El melancólico

Carlín, déjanos aquí;no seas siempre pelmazo.

Pues ¿qué importava un abrazo,si ves cuál ando tras ti?

¿Cuál andas?

Cual te dé Diosla salud. Ando cual ves.

¿Cuál andas?

Ando en dos pies,porque andas tú en otros dos.

En cuatro fuera mejor,que eres un asno

Si tratasde que ande, Firela, a gatasa gatas anda el Amor,que es niño, aunque canas tién.

Déjanos ir a lavar,que es tarde.

Pues no han de hablar.

Déjale, Firela, y ven.

¡Válgame Dios! ¿También ellarezonga? Pues venga acá.¿Qué cuenta al cura darádespués, mi pastora bella,si por no amarme me mata?

¡Oh, qué pesado que estás!

El quinto, no matarás.No matéis, Firela ingrata,con desdén a las criaturas,que tenéis, aunque gallarda,mucho, Firela, de albardaen esto de her mataduras.

Mira que estamos cargadascon los líos de la ropa.

Si no más de en eso topa,¿hay son soltarlo, y sentadasescuchar la arenga largade mi amor? Soltaldos--¡ea!--que lo que el amor deseaes echarse con la carga.Lejos está el lavaderoescuchad mis desvaríos,y yo os llevaré los líos.

Oye aqueste majadero,porque la ropa nos llevey acabe ya de cansarte,que tengo a solas que hablarte.

Vaya.

Vaya.

En breve.

En breve.Mi burro y, yo...; no va bien,que el burro no ha de ir delante.Yo y mi burro...; ¡qué ignorante!Cuantos a un borrico vencargado ¿no es cosa claraque lleva al dueño tras sídándole de palos?

Sí.

Pues llevando yo la varacon que darle, cuesta arribay cuesta abajo, a compás,llevándome a mí detrás,el burro delante iba.

¿Y eso importa para el cuento?

¡Válgame Dios! De aquí arguyoque es bien darle lo que es suyotambién al pobre jumento.

Pasa adelante.

¿Quién? ¿Yo?Si adelante he de pasar,no querrá el borrico andarporque si detrás no vose me aleva al primer paso,que es bestia de mucho tiento.

Que pase adelante el cuento,te digo.

Vamos al caso.La borrica del barbero,que venía del molino,luego que a mi pollino,no sé yo quien vio primeroa quién mi burro bajaba,y, la borrica sobía;la vista el burro poníaen cada paso que daba.La burra, al sobir la cuesta,no le debió de mirar,porque nunca suele alzarlos ojos, que es muy honesta.

Acaba ya.

No se aburra;mas diga, cuando se ven,¿quién mira primero a quién,amándose, el burro o burra?

Ambos a dos, si en tal casoes igual la voluntad.

¡Por Dios que decís verdad!Así hué. vamos al caso.El burro, como se picade cortesano, al pasar,a la burra hizo lugar;mas díjole la borrica,"No pasaré, ciertamente;pase vuesa borriquencia."Dijo él, "No haré en mi conciencia."Yo, que estaba ya impaciente,alzando la vara y voz,le di un palo entre las cejas;y ella alzando las orejas,le dio al borrico una coztal, que ha menester braguero,porque está el pobre quebrado.El alcalde ha sentenciadoque la burra del barbero,si mi burro lo consiente,con él tién de desposarse,porque el dar coz es casarsepor palabras de presente.Mas yo por eso no paso.

Pues eso ¿qué tién que ver,bestia, con darme a entenderel tu amor?

Vamos al caso.El dar coces, ¿no es, Firela,querer desposarse dos?Dadme, pues, una coz vos,con botín o con chinela;cuésteme una quebradura,aunque os estará a vos mal,que con esto no habrá talcomo ahorrar de baile y cura;pues si por plieto se saca,venirnos los dos a sertan marido y, tan mujercomo Adán y doña Urraca.Y porque no es para másyo voy a buscar amigos,de este concierto testigos,porque no os volváis atrás,los líos que os prometíllevo a la huente veloz;mas mirad dó dais la coz,no os quejéis después de mí.

Es un tonto; déjale;no hagas caso de él, Firela,que cosas de más caudalte quieren decir mis quejas.Ese Rogerio, aquese hombreque tiene el alma de piedraen cuerpo de hueso y carne,descuidado me desvela.Ése, que todo lo sabe,y haciendo del campo escuelas,le llaman Fénix los sabiosen las armas y en las letras,desdeñoso, presumido,con saber todas las ciencias,ignora las del amor,que son las que el alma precia.Bien sabes tú, mi pastor,que me da nombre esta sierraverdadero, de crüel,si mentiroso, de bella.Aunque entre frisa y sayalnací, serrana grosera,en cuerpo humilde y villanoaposento un alma reina.Caudalosos ganaderosjuran--podrá ser que mientan--que el alma les tiranizocautiva de sus potencias.¿Qué abril de la juventudno me ofrece, si no pechaentre esquilmos de interesestributos de gentilezas?¿Qué tálamos de deseosno son túmulos que enseñande desdenes homicidasesperanzas ya funestas?¿Qué tronco no es ya letradoa puras cifras y empresas,libros de la voluntad,del sencillo amor imprentas?¿Hay fuente que no murmuremi rigurosa aspereza?¿Prado que no me retrate?¿Eco que no me dé quejas?Pues a todos soy ingrata.Sólo agradecida, neciaa un hombre sabio, ignorante,que enamorando atormenta.

Rogerio, Leonisa mía,que en tantas cosas diversasse ocupa, no da al Amor,ociosa deidad, licencia.Es padre suyo Pinardo,y sucede en la herenciade estas fértiles montañas,que rústicos pueblos cercan.Tenémosle por señor,y como tal le respetanlos frutos de aquestos valles,que siempre le pagan renta.No querrá humillar el almaa pastoriles bellezas,que entre sayales vasallosse ensoberbece la seda.Hale enseñado su padretodas sus armas y cienciasporque le herede su ingeniocomo el estado le hereda.Las letras, según el cura,causan al sabio soberbia.Sabio es Rogerio; ¿qué mucho,si lo es, que se ensoberbezca?Tú, si bien la más hermosa,eres hija de una aldea,pajiza choza tu casay tu dote cien ovejas.A la sombra de las canasque obediente reverencias,mil aldeanas te envidian,mil zagales te desean.¿Qué abril hay que en flor y en ramano te entapice la puerta?¿Qué Mayo en gigantes mayosque a tu puerta no amanezca?Quiere a quien te quiere bien,e imposibles locos deja,que del brocado y sayalnunca se hizo buena mezcla.

Eso díselo tú al alma;verás, amiga Firela,qué de cosas te respondeen mi abono y su defensa.¿Él amor no es fuego?

Sí.

¿Y éste, por naturaleza,no sube lo más arribaque es posible hasta su esfera?

Así será , pues que tulo afirmas que eres discreta.

¿Pues qué importa que esté el fuegocebado en la tosca leñao en la despreciada paja?¿Por eso es razón que pierdasu inclinación generosay que el subir no apetezca?Pues ¿qué importa que mi amorcebado en alma grosera,humilde sujeto abrace,si experimento en mí mesmaque a pesar de mi ser tosco,subir al valor intentade Rogerio, noble y rico,que es centro donde sosiega?Todas las almas, amiga,son iguales. La materiade los cuerpos solamentehacen esa diferencia.Alma noble me dio el cielo.No te espantes si con ellael amor, fuego con alas,intenta subir y vuela.A Rogerio he de adorar.

Basta, que estás bachillera,después que en Rogerio sabiotus esperanzas alientas.Vamos a lavar agora,por ver si en la fuente templasardores tan desiguales.

No hayas tú miedo que pueda,que es poca el agua del mar.

Los serranos que desdeñas,¿qué han de hacer, si no los amas?

Que pues padezco, padezcan.

Ya no tengo qué enseñarte.En la esgrima tu destreza,junto con tu fortaleza,retratan en ti otro Marte;la pintura verá su arteeternizada por ti;las liciones que te dien la música, maestrote han de llamar del más diestro,cifrándole Apolo en ti.Sútil dialéctico estás;docto en la filosofía;sabes de la astrologíalo que es lícito y no más.Metafísica podrásenseñar a quien la enseña;y aunque una parte pequeñasabes de la arquitectura,por ti Vitrubio asegurael renombre que en ti empeña.Versos haces extremados,los que para un cuerdo bastan;que los que a resmas los gastanno están ya bien opinados.Los términos no excusadosde la corte, en que publiques,cuando al palacio te apliques,lisonjas, estudiado has.No falta, Rogerio, másde que cuerdo los platiques.

Si al padre se debe el ser,y al maestro el ser de hombre,y en ti de uno y otro el nombre,señor, te llego a deber,¿cómo podré agradecerel doble ser que te debo?Por padre, a darte me atrevogracias de eternos loores,mas por maestro, mayores,pues que me engendras de nuevo.Dichoso yo, que trasladovengo a ser de originalcomo el sol universalde tanta ciencia adornado.Mil cosas me has enseñado,que, como dices, quisieraque alarde de ellas hicierami estudio, y tu nombre claro;que encierra el oro el avaro,y el noble le ostenta fuera.¿Qué aguardas, padre, en llevarmea la corte?

Aun falta más;que puesto que docto estásen todo, y puedes honrarme,temo desacreditarmepor otra parte.

¿En qué modo,si a tu gusto me acomodo?

Aunque tan sabio te siento,voluntad y entendimientocomponen un hombre todo.Y puesto que sea verdadque al entendimiento debeslas letras con que te atrevesa cualquiera facultad,no sé que la voluntaden hombre te constituya,pues es tan seca la tuya,que muestras por experienciaque te falta esta potenciaporque tu ser te destruyatu juventud tan florida.Cuando estímulos de amor,desde el rey hasta el pastor,dan a sus incendios vida,tú, que imagen esculpidade bronce debes de ser,¿has podido defenderde apacibles tiraníasel alma, si en piedras fríasse puede amor encender?¡No te viera yo siquiera--no digo amar--mas gustarde ser visto y de miraralguna cara hechicera!¡Alguna vez no te vierahurtar del estudio ratos,y en los hermosos retratos,del cielo de amor despojos,tal vez descuidar los ojos,que ya blasonan de ingratos!¿Cómo podré yo atrevermeque vaya a la corte un hombre--si es que merece este nombre--quien entre las llamas duerme?Voluntad que allá no enferme,no es cortés, esto es verdad;ni es bien que en tu sequedadlleves, por hacerme agravio,un entendimiento sabioy una idiota voluntad.

Aquí, señor, no hay sujetoen que lograr esperanzas,ni entre groseras labranzasmi amor halla igual objeto.Si me tienes por discreto,y amor es similitud¿por qué culpas la quietudque en mi libertad desprecias?¿Es bien que serranas neciasmalogren mi juventud?Viva el alma libre y franca,pues en su estudio me alegra.

Ensayar la espada negrasuele hacer diestra a la blanca.Nunca tras el toro arrancaquien no ensayó su valoren el novillo menor;y un discreto, si lo ignoras,llamaba a las labradoras,espadas negras de amor.Si el filósofo admirablellamó animal racionalal hombre, Platón, su igual,le llama animal sociable.El que no es comunicableno es hombre, según Platón,y siguiendo su opinión,te hará tanta sequedadbruto por la voluntad,aunque hombre por la razón.Si ver la corte pretendes,como aprendiste a saber,también aprende a querer,que en verte un mármol me ofendes.Ama del modo que entiendesmás apacible y humano,porque en el palacio, es llanoque gradúa el menosprecioal más docto por más necio,si es sabio y y es cortesano.

Entre el amor y el desdén,mal la ciencia se conserva,porque Venus y Minervajamás se llevaron bien.Ojos que hermosuras vencontra pasiones confusas,no hallan a su daño excusas,pues su ocupación distinta,deshonesta a Venus pintay vírgenes a las Musas

¡Ay, cuál vengo! Amor, no más.¡Huego de Dios en tal dios!Yo me acordaré de vos.

