En el alma llevaba un pensamiento
øøøDesbórdanse los ríos si engrosan su corrienteLos múltiples arroyos que de los montes bajan,Y cuando de las penas el caudal abundosoSe aumenta con los males perennes y las ansias,¿Cómo contener, cómo, en el labio la queja?¿Cómo no desbordarse la cólera en el alma?
øøøBusca y anhela el sosiego...Mas... ¿quién le sosegará?Con lo que sueña despiertoDormido vuelve a soñar.Que hoy, como ayer y mañana,Cual hoy en su eterno afán,De hallar el bien que ambiciona—Cuando solo encuentra el mal-Siempre a soñar condenadoNunca puede sosegar.¡Aturde la confusa griteríaQue se levanta entre la turba inmensa!Ya no saben qué quieren ni qué piden;Mas, embriagados de soberbia, buscanUn ídolo o una víctima a quien hieran.
øøøBrutales son sus iras,Y aún quizás más brutales sus amores;No provoquéis al monstruo de cien brazos,Como la ciega tempestad terrible,Ya ardiente os ame o fríamente os odie.
øøøCuando sopla el Norte duroY arde en el hogar el fuego,Y ellos pasan por mi puertaFlacos, desnudos y hambrientos,El frío hiela mi espíritu,Como debe helar su cuerpo,Y mi corazón se queda,Al verles ir sin consuelo,Cual ellos, opreso y triste,Desconsolado cual ellos.
Era niño y ya perdieraLa costumbre de llorar;La miseria seca el almaY los ojos además:Era niño y parecíaPor sus hechos viejo ya.
Experiencia del mendigo,Eres precoz como el mal,Implacable como el odio,Dura como la verdad.
øøøDe la vida entre el múltiple conjunto de los seres,No, no busquéis la imagen de la eterna belleza,Ni en el contento y harto seno de los placeres,Ni del dolor acerbo en la dura aspereza.
Ya es átomo impalpable o inmensidad que asombra,Aspiración celeste, revelación callada;La comprende el espíritu y el labio no la nombra,Y en sus hondos abismos la mente se anonada.
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