Era la última noche

I

Era la última noche,La noche de las tristes despedidas,Y apenas si una lágrima empañabaSus serenas pupilas.Como el criado que dejaAl amo que le hostiga,Arreglando su hatillo, murmurabaCasi con la emoción de la alegría:

— ¡Llorar! ¿Por qué? Fortuna es que podamosAbandonar nuestras humildes tierras;El duro pan que nos negó la patria,Por más que los extraños nos maltraten,No ha de faltarnos en la patria ajena.

Y los hijos contentos se sonríen,Y la esposa, aunque triste, se consuelaCon la firme esperanzaDe que el que parte ha de volver por ella.Pensar que han de partir, ese es el sueñoQue da fuerza en su angustia a los que quedan;

Cuánto en ti pueden padecer ¡oh patria!¡Si ya tus hijos sin dolor te dejan!

II

Como a impulsos de lentaEnfermedad, hoy cien, y cien mañana,De nuestra vida hasta perder la cuenta,Racimo tras racimo se desgrana.

Palomas que la zorra y el milanoA ahuyentar van, del palomar nativoParten con el afán del fugitivo,Y parten quizás en vano;

Pues al posar el fatigado vueloAcaso en el confín de otra llanura,Ven agostarse el fruto que madura,Y el águila cerniéndose en el cielo.

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