Pues Carlín ¿a dónde vas?

¡Ay, nuesamo el mozo! A echarmecatorce bizmas.

¿Caíste?

En la cuenta o en el chiste.¿De Amor, podréis escucharmecuatro gruesas de razones?

¡Qué tales ellas serán!

Y dichas. Pues fama os danque sabéis por seis salmones,¿una traza no podréisdarme, con que de Firela,que es tramposa y me desvelasi no me ama, me venguéis?

¿Yo?

Porque no me reproche.

De Amor no sé jugar treta.

Pues yo conozco poetaque compra trazas de noche.

¿Qué te ha sucedido?

Estabaen la huente, gorda y lucialavando, que lo que ensuciami amor, Firela lo lava.Parlaban las compañeras,--que todas nuestras serranas,por lo que tienen de ranas,en el agua son parleras--y dábanle con los mazosen la ropa, que el regaloque dan es jabón de palo,arremangados los brazos.Yo, que topé la ocasión,lleguéme a Firela y dije,"Mi amor, que es niño y me afrige,debe de ser pañalón,porque tal vez huele malcuando triste a casa vuelvo,y el alma donde le envuelvohace oficio de pañal.Cerapez tién, ¿qué os espanta?lavádmela si os molesta,que quien con niños se acuesta,ya vos veis cual se levanta.""Que mos prace," respondierontodas, asiendo los mazos...¡Pardiós! que a puros porrazoslas costillas me molieron.Pegaban con tanta acucia,que de miedo el alma heladacreyendo salir lavada,o suda, o vuelve más sucia.y a no llegar cortesanoscon el duque en compañía,llenas de volateríacomo los cascos, las manos,cazando, daban los mazosen la huesa con Carlín;que ropa de mazo, en fin,muere moza hecha pedazos.Dadme algún remedio vos

¿El Duque ha salido a caza?

A volar una picaza.

¿Aquí cerca?

Sí, por Dios;y si no se me trabucael meollo, una mujermachorra, que debe ser,pues va a caballo, la duca.

No hay tal entretenimientocual la caza para mí.Voile a ver.

Y yo, que ahíbatanada el alma siento,echarme cien bizmas trazo.Para el enfermo de amor,Firela es lindo doctor,que le cura con un mazo.

Mientras el duque caza,y en ejercicios nobles se embaraza,oye, Clemencia mía,desvelos de mi ciega fantasía.Darás, árbitro juez, en ellos trazade mi vida o mi muerte.Veniste de Borgoñaa darle a él la mano, a mí ponzoña,y siendo su sobrina,hacerte esposa suya determina;mas la llama por tierna, en mí bisoña,hechizo de mis ojos,si en él engendra gustos, en mí enojos.Sobrino y herederosoy suyo, y de sus deudos el primero.Su vida es imposibleque dilate más tiempo el infaliblecenso fatal, que en vasallaje fiero,a la tirana ingratatributa el mozo en oro, el viejo en plata.

¿Qué sacas de todo eso?

Aparte(Es vieja la sospecha, Amor sin seso,y Enrique con Clemencia,creciendo celos, menguan mi paciencia.Yo soy viejo, ella moza, y él travieso;tras ellos mi sospechame trae, que amor con celos, siempre acecha.)

Si al duque al fin heredo,y en verde mocedad, Clemencia, puedoen tálamos igualesamarte esposo y remediar mis males,¿cuánto mejor te está gozar sin miedode caducos engaños,florida juventud que helados años?No ofendas tal tesoro,ni con fallida plata mezcles orode preciosos quilates,pues cuando al ciego Amor coyundas ates,si bien te quiere el duque, yo te adoro,ni tan hermoso espejoniegue objetos a un mozo por un viejo.

Aparte(¡Oh, amante lisonjero!,no serás, si yo puedo, mi heredero;que no es bien me sucedadeudo que en vida lo mejor me hereda.Hijo tengo, retrato verdadero,que a quien es corresponde.Pero veamos lo que dice al conde.)

Enrique, en la tuteladel duque, que en amarme se desvela,quedé desde la cuna,muertos mis padres; y en igual fortuna,el tiempo de mi edad, que joven vuela,conoce satisfechola poca falta que con él me han hecho.Duquesa me obedeceOrliens estado real; si me apetecemi tío, el de Bretaña;y el fuego de mi amor la nieve engaña,que este hechicero amor rejuvenece,no sé que el gusto míoadmita ver esposo a quien ve tío.Ataja tú esos dañosy persüade sus nestóreos años;que yo que le obedezco,no amante, padre sí, la mano ofrezco,a quien, cuando consulte desengaños,el Duque me dedique.

Espera.

Harto os he dicho, conde Enrique.

Harto, y tanto, que dudosi estoy despierto o sueño. Dios desnudo,pues que rapaz te llamas,destierren canas tus sabrosas llamas,que tu reino jamás sufrirlas pudo.Al Duque desengaña.Dame a Clemencia, Amor, dame a Bretaña.

Ni a Bretaña, ni a Clemencia,que tengo ya sucesor.¡Menos impulsos, mi amor;y mis canas, más prudencia!La Duquesa ha dicho bien;no dice mi senectudcon la verde juventudque en su edad mis ojos ven.Sucesores deseabaque legítimos en ellame heredasen, mas la estrellaque en Rogerio Francia alaba,me inclina a que de Bretañael ducado ilustre herede,y el conde Enrique se quedecon la opinión que le engaña.Hijo es mío naturalmi Rogerio, y la prudenciaque hace a mi amor resistenciale dará mujer igual.

Ya he vuelto por la opiniónque perdió mi voluntadpor seca y sin afición;ya, señor, la autoridady sentencia de Platónpuede definirme en hombre;pues si es animal sociable,porque en ti el amor te asombre,una belleza agradableme ha honrado con este nombre.Ya estoy tan enamoradoque no sé si vivo en mí.

¿Tan presto?

Es precipitadoamor. Vine, vi y perdíla libertad, no el cuidado.Ya juzgaré por mejorpotencia la voluntadque el entendimiento. Amor,de su noble facultad,hoy me ha hecho profesor.Desde hoy cursaré su escuela.

Rogerio, perdido estás.

Amor, como es ave y vuela,llegó presto. Oye, y sabrásla causa que me desvela.La caza, ocupación que al noble muestradel trato militar cifras y sumas,al duque trajo a la comarca nuestra,que yo solía gozar, porque presumasque el ver servir al viento de palestraa escaramuzas de enemigas sumas,mi natural inclina venturoso,en ser símil del tuyo generoso.Emboscóse, perdíle, y a la fuentedel arrayán, guïando amor mi paso,la humildad contemplaba de su oriente,la soberbia, ya río, de su ocaso,cuando vagando Amor por su corriente,corrida su deidad del poco casoque hacía de sus llamas mi sosiego,rayos de agua forjó, si antes de fuego.Una serrana, entre otras lavanderas,cristales con cristales afrentabalavando linos y aumentando esferasen círculos de plata, que acendraba.Espejos eran todos, donde vieras,que el sol con sus reflejos retrataba,no ciego, lince sí, bellos despojos,dando ojos a la ropa y a Amor ojos.Ésta es vasalla nuestra, ésta es Leonísade libres presunciones vengadora,que flores crece cuando flores pisa,perlas produce cuando perlas llora.Pagaba el agua en sucesiva risacontactos suyos, más murmuradoraque otras veces, que en ver que no podíacursos parar, corriendo se corría.Presas madejas, no de las que a Febopeina el Aurora, que ésas son de oro,e ébano sí, que estima el uso nuevo,cabellos negros, no rubio tesoro,en un jardín de red, cárcel que apruebo,si es bien tener en la prisión que adorogrillos de voluntades, que traviesos,más almas prenden, cuando están más presos.Blanca gorguera, abierta lechuguilla,guarnecida de puntas, mejor flechasque entre limpia camisa, maravillaserá si ves sus pechos, y no pechas.Ribeteado sayuelo de palmillaverde en color, azul en mis sospechas,mangas presas al hombro, cuyo linohumano fue esta vez con lo divino.Gozaba el agua lo demás que callo,puesto que bien pudiera por viriles,cuando no distinguirlo, penetrallo.Los ojos del amor, Argos sutilesde mi vasalla, en fin, siendo vasallo,criminales deseos, en civilesejercicios, de estudios ocupados,a nuevo amor dan ya nuevos cuidados.No sé lo que le dije, divertido;mas sé que respondiéndome agradable,mudó palabras al mayor sentido,si Amor ciego, por ojos es bien que hable.Tus consejos, señor, he ya cumplido;hombre soy con Platón comunicable.No dirás, si intratable daba nota,que ya me agravia voluntad idiota.

Ni tanto, hijo, ni tan poco;ni en amar tan descuidado,ni de suerte enamorado,que de libre des en loco.De dos extremos contrariosun medio se perficiona;la sequedad te ocasionaa efectos extraordinarios,y el amor que ahora adquieresen cosa tan desigual,de tu noble naturalte ha de hacer que degeneres,a todo pondrás remediosi ves, que para querer,el cuerdo no ha de escogerpor fin lo que sólo es medio.Quita tú de aquese amorlo supérfluo, y quedaráen buen punto.

No seráposible eso ya, señor.La memoria, que por tarda,con dificultad aprehende,lo que difícil entiende,sin olvidarlo lo guarda.Yo, que en la memoria tengoesta vez la voluntad,si puse dificultaden amar, y ya prevengo,prenda, en que mi gusto viva,al ángel he de imitaren no saber olvidar,porque eterno en ella viva.

¿Hay mudanza semejante?

Nuesamo, los dos duquesos,con pájaros y sabuesos,están en casa.

¡Ignorante!

¿qué dices? Que en casa estánlos dos ducos, hembra y macho.¿Pensará que esto borracho?Pues ya llegan al zaguán.

¡Válgame el cielo! salgamosa recebirlos.

¡Verá!De rondón se entran acá.Boda hay hoy. Cena esperamos.

Que el clavel y la rosa¿cuál era más hermosa?

El clavel, lindo en color,y la rosa toda amor;el jazmín de honesto, olor,la azucena religiosa.

¿Cuál es la más hermosa?

La violeta enamorada,la retama encaramada,la madreselva mezclada,la flor de lino celosa.

¿Cuál es más hermosa?Que el clavel y la rosa,¿cuál era más hermosa?

Mucho debe, gran señor,a vuestra casa esta quinta,pues por ella aquesta vezpara honrarnos, la visita.

¡Oh, Pinardo! Ya que a vosde nuestra corte os retira,la quietud de aquestos campos,envidiando vuestra vida,pues no me veis, vengo a veros.

Rogerio, Firela mía,a pesar de resistencias,a mi amor añade dichas.Como te digo, es mi amante.¿No ves el alma en su vistacon más ojos que pestañas,porque sus penas me digan?

¡Qué no podrán los hechizosde tu gracia, Leonisa!Pues las llamas de tu amorhas cebado en agua fría.

Si tenéis tales serranas,Pinardo, no es maravillaque olvidéis telas de cortepor aldeanas palmilias.¡Qué curiosas lavanderas!

A lo menos, señor, limpias,libres de los badulaquesque allá a las damas empringan.

Aparte(¡Ay, serrana de mis ojos!¡Qué bien dices! ¡Qué bien pintasla diferencia que al artehacen bellezas sencillas!)

Lavan la ropa de casa,señor, Firela y Leonisa,y hay pastor que les da a vueltasel alma de las camisas.Pero hay mazo lavanderoque desmenuza costillasy batana enamoradosmis espaldas se lo digan.

¿Qué os parece, mi Clemencia,las lavanderas?

Que obligana su alabanza los ojosy las almas a su envidia.

¡Oh! pues si lavar las vieraun menudo con sus tripasy henchir de sangre y cebollaun obispillo sin mitra,yo sé, por más que es duqueso,que, sin buscar gollorías,a la comida y la cenano pidiera sin morcillas.

