Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros

øøøDicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros;Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo pasoDe mí murmuran y exclaman:— Ahí va la loca, soñandoCon la eterna primavera de la vida y de los campos,Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

— Hay canas en mi cabeza; hay en los prados escarcha;Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,Con la eterna primavera de la vida que se apagaY la perenne frescura de los campos y las almas,Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;Sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?

øøøCada vez que recuerda tanto oprobio,Cada vez digo ¡y lo recuerda siempre!...Avergonzada su almaQuisiera en el no ser desvanecerse,Como la blanca nubeEn el espacio azul se desvanece.

Recuerdo... lo que halaga hasta el delirioO da dolor hasta causar la muerte...No, no es sólo recuerdo,Sino que es juntamenteEl pasado, el presente, el infinito,Lo que fué, lo que es y ha de ser siempre.

Recuerda el trinar del aveY el chasquido de los besos,Los rumores de la selva,Cuando en ella gime el viento,Y del mar las tempestades,Y la bronca voz del trueno;Todo halla un eco en las cuerdasDel arpa que pulsa el genio.

Pero aquel sordo latidoDel corazón que está enfermoDe muerte, y que de amor muereY que resuena en el pechoComo un bordón que se rompeDentro de un sepulcro hueco,Es tan triste y melancólico,Tan terrible y tan supremo,Que jamás el genio pudo

øøøDel mar azul las transparentes olasMientras blandas murmuranSobre la arena, hasta mis pies rodando,Tentadoras me besan y me buscan.

Inquietas lamen de mi planta el borde,Lánzanme airosas su nevada espuma,Y pienso que me llaman, que me atraenHacia sus salas húmedas.

Mas cuando ansiosa quieroSeguirlas por la líquida llanura,Se hunde mi pie en la linfa transparenteY ellas de mí se burlan.Y huyen abandonándome en la playaA la terrena, inacabable lucha,

Como en las tristes playas de la vidaMe abandonó inconstante la fortuna.

⁂Si medito en tu eterna grandeza,Buen Dios, á quien nunca veo,Y levanto asombrada los ojos,Hacia el alto firmamento,Que llenaste de mundos y mundos...Toda conturbada, piensoQue soy menos que un átomo levePerdido en el universo;Nada, en fin..., y que al cabo en la nadaHan de perderse mis restos.

Mas si cuando el dolor y la dudaMe atormentan corro al templo,Y a los pies de la Cruz un refugioBusco ansiosa implorando remedio,De Jesús el cruento martirioTanto conmueve mi pecho,Y adivino tan dulces promesasEn sus dolores acerbos,Que cual niño que reposaEn el regazo materno,Después de llorar, tranquilaTras la expiación, esperoQue allá donde Dios habitaHe de proseguir viviendo.

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