Ya no mana la fuente, se agotó el manantial

Ya no mana la fuente, se agotó el manantial;Ya el viajero allí nunca va su sed a apagar.

Ya no brota la hierba, ni florece el narciso,Ni en los aires esparcen su fragancia los lirios.

Sólo el cauce arenoso de la seca corrienteLe recuerda al sediento el horror de la muerte.

¡Mas no importa!; a lo lejos otro arroyo murmuraDonde humildes violetas el espacio perfuman.

Y de un sauce el ramaje, al mirarse en las ondas,Tiende en torno del agua su fresquísima sombra.

El sediento viajero que el camino atraviesa,Humedece los labios en la linfa serenaDel arroyo que el árbol con sus ramas sombrea,Y dichoso se olvida de la fuente ya seca.

⁂Cenicientas las aguas, los desnudosÁrboles y los montes cenicientos;Parda la bruma que los vela y pardasLas nubes que atraviesan por el cielo,Triste, en la tierra, el color gris domina,¡El color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordoRumor suena, y el vientoAl pasar por el bosqueSilba o finge lamentosTan extraños, tan hondos y dolientes,Que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,El labrador, cubiertoCon su capa de juncos cruza el monte;El campo está desierto,Y tan sólo en los charcos que negreanDel ancho prado entre el verdor intensoPosa el vuelo la blanca gaviotaMientras graznan los cuervos.

Yo desde mi ventana,Que azotan los airados elementos,Regocijada y pensativa escuchoEl discorde concierto

Simpático a mi alma...¡Oh, mi amigo el invierno!Mil y mil veces bien venido seas,Mi sombrío y adusto compañero.¿No eres acaso el precursor dichosoDel tibio mayo y del abril risueño?¡Ah!, si el invierno triste de la vida,Como tú de las flores y los céfiros,¡También precursor fuera de la hermosaY eterna primavera de mis sueños!...

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