Rústico, apártate allá.

Dejalde, por vida mía,que tiene donaire extraño.

Principalmente esta niña,que ahorra de suerte el agua,que hizo un vientre el otro díasin gastar más de un caldero.¡Mirad si es barata y limpia!

¿Este mancebo quién es?

Mi hijo, y en quien se cifra,gran señor mi sangre y casa.

Perdiósele el otro día,señor, la escofieta al cura;que hay quien dice que tién tiña,y con Firela cenando,la halló dentro una morcilla.

Deme los pies, vuestra alteza.

Aparte(¡Cielos! ¿No fuera injusticiaa tal presencia negarlemi sucesión, siendo dignade la corona de Francia?Mi hijo es, y imagen mismade la prenda milagrosaque en el cielo estrellas pisa.Alzad. ¿Cómo es vuestro nombre?

Gran señor, Rogerio.

Aparte(AdmitaBretaña por su señortan heroica gallardía,que Enrique no lo ha de ser.)

Aparte(Suspenso el Duque me mira.)

Aparte(Pues no ha de heredarme en muertequien piensa heredarme en vida.)Pinardo, ya que las canaslícitamente os jubilande la asistencia en mi corte,Rogerio es bien que la siga.Conmigo quiero llevarle.

¡Ay, cielos!

¿Qué es esto, amiga?¿Hoy amada y hoy ausente?

Quien bien ama tarde olvida.

Ha cumplido vuestra altezaen esa acción con distintasesperanzas y deseos.Lo primero con las mías,viendo que en Rogerio puededaros mi vejez prolijatraslado de original,que mi fe y lealtad imita.Y con las suyas, señor,porque de suerte se inclinaa serviros en la corte,que importuno cada díami tibieza reprehende.

Aparte(¡Ay, serrana de mi vida!¡Ojalá que estas verdadesno fueran por ti mentiras!Pretendí ser cortesanoantes de verte. Ya vista,la corte será desiertoque ausente de mí me aflija.)

Hoy, Rogerio, según esto,vuestra esperanza es cumplida.Trocáis por la corte, campos,y por palacios las quintas.

Honrándome vuestra altezapor tan clara mejoría,¿qué interés es despreciarlo que en sí no tiene estima?

Escuchad, Pinardo, aparte,

Creed de mí, hermosa primaque si no le persuado,y el duque viejo porfiahe de perder a Bretaña.

Téngole amor de sobrina,y aunque le desdeño amante,no será bien que permitadesacatos licenciosos.

No merecen mis desdichas,dulce hechizo de mi alma,duración en su alegría.Hoy os amé y hoy me parto.¡Amor y ausencia en un día!¡Pena y gloria en un instante!Si no acaban con la vida,no son efectos de Amor.

Sin vos, Rogerio, la mía,que ha tanto que sustentabasu esperanza en vuestra vista,peor lo habré de pasar;que vos, en fin, cuya herida,por nueva no es penetrante,presto hallaréis medicina.¿A qué desierto os partíssino a la corte, en que habitanentre hermosuras y engaños,amorosas tiranías?¡Pobre de quien sola queda!

¿Borran años, prenda mía,señales que en un instanteel rayo en bronce eterniza?¿Pueden injurias del tiempo,memorias de las rüinasque a Troya han dado tragedias,aniquilar, ni aun cenizas?¿Pues por qué rayos de amorno quieres que eternos vivanen una voluntad bronce,que victoriosa conquistas?Inmóvil soy a mudanzas.

Que se cumpla y no se digaes, Rogerio, lo que importa.

¿Qué temes?

Circes que hechizan.

Ulises soy.

Todo engaños.

Tú me agravias.

Tú me olvidas.

¡Yo! ¿Cómo?

Como te ausentas.

En tí me quedo.

¿En mí misma?

Sí, mi bien.

¡Ay, que eres hombre!

Hombre y firme.

¿Quién lo afirma?

Quien te adora.

Jura.

Juro.

¡Arre allá! que el duco os mira.

¿Que es tan sabio? ¿Que es tan diestro?

Es, gran señor, copia y cifrade tus hazañas y letras.

No querrá el Amor que vivapara dilatar mi gloria,y dar a tu edad floridael enero de sus años,que la tuya esterilizan.

Dele DioS, Enrique, al duquesalud con tan larga vida,como en mí crecen deseos.de que en su amor no prosiga.

En fin, Rogerio, ¿os partís?

Luego que yo vi, Leonisami primero amor en agua,pronostiqué su rüina.¡Qué fácilmente se enturbiansus esferas cristalinas!¡Qué fácil desaparecen,dando a sus corrientes prisa!

No dista mucho la cortede estas soledades.

Distalo que basta para estorbode verte yo cada día.

Cazas hay que Amor inventa,garzas nuestros montes crían;Amor es todo ocasiónsi la ausencia no la entibia.Si vos la buscáis, Rogerio,yo haré también de las míaspara iros a ver allá.

Cumple tú eso, Leonisa;volverás el alma a un muertoy veras que resucitan,las veces que a verme fueres,mis esperanzas marchitas.

Ya querréis otra.

¿Yo, a quién?

Hay allá damas que pisanplata en corcho coronados.

De su mudanza me avisan.

Arrastran telas.

¿Qué importa?

¿Pues qué estimáis vos?

Tu frisa.

¿Más que el brocado?

¿Pues no?

¿Por qué, si es tosca?

Es sencilla.

Traen cadenas.

Son prisiones.

Traen firmezas.

Son postizas.

Traen diamantes.

Son engaños.

¡Arre allá! Que el duco os mira.

Casaréle con Clemenciasi el Papa le legitima,y sucederá en mi estado.

Sola su hermosura es dignadel esposo que la ofreces.

¿Permitirás que te escriba?

Si las cartas son la salque conserva Amor, ¿quién quitaque no escribáis por instantes?

¿Sabes leer?

La cartillade tu amor, donde comienzoel ABC de mis dichas;

¿Y escribir sabrás?

También;pues siendo de Amor pupila,plumas serán pensamientosy lágrimas darán tinta.

¿De quién podremos fïarnos?

De Carlín, cuyas maliciasson en toda aquesta sierrasin perjüicio y de risa.

En fin, ¿no me olvidarás?

Amor labrador no olvida.

¿Serás firme?

Seré bronce.

¡Arre allá! Que el duco os mira.

Ya me parece que es horaque nos partamos, sobrina.Traigan, conde, los caballos.

Boca abajo el zaguán pisan.

Venga conmigo Rogerio.

Gracias a Dios que cumplidas,hijo, ves tus esperanzas.Letras, armas, cortesíate he enseñado. Si con ellas,entre enredos y mentiras,te conservas, bien logradasserán las liciones mías.Hágate dichoso el cielo.

Adiós, señor. Mi Leonisa,esto es partir.

Con dolores,porque es parto una partida.

No me olvides.

¿Cómo puedo?

¿Irásme a ver?

Cada día.

Adiós.

Adiós.

¡Ay, mi bien!

¡Arre allá! Que el duco os mira.

Ya estás legitimado,y por sucesor mío declaradoen Bretaña, que estimalas partes con que el cielo te sublima.Ya yo, cansado y viejo,seguro de tus, letras y consejo,en tus hombros alivioel peso del gobierno que no envidio,sino ociosos descansosde cazas leves y de libros mansos,porque en viejez logradame manda el tiempo jubilar la espada.Clemencia es mi sobrina,en hermosura y discreción divina,del de Borgoña hermana,de Orliens duquesa, que apacible y llana,mientras Roma dispensa,sólo en amarte, como a dueño piensa,juzgando a gloria inmensa el bien que gana.Rogerio, ¿pues qué es esto?¿Tú, triste agora, cuando manifiestosecretos que ha tenidoel tiempo en las entrañas del olvido?Cuando sólo creíasheredar las groseras alqueríasque viste el sayal pardo,hijo de un duque ya, no de Pinardo,en posesión seguradel estado bretón, donde te jurapor señor la nobleza,¿melancólico tú? ¿Tú con tristeza?Pudiera hacerte agravio,a no llamarte tus estudios sabio,creyendo que echas menosmontes de riscos y de encinas llenos,rústico por costumbre,y que te da la corte pesadumbre,el palacio tristeza,y bárbaro disgusto esta belleza;que aunque ilustre has nacido,podrás, como entre montes has vivido,de la costumbre hacer naturaleza.

Las razones que alegascontra el tropel de mis pasiones ciegas,a mi tristeza añadengrados, señor, que más me persüadena la melancolíaque ocupa mi confusa fantasía.Estaba yo contentocon un mediano estado, fundamentode la alegre esperanzaque intenta malograr esta mudanza;ni pobre jornalero,ni privado en la corte lisonjero,mas con la medianíaque Salomón, prudente, a Dios pedía;porque ni la pobrezadeja volar ingenios, ni la altezaque estriba en la abundancia,se escapa de soberbia e ignorancia;pues sólo hallan remedioestos extremos en el justo medioque forman la bajeza y la arrogancia.Era mi pasatiempolos libros y las armas, contra el tiempoque el ocio necio pierde.Ya el agua, el viento, y ya el campo verde,midiendo auroras frescascon envidiosas cazas y con pescas;y mientras estudiaba,agradecido al cielo, me preciaba,que a pesar de la herenciaen que en el mundo estriba la potenciade necios opulentos,que llamo sabios yo por testamentos;yo con la industria mía,lo que no a la Fortuna, le debíaa la Naturaleza,ambicioso de fama y de grandezano heredada, adquiridacon noble ingenio y estudiosa vida,que ilustra más la personal nobleza.Agora, pues, que veofrustrados mis estudios y deseo,y que en fe de esta herenciano hay entre mí y el necio diferencia,pues Fortuna inconstantecon riquezas me iguala al ignorante,¿no te parece justoque cuando adquiero estado, pierda el gusto,viendo, como soldadoen la paz el ingenio reformado?A pocos poderososhe oído celebrar por ingeniosos,que en ellos, de honras llenos,es el ingenio lo que vale menos.Y así siento, ofendido,tener en menos lo que más ha sido,pues creerá quien me juraque no es sabio quien tiene tal ventura;y si es así ¿en qué preciotendré este estado, en opinión de necio,contra el ingenio que volar procura?

Toda melancolíaingeniosa, es un ramo de manía,y no hay sabio que un poco,si a Platón damos fe, no toque en loco.En ti lo verificas,sintiéndolo del modo que lo explicas.Felíz Platón llamabael reino donde el rey filosofaba.¡Mira tú cuán opuestaes la opinión que triste te molesta!Probarás cuán süavees el gobierno para aquél que sabe,y en medio la experiencia,la divina hermosura de Clemenciaserá como instrumentoque divierta tu triste pensamiento.Sus discursos reprime,que suele hacer más mal el más sublime,pues tal vez daña el mucho pensamiento.

Si como yo os tengo amor,ventura también tuvierapara alegraros, señorcontento Bretaña os vieray a mi con gusto mayor.Mas si para divertirosos pueden ser de provechopropósitos de serviros,deseos de un firme pecho,y de un alma fiel, suspiros,toda yo en vos empleadaos me ofrezco, dedicadaal templo de vuestra fe.Vos sois mi sol, yo serénube por vos ayudada.Si estáis triste, en la tristezase entretendrá el alma mía,que ya a imitaros empieza;si alegre, hará mi alegríaalarde de esa belleza.Seré, en fin, espejo fielque en todas las ocasiones,sin colores ni pincel,retrate hasta las accionesvuestras, mirándoos en él.

Perdóneme vuestra alteza,que merece su bellezaun gusto más sazonadoque el mío, agora asaltadode esta enfadosa tristeza.Para mejor ocasiónguardo el agradecimientoque debo a tanta afición,cuándo el amor y el contentopongan el gusto en sazón.Y entretanto dé lugara que sin más compañíaque mi descortés pesarceda a la melancolíael derecho del amar.

