Desolación (Castro)

Del luto de mi nochemi ángel funestotejió un velo pesado,tupido y densomás que las sombrasque en los hondos abismoseternas moran.

Negóme desde entoncesel sol su brillo,¡ay!, negóme la lunasu fulgor tímido,y la esperanzano alumbró más el yermode mis entrañas.

Por eso todo, todo...para mí ha muerto.Mudas pasan mis horastal como espectros...Cabe mi oídosólo se agita el soplode los olvidos.

Hiende el rayo al peñasco en el monte,a la nave en el mar la tormenta,en el aire, el halcón prende al pájaro.Y en el mar, en el aire, en la tierra,todos prenden y acosan al hombrede desgracia acusado y pobreza.

Es obligado tema de sensibles cantoresel amor y sus penas, el beso o la miradadel dulce ser querido, la dicha malogradao la esperada dicha con sus vagos temores.

Después vienen los pájaros, el mar o el arroyuelo,la tempestad que brama o la brisa sonoraque hace hablar al follaje mientras nace la aurorao alza la mariposa el inconstante vuelo.

Mas ¿qué nube es aquella que, elevada,llena de luz, por el oriente asoma,virgen que viene en su pudor velada,temprana flor con su primer aroma?¿Quién la que en tronos de zafir sentada,blanca, pura y sin hiel, dulce paloma,desciende hacia la tierra en raudo vuelo,abandonando por la tierra el cielo?

¡Es ella! ¡Una mujer! Fuente de vida,diosa inmortal de pensamiento altivo,del seno de los ángeles venidapara librar mi corazón cautivo:es fruto de verdad, fuente queridade quien mi libre inspiración recibo;es la que, madre de las madres, lleva,¡nombre de bendición!, el nombre de Eva.

Como las auras del abril, liviana;como la luz del sol, fuerte y hermosa,es ella de quien dicen flor temprana,fuente sellada, estrella misteriosa:su rostro del color de la mañana,suelta la blanda cabellera undosa,la palabra suave, el paso leveque a su ligero andar las flores mueve.

Mas hay en su mirada una tristezade inefable amantísimo delirio,que aumenta el resplandor de su belleza,la llama santa de un feliz martirio,¡oh pura fuente de inmortal limpieza,sobre las ondas desmayado lirio!¡Oh cuán amada por tus penas eres,mujer en quien esperan las mujeres!

En medio del silencio, allá en la noche,madre de los misterios,llenaban el espacio ecos suavísimos,armónico conciertode entrecortadas frases y caricias,de suspiros, de quejas y de besos.

¡Ay! Eran él y ella.Espíritus de fuego,almas que envueltas en ardiente llamadevoraban placeres y deseos.

-La vida es breve... Amémonos -decían.-¡Tan veloz corre el tiempo!...Y en su ansia loca, y en su afán ardientemás que el viento esta vez corrieron ellos.

Tras de las largas misteriosas nochesun sol primaveral brilló sereno,y uno al otro en silencio se miraroncon espanto y con miedo...

-Pero si ésta es la vida,-murmuraron después- ¿a qué ir más lejos?Y cual duerme un cadáver en su tumbauno en brazos del otro se durmieron.

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