Todas las campanas con eco pausado

øøøTodas las campanas con eco pausadoDoblaron a muerto:Las de la basílica, las de las iglesias,Las de los conventos;Desde el alba hasta entrada la nocheNo cesó el funeral clamoreo:¡Qué pompa! ¡Qué lujo!¡Qué fausto! ¡Qué entierro!

øøøPero no hubo ni adioses ni lágrimas,Ni suspiros en torno del féretro...¡Grandes voces sí que hubo!... Y cantáronle,Cuando le enterraron, un Réquiem soberbio.

øøøSiente unas lástimas,¡Pero qué lástimas!...Y tan extrañas y hondas ternuras.¡Pero qué extrañas!

Llora a mares por ellos,Les viste la mortajaY les hace las honras...Después de que los mata.

øøøDe la noche en el vago silencio,Cuando duermen o sueñan las flores,Mientras ella despierta, combateContra el fuego de ocultas pasiones,Y de su ángel guardián el auxilioImplora invocando piadosa su nombre:El de ayer, el de hoy, el de siempre,Fiel amigo del mal,Mefistófeles,En los hilos oculto, del linoFinísimo y blanco cual copo de espuma,En donde ella aún más blanca reclinaLa cabeza rubia,Así astuto y sagaz, al oídoDe la hermosa en silencio murmura:

«Goza aquél de la vida, y se ríeY peca sin miedo del hoy y el mañana,Mientras tú con ayunos y rezosY negros terrores tus horas amargas.»

«Si del hombre la vida en la tumba¡Oh bella, se acaba,Qué profundo y cruel desengaño,Qué chanza pesadaTe juega la suerte,Le espera a tu alma!»

øøøA la sombra te sientas de las desnudas rocas,Y en el rincón te ocultas donde zumba el insecto,Y allí donde las aguas estancadas dormitanY no hay humanos seres que interrumpan tus sueños,¡Quién supiera en qué piensas, amor de mis amores,Cuando con leve paso y contenido aliento,Temblando a que percibas mi agitación extrema,Allí donde te escondes, ansiosa te sorprendo!

— ¡Curiosidad maldita!, frío aguijón que hieresLas femeninas almas, los varoniles pechos,Tu fuerza impele al hombre á que busque la honduraDel desencanto amargo y a que remueva el cienoDonde se forman siempre los miasmas infectos.

— ¿Qué has dicho de amargura y cieno y desencanto?¡Ah!, no pronuncies frases, mi bien, que no comprendo;Dime sólo en qué piensas cuando de mí te apartasY huyendo de los hombres vas buscando el silencio.

— Pienso en cosas tan tristes a veces y tan negras,Y en otras tan extrañas y tan hermosas pienso,Que... no las sabrás nunca, porque lo que se ignoraNo nos daña si es malo, ni perturba si es bueno.Yo te lo digo, niña, a quien de veras amo;Encierra el alma humana tan profundos misterios,Que cuando a nuestros ojos un velo los oculta,Es temeraria empresa descorrer ese velo;No pienses, pues, bien mío, no pienses en qué pienso.

— Pensaré noche y día, pues sin saberlo, muero. —

Y cuenta que lo supo, y que la mató entoncesLa pena de saberlo.

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