No tengo más gusto yoque el vuestro. (Ahí mi amor llegóApartede la esfera de mi cielola llama, que envuelta en yelo,abrasándome me heló.Esta sequedad adoro,este entendimiento estimo,de este mármol me enamoro,y amando me desatino,porque si sospecho, ignoro.Discreto que tanto sabe,triste sin más ocasiónde la que alega, no cabeen buen discurso y razón.Celos, falsead la llavede su escondido secreto,y aunque perdáis el respetoal recato y al temor,sabed si es la causa amor,porque llore yo el efecto.Mi sospecha temerosasacara a sus desvelos,pues son, pasión amorosa,inquisidores los celosque no se les pierde cosa.)

Todo esto es, Leonisa mía,con sofísticas razones,buscar necias ocasionespara mi melancolía.Si yo no te viera el díaque perdí mi libertad,fuera esta prosperidadel colmo de mi contento.Ya sin ti, será tormentola más regia voluntad.Perdíte; ya no es posible,en desiguales estados,dar alivio a mis cuidados,ni ver tu rostro apacible;pues amar un imposibleserá eterno padecer.No amarte, no puede ser;pues, amarte, y no esperar,padecer, y no olvidar,es morir y no poder.Si yo de Pinardo fuerahijo, cual pensé, y te amara,cuando a mi ser te igualara,poco tu suerte subiera.Soy duque. ¡Ay, Fortuna fiera!Tormentos con honras das.Ya yo sé que igualado hasmidiendo amorosas leyes,los pastores a los reyes;mas yo soy sabio, que es mas.En cuanto rey, no era muchollevarme de mi pasión;en cuanto sabio, es acciónen que mi deshonra escucho.¡Con qué de contrarios lucho!Amando, he de aborrecer;príncipe, tengo poder;sabio, ocasiono mi agravio,y amante, príncipe y sabio,queriendo, he de no querer.Pues dar alivio a mi amorpor medio menos que honesto,ni aun pensarlo; porque he puestotodo mi honor en tu honor.Morir, Leonisa, es mejor.Batalle en mi fantasíaesta contraria porfía,mientras la vida haga pausa,como se ignore la causade tanta melancolía.

Que el duque me haya quitadopor vos, bastardo y espurio,a Bretaña, no me injurio,que mi nobleza me ha dadola sucesión suficienteque mi sangre ha merecido;legitime a un mal nacidoel Papa, estando yo ausente,que de su elección aguardoel suceso que merecela provincia que obedecepor duque suyo a un bastardo.Pero que con esta herenciael duque a Clemencia os dé,eso no, que os sacaréel alma yo con Clemencia.Si fuérades sabio vos,y por consiguiente, cuerdo,entrárades en acuerdo,y comparándoos los dos,vos y Clemencia, mi prima,temiérades su nobleza,porque en la naturalezael Papa no legitima;ni por más que os habilitepara el estado que os da,posible al Papa seráque mancha de sangre os quite.Al aguja más limpia y clara,como a otro cualquier licor,se le pega el mal sabordel vaso vil donde para;y aunque de reyes francesessangre el duque os haya dado,el vaso en que habéis estadopor lo menos nueve meses,que os habrá pegado,es llano, el bajo ser que tenéis,pues sois duque, y no perdéislos resabios de villano;que no es más que villaníael soberbio pretendera Clemencia por mujerlegítima, y sangre mía.¿Conmigo competís vos,sin honra, ser, ni consejo.

Conde, miráos a un espejo,y vengaréisme de vos.

¿Que yo a un espejo me mire,y de mí le vengaré?Extraña respuesta fue.Causa me da que me admire.¡Cuando le injurio y esperoque usando de su poder,o ha de mandarme prender,o vengar en mí su acero,sin airarse contra mí,sin hacer de injurias caso,sin descomponer el pasose parte y me deja así.Suceso es digno--¡por Dios!--de admiración y consejo."Conde, miráos a un espejo,y vengaréisme de vos."¿Si quiso decir por estolo que Séneca, adivinoque la cólera y el vinoen un mismo grado ha puesto,cuya furia y frenesí,si la razón no la aplaca,al hombre más cuerdo saca,para afrentarle, de sí?"Si el airado se mirase."dijo Séneca, "a un cristal,yo sé que viéndose tal,de si mismo se afrentase."Ya mi cólera se miraa vuestro espejo, razóny ya mi loca pasiónafrentada se retira.Justamente os llaman sabio,pues por tal es bien se estimequien sus pasiones reprimey disimula su agravio.No haya más entre los dos,que me diréis, si me quejo,"Conde, miráos a un espejo,y vengaréisme de vos."

Yo gusto de esto. Dejalde.

¿Pues por qué no habían de entrar?

Cuando yo salí a cazarte conocí.

Ni ell alcalde,ni el cura, me quita a míque no entre, si se me antoja,en la igreja.

¿Quién te enoja?

Un vicio, porque entro aquí.

Es aquése el guardadamas.

¡Válganos Dios! ¡que hay quien debaguardar damas, y se atrevaa que no quemen las llamas!Pues aun no puede un maridoguardar sólo a su mujer,¿y habrá quien pueda tenertanto pájaro en un nido?Él tiene gentil tempero.

¿A qué has venido a palacio?

En el campo hay más espacioque acá. Mas diga, ¿es de veroque Rogerio es duco?

Sí.¿Vendrásle a pedir mercedes?

Si viniere o no...

Bien puedes,que yo rogaré por ti.

Y qué, ¿el duco viejo es yasu padre?

Él le ha dado el ser.

¿Y ella diz que es su mujer?

Mi esposo ha de ser.

¡Verá!Hombre hué siempre de chapa;desde mochacho lo tuvo.Cura en nuso lugar huboque adivinó el verle papa.

¿Cómo?

Desde el primer díaque empezó de gorgear,a todos los del lugartaita y papa les decía;y como no se le escapanada al cura al punto dijo,"¿Papa sabéis decir, hijo?pues yo espero veros papa."

¡Graciosa rusticidad!Pues le vais, serrano, a ver,procuradle entretener,y su tristeza aliviad,que después que es duque, vivemelancólico en extremo,y al paso que le amo, temosu salud.

¡Oh! si recibecierto envoltorio que aquíle traigo, yo le aseguroque ella vea cual le curo.

¿Es regalo?

Creo que sí.

Mostralde acá.

Viene oculto.

¿Es de Pinardo?

No es de él.

¿Pues cuyo?

Es cierto papel.

Regalo que no hace bulto,¿qué será?

¿No lo penetra?

Son unos polvos. ¿De qué?

De carta, que si los ve,también podrá ver la letra.

¿Es billete?

Sí por Dios.

¿Quién le escribe?

No hay decirlo.

¿Por qué?

Mándanme encubrirlo,principalmente de vos.

¡Ay, cielos! ¿Y es quien le avisaen él alguna serrana?

Más fresca que la mañana.

Bueno; ¿y llámase?

Leonisa.

Según eso, no me espanto,si es su amante, y no la ve,que triste Rogerio esté.¿Quiérense mucho?

Tanto cuanto.

¿Y cuál de aquellas dos era,que cuando a caza salícon Regerio hablando vi?

Picando os va la celera.La que me ha dado esta carta,cuyo porte pagáis vos,es, señora, de las dos,barbinegra y cariharta.

¿Ésa es Leonisa?

¿No bondadecir que sí? En muesa villala llaman "la albondiguilla"por ser tan carirredonda.

¿Y a ésa quiere?

Es bella moza

Mostrad el papel acá.

Mas no nada.

Acabad ya,villano.

¡Ay, que me retoza!

¿Vos sabéis aquestas tretas,rústico, zafio, villano?

¡Aquí del rey, que la manoquiere meterme en las tetas!

¿Qué es aquesto?

La ocasiónde vuestra melancolía,si de la desdicha míapresagios ciertos no son,Triste estáis; tenéis razón,que el mudar naturaleza,¿a quién no causa tristeza?Y mas a vos, que trocadohabéis un ilustre estadopor esta vil rustiqueza.Será para vos destierrola corte que os recibe,porque donde el gusto vive,que vive la corte es cierto.Cambio os da el Amor, abiertoen letras que os ha librado,cobrad, quedaréis pagado,si aceptáis de mejor ganauna morada villanaque un generoso ducado.Y alegraos, que ya os avisade que en vuestra triste ausenciano ha de malograr Clemenciaesperanzas de Leonisa.Guardad para ella la risa,y para mí los enojosque si villanos despojosel alma os tiranizaron,yo, porque a vos os miraron,sabré castigar mis ojos.

¡Bárbaro! ¿que has hecho?

¿Yo?no me sé. ¿Qué quiere que haga?Aquésta será la pagadel parabién que le dó.

¿Envióte acá Leonisa?

¿Pues quién me había de enviar?

¿Y escribe?

Todo un plenar,por más que la daba prisa.

Y le habrás dicho a Clemenciatodo cuanto en mi amor pasa.

Pues si con ella se casa,¿no era encubrirlo conciencia.

¿Hay disparate mayor?

El marido y la mujer,¿una carne no han de sery un alma? El sermonadormos lo dijo el otro día.

¿Qué querrás decir por eso?

Pues si es su carne y su hueso,el papel que a él le traía,y yo le negué importuno,cuando a su mujer le diera,¿qué importa que le leyera?

¡Hay tal necio!

¿No es todo uno?

¿Dístesele al fin?

¡Mal año!

¿Qué es dél?

Aquí está metido.

Discreto tercero has sido.

No hay ya discretos hogaño.

Muestra acá.

¡Qué mala cucala duca debe de ser!

¡Ay, mi bien!

Un Luciferes si enoja la duca.

Lee ROGERIO la carta

"Del pláceme que os envíovolvedme el pésame a mí,pues lo que siempre temíllora ya mi desvarío.Duque sois, y no sois mío.Gocéis en gusto mayormejoras de vuestro amor,que si en esta triste ausenciafuere allá todo clemenciatodo acá sera rigor.Entre celosas mudanzasmis deseos faetones,envidiando posesionessepulturán esperanzas.Dad, sin injuriar, venganzasa quien me ha de suceder;que yo que os supe querer,y nunca sabré olvidar,siempre, duque, os sabré amarsi no os supe merecer."

¡Ay, imposible querido!Tus parabienes son tales,que mas serán para malesdel bien que sin ti he perdido.Quejas, Leonisa, me das,cuando en tus valles amenosquisiera yo valer menosque aquí, por gozarte más.Sin ti ¿que vale la corte,si lo es por ti el monte? En finperdonándote, Carlin,te vengo a pagar el portede este papel. Ven acá;¿llora por mi mi Leonisa?

Todo es llanto, si era risa,suspiros de a legua da.

¿Tanto llora?

Ojos y chollatién, que es verla compasión,y más si hace salpicóny es picante la cebolla,no embargante que haya quienocupando el lugar vueso,ande por ella sin sesoy la quillotre también.

Será algún pastor

¡Mal año!Es caballero, que heredados castillos, cruje seda,y guarnece de oro el paño.

¿Quién es?

Filipo, el señorde Castel y Fuen-Molino.

¿Filipo, nuestro vecino?

Ése la tién tal amor,que a dó quiera que la vela pestilencia le toma.No hay desde París a Romaquien tales musquinas dé.Anoche cantó a su puertacon otros dos una trova,y por Dios que no era boba;pero no estaba despiertala moza, y quedóse en seco.

¿Y qué dice a eso Leonisa?

Aunque hace de su amor risa--perdóneme Dios si peco--que ella es hembra, y él es tal,que temo ha de derriballaa la postre.

Torpe, calla.

Hurtáronmos del corralel gallo el lunes pasadono sé cual de las vecinas,y viüdas las gallinasno atravesaban bocado.Llevélas otro mejor,y él todo plumas y gala,ya quillotrando él una alahasta el suelo alrededor,ya escarbando, apenas tocael muladar con la mano,cuando por darlas el granose le quita de la boca.Ellas con los gustos nuevos,menospreciando el ausente,que dó no hay gallo presentediz que no se ponen güevos,darán a Leonisa olvido,y hará en la memoria callos,que de galanes y gallos,uno ido, otro venido.Mas no sé quien entra acá.

