larga jornada, más belloY agradable a los ojos parecesCuanto más solitario y más yermo.Que al cruzar por la ruta espaciosaDonde lucen sus trenes soberbiosLos dichosos del mundo, descalzo,
Sudoroso y de polvo cubierto,¡Qué extrañeza y profundo desvíoInfunde en las almas el pobre viajero!
øøøAun parece que asoman tras del Miranda altivoDe mayo los albores, ¡y pasó ya septiembre!Aun parece que torna la errante golondrinaY en pos de otras regiones ya el raudo vuelo tiende.
Ayer flores y aromas, ayer canto de pájarosY mares de verdura y de doradas mieses;Hoy nubes que sombrías hacia Occidente avanzan,El brillo del relámpago y el eco del torrente.
Pasó, pasó el verano rápido, como pasaUn venturoso sueño del amor en la fiebre,Y ya secas las hojas en las ramas desnudas,Tiemblan descoloridas esperando la muerte.
¡Ah!, cuando en esas noches tormentosas y largasLa luna brille a intervalos sobre la blanca nieve,¡De cuántos, que dichosos ayer la contemplaron,Alumbrarán la tumba sus rayos transparentes!
øøøCerrado capullo de pálidas tintas,Modesta hermosura de frente graciosa,
¿Por quién has perdido la paz de tu alma?¿A quién regalaste la miel de tu boca?
A quien te detesta quizás, y le causanEnejo tus labios de candido aroma,Porque busca la rosa encendidaQue abre al sol de la tarde sus hojas.
øøøEn sus ojos rasgados y azules,Donde brilla el candor de los ángeles,Ver creía la sombra siniestraDe todos los males.
En sus anchas y negras pupilas,Donde luz y tinieblas combaten,Ver creía el sereno y hermosoResplandor de la dicha inefable.
Del amor espejismos traidores,Risueños, fugaces...Cuando vuestro fulgor sobrehumanoSe disipa... ¡Qué densas!... ¡Qué grandesSon las sombras que envuelven las almasA quienes con vuestros reflejos cegasteis!
øøøFué cielo de su espíritu, fué sueño de sus sueños,Y vida de su vida, y aliento de su aliento;Y fué, desde que rota cayó la venda al suelo,Algo que mata el alma y que envilece el cuerpo.
De la vida en la lucha perenne y fatigosaSiempre el ansia incesante y el mismo anhelo siempre;Que no ha de tener término sino cuando, cerrados,Ya duerman nuestros ojos el sueño de la muerte.
øøø— Te amo... ¿por qué me odias?— Te odio... ¿por qué me amas? —Secreto es éste el más tristeY misterioso del alma.
Mas ello es verdad... ¡VerdadDura y atormentadora!— Me odias, porque te amo;Te amo, porque me odias.
øøøNada me importa, blanca ó negra mariposa,Que dichas anunciándome ó malhadadas nuevas,En torno de mi lámpara ó de mi frente en torno,Os agitéis inquietas.
La venturosa copa del placer para siempreRota a mis pies está,Y en la del dolor llena..., ¡llena hasta desbordarse!,Ni penas ni amarguras pueden caber ya más.
øøøMuda la luna y como siempre pálidaMientras recorre la azulada esfera,Seguida de su séquitoDe nubes y de estrellas,Rencorosa despierta en mi memoriaYo no sé qué fantasmas y quimeras.
Y con sus dulces misteriosos rayosDerrama en mis entrañas tanta hiél,Que pienso con placer que ella, la eterna,Ha de pasar también.
øøøNos dicen que se adoran la aurora y el crepúsculo,Mas entre el sol que nace y el que triste declina,Medió siempre el abismo que media entre la cunaY el sepulcro en la vida.
Pero llegará un tiempo quizás, cuando los siglosNo se cuenten y el mundo por siempre haya pasado,En el que nunca tornen tras de la noche el albaNi se hunda entre las sombras del sol el tibio rayo.
Si de lo eterno entonces en el mar infinitoTodo aquello que ha sido ha de vivir más tarde,Acaso alba y crepúsculo, si en lo inmenso se encuentran,En uno se confundan para no separarse.
Para no separarse... ¡Ilusión bienhechoraDe inmortal esperanza, cual las que el hombre inventa!¿Mas quien sabe si en tanto hacia su fin caminan,Como el hombre, los astros con ser eternos sueñan?
øøøUna sombra tristísima, indefinible y vagaComo lo incierto, siempre ante mis ojos va,Tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye,Corriendo sin cesar.Ignoro su destino...; mas no sé por qué temoAl ver su ansia mortal,Que ni han de parar nunca, ni encontrarse jamás.
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