Pensando en Juana tomo siempre el sueño; Juana mi reflexión de noche afana; pienso en Juana también por la mañana y Juana a todas horas es mi dueño.
Juana me desanima con su ceño; Juana otras veces me parece humana; severo estoy, según me mira Juana; según me mira Juana, estoy risueño.
Sin Juana estoy y a Juana tengo al lado; no es imperio el de Juana: ¡es despotismo! Juana es en mí un espíritu arrimado
y para Juana no hallo un exorcismo... ¿Ves cómo este soneto está enjuanado? Pues aún más enjuanado estoy yo mismo.
Comments
Loading comments…