Espérame afuera un rato,mientras que responder tratoa Leonisa.

¿Escribirá?

¿Pues no?

Acabe, que es tarde.Al puebro, par Dios, me acojo,que me miró de mal ojola duca, y el diabro aguarde.

Primo sabio, en el espejome he visto de la razón,donde para confusiónde mí mismo, faltas dejo.Vuestro prudente consejoa pedir perdón me obliga,y a que respetándoos diga,que no hay más cuerda venganzaque aquella que con templanzaaconsejando castiga.Pues sois sabio, perdonadmi necia descompostura.

Conde, amor todo es locura,ciega es toda voluntad.Yo estimo vuestra amistadsin haceros competencia.Remitildo a la paciencia,y tendréis presto noticiaque hay para todos justicia,pero para vos clemencia.

¿Para mí Clemencia? Enigmaes, que mi ventura entabla.Rogerio es sabio y no hablasino sentencias de estima.Esta esperanza me anima.Haced mi duda, obediencia,amor, y tened paciencia,pues Rogerio os da noticiaque hay para todos justicia,pero para mí clemencia.

Es Leonisa una hermosa labradora,Filipo, que si bien se considera,es en belleza y discreción señora,aunque la humilla calidad grosera.Su padre, mozo entonces, viejo ahora,en los principios de su edad primera,extranjero la trujo a esta montañapara ilustrar sayales, de Bretaña.Rentero ha sido mío muchos años,y aunque pobre, os afirmo que pareceque desmintiendo su prudencia engaños,algún valor oculto le ennoblece.Vaivenes causa la Fortuna extraños;mas sea humilde o noble, ella mereceser excepción entre esta rustiquezade tosca sangre y de común belleza.No porque vos la améis, pierde conmigola elección que habéis hecho en su hermosura

Si tal abono en mi favor consigo,¿por qué recela estorbos mi ventura?Estoy sin padres, y, aunque noble, sigola inclinación, Pinardo, que procurade mi oro noble y de su lana escasatelas tejer con que adornar mi casa.Desdéñame Leonisa; no me espanto,que no creerá promesas generosasen donde amor promete tantoy paga al cabo en ditas mentirosas.Si vos la persuadís que al yugo santoconmigo ate coyundas amorosas,pues siempre os tuvo obedencial respeto,la vida os deberé.

Yo os lo prometo.

Cuando los corales pierdeLeonisa, perdida está;pero quien perdido hasu esperanza, un tiempo verde,y ya marchita, ¿qué muchoque de cuentas no haga cuenta?Amor, suspensión violenta,¡qué de males de ti escucho!

¿Qué hay, Firela, por acá?

Perdió en la fuente Leonisa,lágrimas dando a su risa,estos corales. Si estáen casa, mande, señor,que los salga a recibir.

¿Suyos son?

Y ha de sentir.pena el perderlos.

Mejorserá, dándoos el hallazgo,que me los deis a mí.

¿A fe?

Y en cabeza los pondréde mi noble mayorazgo.

¿Para qué quiere él corales?

Para aliviar mi pasión,que en el mal de corazónme afirman que son cordiales.

Desear bienes ajenoses pecado.

Restituyeen ellos quien me destruyecuando no lo más, lo menos.Tomad vos esta sortija.

¿Puedo yo ser liberalde hacienda agena?

Mi malme manda que los elija.

Si lo sabe, ¿qué dirá?

Dadle vos esta cadenapor ellos.

Enhorabuena;mas no la recibirá,ni habrá quien dársela ose.

Soy yo su casamentero,y darla a Filipo quiero.

Como ella acepte, acabóse.

Vos habéis de interceder;que, en fin, más podremos dos.

Como se lo mandéis vos,¿qué hay que dudar ni temer?

AparteDecís bien, que es mi vasalla.(Bien Rogerio la ha querido;si es Filipo su marido,y él sabio, vendrá a olvidalla.)Vamos.

Convertíos en risa,lágrimas de amor lealesden esperanza a mis malesy corales de Leonisa.

Anticipóse el invierno,valles, si hasta aquí floridos,ya secos, mi bien ausente,ageno sí, que no mío,ya no esperéis coronarde verbenas y de lirioslas márgenes de sus fuentes,los límites de estos ríos.Sin Rogerio todo es falta.

Leonisa, de los suspirosque das, si no son de amor,lo que buscas adivino.Si lloras por tus corales,halládolos ha un perdido,que tu has ganado en perderlos.

Todo lo que causa olvidolo pierdo yo, mi Firela.Más ¿quién los tiene?

Filipo.

¿Quién se los dio?

Su ventura.

¡Qué mal dueño han escogido!Cóbramelos mi serrana,así poblando tus hijostodos estos despoblados,cortes vuelvan sus cortijos.

Levántasete con ellosy alega en tu perjüicioque le tienes acá el alma,y así, que le es permitidocobrar de donde pudiere;fuera de que, como es rico,lo que te usurpa en corales,en oro pagarte quiso.Esta cadena me diópara ti.

¿Qué desvaríos,Firela, te descomponeno la lealtad, o el juicio?¿Tú eres mi amiga?

Por serloesposo te solicitoigual, ya que no a tu estado,a tu pensamiento altivo.

¿Pues en quién puede emplearsesi subir ha merecidohasta adorar a Rogerio,que ya no caiga abatido?

Rogerio es duque.

¿Qué importa?

Cásanle.

Puesto que envidioventuras de mi contraria,no por eso desconfío.Mi amor es sólo potenciadel alma, que no apetito;y el amor por sólo amar,es perfección, si es martirio.Que se case o no Rogerio,ni con Clemencia compito,ni se amortiguan las llamasde mi amor perfecto y limpio.Tú eres apasionada;cohechos has recibido;para amiga no eres buena;ni sé si hasta aquí lo has sido.Quédate a Dios con tu oro,cómplice de tus delitos,que según hace traiciones,no es mucho que ande amarillo

Oye, espera, vuelve acá;que es Rogerio, y no es Filipo,quien con prisiones doradasencadena tus sentidos.

¿Qué dices?

Que en tu amistadla poca firmeza he visto,con que a la prueba primera,en vez de bronce, eres vidrio.¿Así obligaciones rompes?

Nunca el verdadero amigo,en riesgo de su lealtad,usa de ardides fingidos.Mas ¿vienes tú de la corte?¿has hallado al dueño mío?¿dióte para mí esa prenda?¿qué ha pasado? ¿qué te ha dicho?

¿Tan andariega me hallaste?Si con Carlín le has escrito,y ha vuelto con la respuesta,¿qué preguntas?

¿Carlín vino?

¿Quién hurta a Carlín el nombre?

¡Oh, leal y fiel ministrode mi amor! dame esos brazos.

Estése queda. ¡Oh, qué lindo!Por Dios, que piense Firelaque se los pongo. ¡Bonitosoy yo para dar celera!

En fin, ¿Rogerio no ha sidohombre en mudarse? En fin, ¿esde la firmeza prodigio?En fin, ¿no sabe olvidar?

¿Pues quién diabros se lo dijo?¿Ha habido berros y artesa?

En esta cadena estimo,no el oro, que es lo de menos,el dueño sí, que ha tenido.Al dártela para mi,despidióte enternecido?¿Encargóte mi constancia?¿Comparó a su metal finolos quilates de mi fe?¿Qué dices?

¿Habla conmigo?

Dirás que te pague el porte.Escoje el mejor cabritode mi manada.

¿Por qué?

Carlín, todo lo que finjoaquí me importa que otorgues,o de mi amor te despido.

¿Hay son callar y otorgar?

¿Qué dices?

Lo que yo digoes, que en cuanto a la cadena,a Firela me remito.

¿Cómo es ello?

¿Qué sé yo?

Éste es un asno. Hame dichocuanto con él ha pasado.Como viene de caminocansado, y yo lo sé ¿quieresque te lo cuente?

Eso pido.

¿No me responde el papel?

Así leyó el vueso y vinola duca, que es una suegra,y el duco, de quien es hijo,tuvo celera la duca;hubo llanto y suspirito;temí alguna empalizada;mandóme el duque novicioque aguardase el responsorio,y yo entonces, adivinode cualque paloteado,acogíme de improviso,y véngome sin la carta.Ya la debe haber escrito.

Pues cuándo te pudo darla cadena que recibo,si hubo luego tanto estorbo?

A Firela me remito.

¿Hay bárbaro semejante?Mentecato, ¿no me has dichoque en viendo el duque el papel,amante y tierno te dijoque en fe del constante amor,con que a pesar del olvido,ausente a Leonisa tiene,este oro hacía testigode su invencible firmeza,y que, como su cautivo,lo que enviarle podíaeran prisiones?

Sí, dijo.

¿Entrarían todos luego,y con ellos divertidote mandó que le esperases?

A Firela me remito.

En fin, ¿se acuerda de mí?

Como la olla del tocino;como el rocín de la yegua,y como la sed del vino.Mas yo vengo tan cansadode la corte y del camino,que si hay más que pescudar,a Firela me remito.

¿Ves ahora cuán constantees Rogerio, y que el olvidono tiene jurisdicciónen él?

Tu ventura he vistode que te doy parabienes.

¡Qué contenta los recibo!

Déte amor fines tan buenoscomo gozas los principios.

¡Ay, bienvenida cadena!Mal te pago, pues te envidioal cuello donde has estado,de amorosos brazos digno.Tú adornarás desde agorael pecho que te dedico.Mi gala eterna ha de serlas fiestas y los domingos.

Aparte(¡Que busque yo intercesorespara que mi esposa seauna pastora, y se veami esperanza entre temores;mas--¡ay, cielos!--aquí está,y con mi cadena al cuello.Alma, si podréis creello;viento en popa amor os da.¡Oh, solícita Firela!)

Aparte(Si vuestros quilates tocami fe, que os bese mi boca,cuando el alma se desvelapor el dueño que os envía,no hago a mi honor agravios.)

Aparte(¿En mi cadena los labios?¿Qué esperáis ventura mía?Seguro puedo llegar,pues de mi parte está Amor.)Si ausente hacéis tal favora quien le viene a adorar,y ya le tenéis presente,no ocasionéis mis desvelos,que tengo de ese oro celos,pues en mi agravio consientelabios de inmenso tesoro,dignos que amor los asalte,pues vale más ese esmalteque los quilates de ese oro;que aunque ya son celestiales,pues tal ciclo los tocó,más justo es que bese yopor vuestros estos corales,

¡Ay, mis corales perdidos!Agora sí que lo estáis.

Hallélos yo, y vos halláismás perdidos mis sentidos.Al Amor, Leonisa míale rogaba yo me dieseretrato vuestro, que fueseapoyo de mi alegría.Mas como excedéis al arte,favorecióme de modo,que no atreviéndose en todovino a copiaros en parte;y dando alivio a mis males,me dijo, "Suspende agravios,pues el coral de sus labiosretratan esos corales."Hallélos en ocasión,y en fe de lo que intereso,lo que significan beso,

Bésalos

no, Leonisa, lo que son.Mas si vos besáis también,por ser mía, esta cadena,¿qué más dicha?

¿Qué más penaque la que mis ojos ven?¿Esta cadena era vuestra?

Y vuestros estos corales.

Aparte(Firela, con deslealesindustrias su pecho muestra.)¡Fiad de amistad dorada!Filipo, engañada he sido;que destroquemos os pidoprendas que han de hacer culpadala opinión de mi decoro,pues dan sospechas igualescaballeros con coralesy labradores con oro.Lo que es vuestro os restituyo.Haced otro tanto vos.

Amor, en fe de que es Dios,en mí muestra el poder suyo.Con color que salgo a cazami Leonisa vengo a ver.

Los favores han de servoluntarios, no de traza;que causen pena a su dueño.Soltad.

¡Leonisa!

¡Ay de mí!¿Filipo y Leonisa aquí?Bien se quieren, o yo sueño.

¡Rogerio!

¡Señor!

Extrañassuertes halla un cazador.

Aparte(¿Qué habéis hecho, ciego Amor?)

Aparte(¡Ocasionadas montañas!)Bien os están los corales,y el oro os está a vos bien.¡Qué de cosas nuevas vencada día los mortales!

¿Qué diré, que estoy confuso?

¿Queréis que se use el coralentre gente principal?No me parece mal uso,que habiendo hombres con gorgueras,guedejas, faldas, anillos,y ojalá no con zarcillos,si ya no son orejeras,para que queden igualescon la dama más curiosa,no faltaba ya otra cosaque chapines y corales.Quitáoslos, que no debéisdar gusto a quien os los puso.

Gran señor...

Vestíos al uso,pero no los inventéis.

Estos ducos no mos dejan.¿Acá también estáis vos?

¿Qué dices?

Que esotros dosnuesos ganados aquejan.El viejo y la duca nuerahelos aquí donde están.

A aumentar mi mal vendrán.

Perdida soy.

Plaza, afuera.

No aguardaba yo, señores,tan impensada ventura.

La ociosidad apresura,Pinardo, a los cazadores.Rogerio, ¿sin darnos cuenta,os salís a caza así?

Criéme, señor, aquí,y así mi tristeza intentabuscar en mi naturalalivios que allá no tengo.¡Gran señora!

Por vos vengoa cazar también.

Mi malme obliga a divertimientosdel campo.

Tenéis razón,y más en esta prisión,cifra de vuestros contentos.

Pinardo, también os cabeparte a vos de mi venida.

Los pies os beso.

¡Qué vidapasé aquí, quieta y süave!

Diviértase y no imaginevuestra alteza, gran señor,en eso.

Aun estoy peordespués, Pinardo, que vine.

¿De qué procede este maltan lastimero?

Yo creoque es, conforme a lo que veo,ramo de gota coral.

ApartePor mis corales lo dice.¡Ay, Firela! ¡qué de dañoshan causado tus engaños!

Pues yo por tu bien lo hice.

Tú también, villano, fuiste.

¿Pues yo, por qué?

La cadenaque ser del duque fingistehace cierto tu delito.Si es Filipo, su señor,¿porqué burlaste mi amor?

A Firela me remito.

Envidia tengo, serrana,al donaire que tenéis.Tras vos la corte os traéis,dícenme que en viéndoos sanacualquier tristeza que os mira.

Pues vos triste me miráis,y viéndome, no sanáis;creed, señora, que es mentira.

Yo imaginé divertirmepor estos montes agora,pero mi mal empeora,todo ha dado en afligirme.Volvámonos, si es servidovuestra alteza, gran señor,que como está en lo interior,mi mal disparate ha sido.

No los halléis vos aquí,duque, y hallaréis en mímedicina y enfermera.Démosle, gran señor, gusto,aunque la caza perdamos.

Pues que vos le tenéis, vamos.

Filipo, no fuera justo,habiendo sido los dosamigos y comarcanos,dejaros entre villanossin acordarme de vos.Sed mi secretario.

Besoa vuestra alteza los pies.

Seguidme, Filipo, pues.

Aparte(¿Hay más infeliz suceso?)

Que miro muchos respetosen vos de satisfacción,secretario, y más si sonparientes nuestros secretos.

¿Tengo de ir por el cabritoque en albricias me mandó?

Traidor, tú me has muerto.

¿Yo?A Firela me remito.

Estaba melancólico yo, cielos,por ver que un imposible apetecía,¿qué haréis agora, pues, desdicha mía,si sobre un imposible os cargan celos?Corales dan al corazón consuelos,y en mí corales son melancolía.Vuélvase a un desdichado en noche el día;lo que a otros da quietud, a mí desvelos.Sabio dicen que soy, mas si lo fuera,tuviera en mis pasiones sufrimiento;pero ¿quién le tendrá con tanto agravio?Siempre el entendimiento fue su esfera,y contra injurias del entendimientojamás supo tener prudencia el sabio.

En cumplimiento, señor,del secreto que me encargaen estas informacionesvuestra alteza, esta mañanahice esta breve minuta.

Pretendo saber las faltasque tienen los pretendientesde mi corte y de mi casa;que aunque es bien premiar servicios,no será razón se hagamenos que con suficienciade las partes.

La ignorancia,señor, y poca noticiade algunos príncipes causaque sin méritos se deninjustamente las plazas.Yo me he informado de todascon el secreto que bastapara que nadie las sepa.

AparteDecid. (¡Ay, celosas ansias!)

Federico, hijo de Alberto,que a los duques de Bretañasirvió en la paz y en la guerracon consejos y con armas,quedó rico, mas gastandosu hacienda en juegos y en damas,dicen que es en la pobrezadel pródigo semejanza.Mas no enmendado con esto,fuerzas de flaqueza saca.Sirve y ronda.

¿Es gentilhombre?

Tiene las piernas delgadas.

Si lo están como su hacienda,lástima es.

Suple esta faltacon la industria.

¿Cómo así?

Trae pantorrillas de plata.

¿Pues qué mucho que haga piernas?No era bueno para estatuade Nabucodonosorsi en tan ricas piernas anda.Proseguid.

Vino Conrado,cubierto anteayer de canas,a darme este memorial,y hoy por ver si se despacha,como un mozo de veinte años,teñida cabeza y barba.

¿Y que pide?

La tenenciade un castillo.

Quien no guardalealtad a sus años mismos,mal la guardará a su patria.Decid más.

Licencia pidenmuchos, gran señor, que aguardanremedio de vuestra alteza,que como vuela la famade su mansedumbre y letras,y da a todos puerta francapara que le comuniquenpasiones del cuerpo y alma,no hay quien no venga a gozartal dicha.

Dadlos entrada.Divertiréme con ellos,y aliviaré sus desgracias.

A vuestra alteza suplicomire mi necesidad,servicios y calidad.

¿Estáis pobre, Federico?

Si es vuestra alteza mi dueño,los ricos me envidiarán.

Pobre estáis, pero galán;galán, pero pedigüeño.

Si no tengo que comer,no haga de esto maravillas.

Coméos hoy las pantorrillas,y después volvedme a ver.

Aparte(¡Vive el cielo que ha sabidoque me las pongo de plata!Sabio que de todo trata,temerle. Yo voy corrido.)

¿Qué pedís vos?

Consultadoestoy en una alcaidía.La nobleza y sangre míame tienen acreditado.Mis hazañas ya son llanas.

Conrado, mozo venís;no os daré lo que pedíshasta que peinéis más canas.

Aparte(¿Si sabe que me las tiño?Voime, que no es buen consejopretender cargos de viejoquien quiere parecer niño.

¿Qué pedís vos?

A firmar,señor, vengo este decreto.

¿De qué?

El consejo discretolos coches manda quitar.

¿Por qué?

No se vio jamástal desorden días ni noches.Menos casas hay que coches.

No los quiten, que habrá más.

Aconsejarme, señor,con vuestra alteza querríapor ser su sabiduríaal paso de su valor.Yo tengo una mujer mozay tan señora de si,que no hace caso de mí;toda mi hacienda destroza.Mas lo peor que hay en estoes que de celos me abrasa;no quepo con ella en casa,y en tal extremo me ha puesto,que el amor que había en los doses ya un infierno abreviado.

Lastímame vuestro estado;mas ¿pedísla celos vos?

No puedo disimularlos.

Pues mudo habéis de advertirlos,porque lo mismo es pedirlos,que dar licencia de darlos.

Celos son que me atormentan.

Hay dos, y entrambos tan fieros,que afligen si son solteros,y si casados afrentan.

No hay gala que no quisiera.

Pues dádsela si podéis,y con esto excusaréisel admitir las de fuera.

Señor, yo me vuelvo locoadorando una doncellapara casarme con ella,mas correspóndeme poco.

¿Regaláisla?

Doyla versosinfinitos en quintillas,décimas y redondillasy otros géneros diversosque no digo, por ser tantos.Seis cantos de octava rimala di ayer.

Pondránla grima,que descalaban los cantos.¿Son vuestros?

No, gran señor,que tengo un poeta amigo.

Y será justo castigoque ése usurpe vuestro amor.Cualquier género de penases razón hacer pasara quien piensa enamorarmujer con gracias ajenas.¿Queréisla mucho?

La adoro.

Pues dejad los madrigales,y dadle canciones realesy redondillas en oro.

Un amigo pierde el sesopor casar con cierta dama,que ella excusa, por la famaque le han dado de confeso.

¿Gasta?

Hale dado en sacarel alma.

Pues bien se emplea,que él del tribu de Dan sea,cuando ella es del de Isacar.

Hale quitado infinito,y déjale porque estáya tan rica.

Sí estará,si es suyo el reino de Quito.

A ver entra a vuestra altezael gran duque.

Dejad, pues,consultas para después

Hijo, de vuestra tristezaparticipa vuestra prima;enferma por vos está;visitadla, y sanará,pues veis en lo que os estima.

¿Clemencia está enferma

Y sientevuestro amor tibio y remiso.Desde el punto que os vio, os quiso;si sois sabio y obediente,agradeced como sabio;como obediente dejadla vuestra en mi voluntad,que os hacéis a vos agravio.La dispensación esperode hoy a mañana.

Aparte(¡Ay, Amor!Dispensad vos, que es mayorvuestro dominío.)

Yo esperoque restaure su alegríay salud vuestra presencia.Sangrarse quiere Clemencia.Envïadla la sangría.

Filipo, la juventudtambién es enfermedad.Disposiciones curad,sangraréisos en salud.Corales que adornan cuellos,no generosos, villanos,afrentan los cortesanos.Sangre muestran, sangráos de ellos.

Señor, la que los perdiógusta.

Yo soy vuestro amigo;que os sangréis de ellos os digo;no aguardéis que os sangre yo.

Aparte(Mucho encierra este misterio.)

Escribir quiero a Clemencia;traedme con qué.

Aparte(La cienciaastróloga de Rogeriotodo lo alcanza. ¿Si sabeque quiero a Leonisa bien?¿si la tiene amor también?)

¿No vais?

Aparte(¿Si del cargo graveque ejercito, desigualesjuzga serranos amores?)

Acabad.

Aparte(¿Quién vio, temores,sangrar de mal de corales?

Por mas que callar procuro,habla mi desasosiego;que en fin, donde amor es fuego,brotan celos, que son humo.

Aquí está la escribanía.

Escribiré este papel,y llevaréisle con éla mi prima la sangría.

Aparte(¡Que de este hombre tiemble yo!Pero es duque y es discreto;sangrarme manda, en efeto,porque los corales vio,Yo estoy por Leonisa ciego,y si me sangra, veráque en vez de sangre, saldráde todas mis venas fuego.)

Echad polvos.

¿Qué hice, cielos?Turbéme; la tinta echépor los polvos.

Eso fuecomo echar sobre amor celos.Dadme el papel blanco acá.

Aparte(Otra vez vuelve a escribir.Tal prudencia, tal sufrir,¿qué mármol no obligará?¡Que echase la tinta yopor los polvos! Pero, ¿a quiénno turba un sabio? ¡Ay, mi bien,tu memoria lo causó!Mi turbación manifiesta,Leonisa, lo que te quiero.)

Filipo, éste es el tinteroy la salvadera es ésta.

¡Compendiosa reprensióny discreto advertimiento!Tan sutil entendimientobien merece admiración;pero mayor me la ha dadolo que por cifras me avisa.¿Qué le importa que en Leonisaocupe amor mi cuidado,que con tan claras señalesmuestra el pesar que le doy?¿Qué le va si suyo soy,en que traiga sus corales?Bien la debe de querer;juntos vivieron los dos;si él es duque, Amor es Dios;¿quién tendrá mayor poder?Pues sea su amante o no,que si disgusto le danlos corales en que estáncifras que Amor declaró,yo que no oso cara a caramis deseos descubrirle,por escrito he de decirleel favor que los ampara.

Escribe y habla

Lo que por sabio penetra,en este papel resuma.Sirva de lengua la plumay de palabra la letra.Firméla; bien está así.

Cierra el papel y sobrescríbele

"Al duque nuestro señor."Declaradle vos mi amor,papel, cuando vuelva aquí.

Prometió venir a vermeLeonisa, y fue en prometer,como en el amar, mujer.La ausencia es sueño; ella duerme;mas ya que a favorecermeno venga, sea a atormentarme,que si por Filipo a darmeviene penas que sufrir,más vale verla y morir,que no verla y abrasarme.Aquí está un papel cerrado,

Tómale y ábrele

sobrescrito para mi.¿Quién le dejaría aquí?De Filipo está firmado.Hele reñido, no ha osadode vergüenza y de temordarme cuenta de su amor,y darámele en papel,que en fe de que hay poca en él,no tiene el papel color.

Lee

"Leonisa, señor, perdiólos corales que os dan pena.Hallélos, y una cadenale envié, que recibió;que la besaba vi yo,con que satisfecho quedo,si de vuestro gusto excedopor intentarme casar,vos lo podéis remediar,que yo la adoro, y no puedo."Aquí si que es menesterestudiar, ciego rigor.Comenzó amor por amor;viniéronle a sucedercelos; mas ya, ¿qué he de hacersi para fin de mis añosse van aumentando daños,pues quieren mis penas, cielos,que a mi amor sucedan celos,y a mis celos desengaños?¡Que Leonisa me olvidótan presto! Escribí en arena.

Lee

"Hallélos, y una cadenale envié, que recibió."¿Por oro Filipo entró?Pero el oro--¡que no acaba!¡Ay, cielos!

Lee

"Que la besabavi yo." Basta, que si agoraAmor ya sus flechas dora,no habrá menester aljaba.Confiesa el suyo sin miedo,y no le puedo culpar.

Lee

"Vos lo podéis remediar,que yo la adoro, y no puedo."Conclüido, por Dios, quedo.¿Qué hay que replicar aquí?

Rompe el papel

Ganó lo que yo perdí.Pierde el que a jugar se asienta,y paga aunque más lo sienta.Lo mismo será de mí.Casarlos mañana intento,y mostrar cuán sabio soy,pues venciéndome a mí, doycorona a mi sufrimiento.Esto dice el pensamiento,mas no el amor en que excedoa la ley que admito y vedo.Si hacéis, ausencia, olvidar,"vos lo podéis remediar,que yo la adoro, y no puedo."

Ya la dispensación, duque, ha venido,ya le dan parabienes a Clemencia,y ya yo, castigado, presumido,de mis desdichas lloro la experiencia.Interpreté, de vos favorecido,en mi favor la equívoca sentenciaque pronunciaste, misterioso, un día,juzgando que Clemencia fuera mía.Engañéme de puro confïado.Gozadla, primo, vos, que si algún gustoadmite mi dolor desesperado,es ver lograrse en vos amor tan justo.Yo, duque, moriré menospreciado,abriles agostando este disgustode una florida edad, de un firme amante,de un desdichado, en fin.

Dadme ese guante.

¿Sin responderme se vay de la mano me llevael guante? Confusión nueva,¿quién declararos podrá?¡Válgate el cielo por sabio!¿Guante mío para qué?¿Si de desafío fuecontra su primer agravio?Mas no, que en el desafíoquien los hace y solicita,guantes da, que no los quita,y el duque se lleva el mío.¿Yo dándole parabienes,y él mis penas escuchando?¿Yo muriendo, y él callandosus dichas y mis desdenes;y cuando esperando estárespuesta mi amor constante,sale con "dadme ese guante,"y sin hablarme se va?¡Oh enigmático Rogerio!Hablad y daos a entender,que Enrique no puede serEdipo de este misterio.

Cuanta hacienda tengo es pocapara albricias de este bien.El seso he dado también,que estoy de contento loca.Ya se ha acabado mi mal.¡Oh, alegre dispensación

Cerca de la posesión,todo amor es liberal.

¿Rogerio, qué dice a esto?

Celebrara su alegría,si de su melancolíano fuera el mal tan molesto.

La causa de su pesarme atreviera a decir yo,pero mi amor me enseñóa sentirlo y a callar.Él es sabio y obediente.No sabrá salir del gustode su padre.

Y eso es justo.

Yo sé de mi amor ardientesi una vez su esposa soy,que sabré hacerle olvidarmemorias de su pesar.

Mil parabienes os doy,aunque a mi costa, señora,del tálamo que esperáis,puesto que ingrata pagáisun alma fiel que os adora.Gozad de amor fértil frutocon que a Francia reyes deis,que si vos galas traéis,las de Enrique serán luto.¡Pobre de quien con perderostiene de perder la vida!

No agriéis con vuestra venida,Enrique, el gusto de veros.Ya os dije la voluntadque de obedecer mi tíoha tenido el gusto mío.Mi contento acompañad;que si me queréis, es justoque mis dichas os le den.

Mézclase el mal con el bien,y el placer con el disgusto.De mezcla el alma se viste,porque estáis vos, prima mía,alegre, tengo alegría,y porque os pierdo, estoy triste.

El duque, nuestro señor,dilata, señora, el veros,porque teme entristecerossu melancólico humor,y este presente os envía.

Su mal agua mi placer.

Regalos deben de sery joyas de la sangría.

¡Qué de perla y de diamanteel nuevo esposo enviará!

Es sabio y largo. Sí hará.

Aquí solo viene un guante.

¿Guante? Debe de pedirlimosna.

¿Hay mejor sangría?¡Costosas joyas envía!

¿Qué es lo que querrá decirmi esposo en este presente?

¿Guante? ¡Donoso regalo!Para parches no era malo,si tuviera llaga o fuente.su esposa.

No sin misterioviene.

¿Si es desafío?

Señora, ese guante es mío.

¿Vuestro guante a mí, Rogerio?

El compañero está aquí.Averiguadlo por él.

Quiero mirar el papel.

Siempre este sabio habla así.

Desaciertos suyos sonsentencias dignas de estima.

Veamos el papel, prima.

Sólo contiene un renglón.

Hasta en las letras tambiénes avariento.

¡Ay, de mí!

Leed.

Dice el duque aquí,"esto sólo os viene bien."¡Que este guante solamenteme viene a mi bien! ¿Por qué?Si no es que sin seso esté.¿qué es lo que por esto siente?¿No habéis dicho que era vuestro?

Él mismo me le quitó.

Que os quiero bien sospechó;pues siendo tan sabio y diestro,¿quién duda que habrá alcanzadolo que me habéis pretendido,y de celos combatidoeste guante me ha envïadopara que se signifiquela mano en él de su dueño?

No fuera ese bien pequeñosi lo consiguiera Enrique.

Sospechas todo lo ven,y de vos celoso en vano,dice que en vez de la mano,me viene este guante bien.Bien puede de vos formarquejas su melancolía.

Claro estaba, prima mía,que yo lo había de pagar.

Un accidente le ha dadoa vuestro esposo, señora,mortal.

Negad, conde, agoraque vos se lo habéis causado.

Decís bien; culpadme a mí.

Conde, mi sospecha es clara,que el duque no me dejarapor otra, a no ser así.Quitáosme, Enrique, delante.

¿Qué es esto, cielo crüel?

Sacaos la sangre por él,regalaraos con un guante.

No estoy bien acompañado.Dejadme. Cerrá esa puerta;pues mi esperanza es ya muerta,viva eterno mi cuidado.¡Que por la posta han llegadolas penas de mis sentidos!No basta, gustos perdidos,el grado en que Roma piensadispensar, pues no dispensaAmor en casos prohibidos.Diga el médico verdad,pues siendo sangre, es amor,será su grado mayorpor la consaguinidad.Leonisa en mi voluntadcomo más propincua vive;es pastora, y no recibemi estado. Su suerte cortadispense Amor; mas ¿qué importa,si la razón lo prohibe?¿Los celos también no sonen amor prohibidos grados?Pues si están averiguados,¿qué importa dispensación?¿No es mayor jurisdicciónla de Amor y más precisaque esotras? Sí. Pues, ¿qué prisaRoma ha dado a mi paciencia?Mi amor no quiere a Clemencia,ni mi nobleza a Leonisa.

He de entrar, aunque les pese.

¡Tente, villana!

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¿Qué es esto?

c

Quien vive con tantas guardas,o es cobarde, o anda preso.

¡Leonisa es! Dejadla entrar.¡Vos aquí! ¿A qué bueno?

A procurar que lo estéis,que allá ya os juzgan por muerto.

¿Muerto?

Sí.

En vuestra memorialo estaré.

¡Pluguiera al cielo,y no usurpara mi llanto,duque, los ojos al sueño!

Vendrás a ver a Filipo.

Eso, sí, buscad, Rogerio,excusas a vuestras bodas,y grados a mis tormentos.

Diréis que le aborrecéis.Corales vi yo por truecode eslabones, que, dorados,yugo son de vuestro cuello.

También yo vi que os llamabaBretaña sabio y discreto,sin merecer este nombre,quien preciándose de serlo,es tan fácil en creer.

¿Los ojos cuándo mintieron?

Cuando no los rige el alma,ni alumbra el entendimiento.

¿Pues engañáronse?

Sí.

¡Pluguiera a Dios! pero tengotestigos, yo en vuestro daño,fidedignos, fuera de ellos.

Hijo ¿qué nuevo accidentees éste, que en tanto extremoos tiene, que solo estáis?Más ¿qué villanos son éstos?

Yo, gran señor, soy Leonisa,hija de Lauso, el renterode Pinardo, que me mandaque venga a ver a Rogerio.

Y yo soy saludador,que cuando rabian los perros,a dos soplos....

¿Qué?

A dos soplosmato un candil y lo enciendo.

Si de estas simplicidadesgustáis, hijo, entreteneosy aliviad melancolías.

Criéme, señor, con ellos.

No hemos venido de balde.

¿Cómo?

Curo en nueso pueblode mal de hechizos y de ojo,y a la fe, que si no miento,que está Rogerio hechizado.

¿Qué dices?

Allá sabemosmucho de esto las mujeres.

Y los hombres mucho menos.

Hechizos son, no hay que hablar.

Bien puede ser.

¡Y qué cierto!¿Ello va a decir verdades?

Sí.

Pues guarde secreto.Quiso allá Rogerio mucho,siendo sólo caballero,a una serrana algo bruja.

Que chupa niños y viejos.

Como ahora le ve duque,y ha mudado con el tiempola voluntad, pues se casa,hechizóle.

Yo lo creo;que tristeza semejanteno es natural, ni yo puedocreer que quien sabe tanto,si hechizos no me le han puestocomo está, viéndose duque,se entristezca; ¿es verdad esto?

Verdad es que a una serranaquise, más ya no la quiero.

Aparte¿Velo si doy en el punto?(¡Ah, mudable!)Pues yo vengoa curarle.

Y yo también.

Calla, bestia.

Dime bestio,que soy macho y hembra no.

¿Sabréis vos?...

Comisión tengode la bruja para todo.Déjeme hablarle en secreto.

Aparte(Hay en todas las montañasde estos extendidos reinosmil gentes de estas perdidas,tributarias del infierno.Pues lo afirma esta mujer,su hechizo debe ser cierto,y no es mucho colegirde tal causa tal efecto.)

Yo lo vi, no hay que excusarte.

Firela hizo aquese enredopor casarme con Filipo,y Carlín fué el instrumento.

Filipo mismo te culpa.

¿Pues qué amante, si no es necio,siendo parte apasionada,no mentirá en su provecho?

¿Su cadena recibiste?

Por tuya, que este groseroen tu nombre me la dió.

¿Carlín? ¿Pues qué le iba en eso?

Engañarme.

No, Leonisa;tus liviandades me han muerto.

Yo he sido en firmeza bronce;por testigo pongo al cielo.

Con Filipo has de casarte.

Daréme muerte primero.

Tú le adoras.

Mentís, duque.

¡Quedo, cuerpo de Dios, quedo!

Apartaos, pastor, acá.

¿Que me aparte? ¡Por Dios bueno!Traeme por saludadorLeonisa y por sopladero.

¿Saludador?

¿No lo ve?de soplón vivo; aunque creoque hay muchos ya de este oficioque acá llaman lisonjeros.

Yo te he querido, Leonisa,con el amor más perfectode cuantos su deidad honran.Vi tu mudable sujeto;déjame, y ama a Filipo.

Nómbrale y dame tormento.

Clemencia es ya esposa mía.

Si no la abrasan mis celos.La palabra has de cumplirme.

Soy ya duque.

Y aun por eso.

Llámanme sabio.

No lo esquien se muda a todos vientos.¿Amas a Clemencia?

No.

¿Y quien se casa, es discreto,con quien aborrece?

Es fuerza

¿Por qué?

Mi padre obedezco.

¿Dios no es más que el padre?

Sí.

¿Amor no es dios?

Es dios ciego.

¿Tiénesme amor?

¡Ay, ingrata!

Di verdad.

Mucho te quiero.

¿Y no me obedeces?

No.

¿Por qué?

Mil estorbos veo.

¿Y son?

La dispensación.

No la aceptes.

¿Cómo puedo?

Dame a mí la mano.

¿Cómo?

Siendo mi esposo.

Eso temo.

No teme Amor.

Antes sí.

¿Cuándo?

Cuando tiene celos.

No los creas.

Vilos yo.

¿A eso vuelves?

A eso vuelvoque eres fácil.

Mentís, duque.

¡Quedo, cuerpo de Dios, quedo!

¿Qué es lo que habéis colegido,serrana, de nuestro enfermo?

Que está hechizado, señor.

El alma a soplos le he vuelto.

¿Qué os parece, secretario?Hechizado está Rogerio.

Aparte¡Válgame Dios, qué desgracia!(¿No es esta Leonisa, cielos?)

Señor, todo nuestro hechizoconsiste--verá si acierto--en ponerle unos coralesque Filipo trae al cuello.

¿En corales de Filipo?

Sí, porque vienen en ellos,según nos dijo la bruja,estos hechizos envueltos.

¿Tenéislos vos?

Sí, señor.

¿Quién os lo ha dado?

Hallélos.

Y consintió todo el maldel duque sólo en perderlos.

Dadlos acá.

¡Ay, prenda mía!perdiéndoos, perderé el seso.

Si yo le amara, crüel,no tuviera atrevimientopara pedirle mi sarta.

Por engañarme lo has hecho.

Póntelos.

¿Yo? ¡Cómo! Aparta,que estos corales me han muerto.

¿No ve como se resiste?Mire su merced si es verolo que dice. Téngale.

Por mi bien te trujo el cielo.Hijo, en esto está tu vida.

¡Que os engañan!

Ten sosiego.

¿Corales que has dado, ingrata,a otro, me pones?

Fueronhallados, que dados no.Mi bien, mi esposo, mi dueño,crédito, o muerte me da.

En fin, ¿mis ojos mintieron

Los ojos, mi duque, no.

¿Pues quién?

El entendimiento.

¿Qué no me ofendiste?

Nunca.

¿Que me quieres?

Sin ti muero.

¿Y a Filipo?

Si le nombras...

¿Qué harás?

Rasgaréme el pecho.

Tu esposo soy.

Yo tu esclava.

¿Cómo estáis?

Mejor me siento.

Aparte(¿Es posible que hechizadoesté el duque? Mas--¡ay cielos!¿No es ésta la labradora,nublado de mis contentos?)Prendan a estos dos villanos.

Sobrina, ¿qué hacéis?

Prendedlos.

¿Por qué, si a curarle vienen?

La hechicera que me ha muertoy a mi esposo tiene así,es ésta. Préndela presto

Amor, ayudad mi causa,y victoriosos saldremos,Gran señor, esto es verdad.Yo sé que quiso a Rogerioesta pastora infinito,e intenta ahora de nuevohechizarle.

¿Qué decís?

Este pastor, si a tormentole ponen, dirá lo que es.

¡Helo aquí todo en el suelo!

Di lo que sabes.

Señor,la verdad es que yo vengopor saludador de anillo,que ni tal oficio tengo,ni en viernes santo nací.

¿Y quién es ésta?

Yo piensoque es bruja que a chupar vieneducos desde nuestro pueblo.

¿Qué os parece, gran señor?

¡Hay tal cosa! Quitad luegoa Rogerio esos corales,que el hechizo vendrá en ellos,y prendan aquestos dos.

¡Traidores! ¿estáis sin seso?¿A mi Leonisa? ¿A mi esposa?Eso no.

Gran señor, ¿veislo?

Luego que soplón me vi,adiviné el paradero.¿Mas que me queman por brujo?¡Ay, Dios! A chamusco huelo.

¡Viven los cielos! villanos,que si, la esposa que quieromás que a mí, no dejáis libreque pierda al duque el respeto.Dadme una espada.

¿Hay tal cosa?Dejalde, que está sin seso.Curarále la villana,o mataréla a tormentos.

Señor, ¿qué alboroto es éste?

¡Ay, Enrique, que me han presoel alma, el gusto, la vida!

No hagáis, primo, esos extremos.

No haré, si vos me ayudáis.

Yo moriré al lado vuestro.

Pues venid, diréos el cómo,que no interesáis vos menos.

Sí, Pinardo, hale hechizadouna pastora a quien quiso.

Quien os ha dado ese aviso,os ha, señor, engañado;porque esa pastora esocasión de mi venida,y tan noble y bien nacidacomo Clemencia. Despuésque no os veo, se murióel pastor a quien teníapor padre y obedecíaLeonisa, el cual me dejóaqueste papel cerrado,mandando que se me dieseel día mismo que muriese.Leíle, y de él he sacadoque era un noble caballero,que del gran duque ofendidode Borgoña, y persuadidode vengarse, el medio fieroque tomó, fue de dar muertea Leonisa en una quinta,recién nacida, en quien pintael cielo su ilustre suerte.Hallóla sola y tan bella,que juzgando por crueldadel marchitar su beldad,huyó a estos montes con ella;que por vivir desterradode Borgoña y sin hacienda,le pareció con tal prendaquedar más rico y honrado.Vino en traje de pastor,nombréle por mi rentero,hasta que al trance postreroesto me escribió, señor.Ved como será hechiceraquien de Clemencia es hermana.

Novela fuera esa vana,Pinardo, si no supierala pérdida de una hijaque el duque mi hermano tuvo,por cuya ocasión estuvopara morir. Regocijami tristeza aquesa nueva.A sacaría de prisiónvamos, que si el aficiónque melancólica pruebade Rogerio la firmeza,siendo su esposo este día,tendrá su melancolíafin, y premio su belleza.

Los pies, gran señor, os beso.

Clemencia perdonará,que más Pinardo, me vael ver al duque con seso.

Ya yo, señor, estoy bueno,y mi tristeza pasada,en contento convertida,le debe a aquella serranaesta cura milagrosa.Que la suelten, señor, manda,si no es que pagues servicioscon prisiones y amenazas.

Aparte(¡Extraña fuerza de amortiene la voluntad! Tanta,que disimula contento,solamente por librarla).Hijo, de veros ya buenodoy a los cielos mil gracias,y haré mercedes tambiéna la pastora que os ama;mas habéis de ser esposode Clemencia.

Como el almade la enfermedad del cuerpodefectos participabano conocía la dichaque con la duquesa gana;pero ya que la conoce,en su hermosura idolatra.

AparteTodo esto, Pinardo, fingeporque la pastora salgalibre y segura. (¡Oh, Amor!Asombros son tus hazañas.)Llevad aquesta sortijaa la prisión, y sacadla;pero haced que venga aquí.

Cosas he visto hoy extrañas.

La duquesa de Clarencia,que de Ingalaterra pasaa París, está en la corte.

¿Qué decís?

Esta mañanaen el puerto más cercanotomó tierra; que es Bretaña,la provincia más propincuaa Ingalaterra, de Francia.Viene huyendo de su rey,en el favor confïadadel nuestro, que es su pariente,y aunque poco acompañada,no quiere pasar sin veros.

Avisen luego a madamaClemencia, y a recibirlavamos todos.

Ya está en casa.

No nos eches a perder.

Bona guis toixton. Palabrasinglesas hablaré solas,y en lo demás chite y calla.

Deme los pies vuestra Alteza.

AparteGran duquesa, no esperabanuestra corte tanta dicha.(¡Cielos! ¿Ésta no es la carade Leonisa, la pastora?Mas no; que en brevedad tanta,¿cómo engañarme pudiera?Su rostro y talle retrata.)

Aparte(¿No es mi Leonisa ésta, cielos?Mas--¡ay, ojos!--que os engañanmentirosas apariencias.)

Primero que a París partavuestra excelencia honre esta corte,que ya siente que se vaya.

Por serviros, gran señor,dilataré mi jornada.

Diga, señor caballero,¿cómo se llama madamala duquesa?

Bona guistoixton.

No entiendo palabra.¿Tiene su asistencia en Londres?¿Es doncella o es casada?

Bona guis toixton.

¿Qué es esto?¿Hay figura de más gracia?¿Es caballero?

Monsiuro.

Gracias a Dios que ya hablapalabras inteligibles.

Si el duque está sano y pagami voluntad en albricias,excede mis esperanzas,señor.

Advertid, sobrina,que tenéis en vuestra casala duquesa de Clarencia,para honrar nuestra Bretaña.

AparteVueselencia. (¡Ay, Dios! ¿qué miro?¿no es iquesta la serranahechicera de mi esposo?)

Aparte¿Mas que aquí mos desacatan?

No está en la prisión Leonisa.

¿Cómo es eso?

También faltael rústico que traía.

Aparte(Temblando están mis lunadas.)

Ésta es, Leonisa, señor,y éste el villano, que engañantu corte, si no la hechizan.

¡Bárbaro! ¿Quién eres? Habla.

Bona guis toixton.

¡Matadle!

Sosegad, Clemencia; basta.

¡Matadle!

Bercebú lleveel bona guis y las bragas.Yo soy Carlín, señor duco,y ésta Leonisa, empanadainglesa, que sacó el conde,porque Rogerio lo manda.

Conde Enrique ¿cómo es esto?

Rogerio ha sido la causade que estén estos dos libres.

Ésta es Leonisa; matadla.

Clemencia, sedlo en las obras.

No será vuestra ira tanta,que gustéis de dar la muerteaquí a quien es vuestra hermana.

¿Quién es mi hermana?

Leonisa,la que ha sido tan lloradade vuestros padres, perdióse,y hoy el cielo os la restaura.

¡Ay, hermana de mis ojos!No hay para qué hacer probanzas.La sangre sin fuego hierve;reconocido te ha el alma.Dame esos brazos.

¿Qué es esto?

No eres, Leonisa, villana;hija, sí, del de Borgoña.

¡Ay, gloria de mi esperanza!

¿Yo soy duquesa, señores?

De Borgoña sois infanta.

¿Y esposa del duque, quién?

Clemencia.

Pues no soy nada.

Melancólico estarétoda mi vida, si pasanadelante los efectospor no remediar la causa.Leonisa ha de ser mi dueño.

Siendo Leonisa mi hermana,en albricias de su hallazgo,mi amor en ella traspasasu acción.

Las manos te beso.

Sed, pues, hoy en todo franca.Dad la vuestra al conde Enrique.

Cuando dispensare el Papa.

También será menesterpara los dos.

¡Alto! vayanpor otra para Carlín,que esta comedia se acabasin bodas. Tirso la ha escrito;a quien la juzgase mala,malos años le dé Dios,y a quien buena, buenas pascuas.

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