El page de lanza

Baladas españolas

I-¿Por qué te calzas espuelas?¿porque alzan los centinelasel rastrillo?-Porque a lucir la alboradapartir debo, Elvira amada,del castillo.

-Que Dios te sirva de ejida;pero me dejas sin vida,dueño amado.-Si tú no fueras villanahiciérale castellanade buen grado.

-Canta la alondra... te alejas:un hijo en cambio me dejas¡corre! ¡corre!-Le hago merced de una villa,un caballo, una trabilla,y una torre.

-En mis entrañas le guardo:sólo amor para el bastardode ti imploro.-Si tú no fueras villanahiciérate castellana,que te adoro.

-Partir déjame contigo.Velar quiero, dulce amigo,por tu vida.-Voy a fiestas y torneos.¿No me ves estos arreosde partida?

-Seré tu paje de lanza:iré del paje a la usanzatras tu huella.-Mi escarcela toma, Elvira,y más por tu nombre mirade doncella.

-¿Qué es mi nombre? ¿qué es tu oro?¿la ausencia del bien que adorome repara?No abrigues tal fantasía,que ya el resplandor del díanos separa.

-Yo me cortaré el cabello:dirá una argolla en mi cuello¡vasallaje!-¡Villana! ¡de enojo estallo!corre, pues, tras mi caballosé mi paje.

IIAsí van por el camino,como raudo torbellino.¡Pobre Elvira!Él, a caballo delante;ella a pie; ¡y el fiero amanteni la mira!

Espinoso es el sendero;mas salva el trotón ligerolos abrojos;y con su lanza cargadoel pobre paje cansadocae de hinojos.

-Ve más despacio, amor mío,que ya terminar no fíola jornada.(Y el ginete corre, corre;y nadie a Elvira socorre...¡Desdichada!)

-Ya en mi seno ¡pobre niño!la flor de nuestro cariñose marchita.(Tiembla el doncel; y agitadoel corazón, mal su gradole palpita.)

-¿Ves, Elvira, aquel castillode viejo adarve amarilloy ancho foso?Cuanto ordenes, sin tardanzalo hará tu paje de lanzapresuroso.

-Me espera desesperadaallí una mujer amada:dale aviso.-Yo coronaré de floresel lecho de tus amores,si es preciso.

IIICorre, corre por el pradoel caballo desbocadocomo el viento,y la triste enamoradadetrás va desalentada,sin aliento.

-¿Ves ese torrente, Elvira,que entre abismos salta y gira,rebramando?Doncel, si al débil protejes,a la orilla no me dejessuspirando.

-¡Que siendo tú mi pecheraque te pase caballeraloca trates!-Amor mío, el dulce senollevo de tu sangre llenono me mates.

Salta el trotón el abismo,y Elvira, que hace lo mismo,en él cae;duda el señor; corre a asilla;pero el amor a la orillase la trae.

-Por ti he vencido a la muerte:por ti el amor me hizo fuerte,dueño caro.-Empuña, paje, mi lanza,que la noche nos alcanzasin amparo.

IVProsiguen por la riberasu diabólica carreralos amantes;y para Elvira entre tantosiglos son de duelo y llantolos instantes.

-A la ciudad que allí vemosesta noche legaremoscon ventura.-Que allí cumplida le espere,te ruega quien bien le quiere,virgen pura.

-Me espera justa y torneo,celebrando de himeneolos fulgores.-Si arde su antorcha en tu mano,dicha te den, castellano,los amores.

VTodo el palacio arde en fiestasde amor hablan las orquestas,y los ecos;mas ¿qué tienen esos sonesque dejan los corazonescomo secos?

Ni logra la desposadauna impaciente miradade su amado,que a duras penas contienela tristeza que le tienedominado.

-¡Lindo paje del castillotraéis! ¿canta? yo he de oíllo:cosa cierta.-De mis tierras es pechero;mas ni canta, ni yo quieroque os divierta.

VIDel palacio en lo remotoóyese gran alborotode criados;y estos gritos penetrantesdejan a los circunstantesdemudados:

-«Al paje de D. García»lo hundió en mortal agonía,»mano aleve.»En sangre tinto su lecho,»clavel parece deshecho»sobre nieve.»

Y más lejos, apagadoresuena un acento heladoque prosigue:-Hijo nacido en mal hora,negra fortuna y traidorate persigue.

-¿Oís esa voz en calma?esa voz me llega al alma.¡Pobre madre!-Tú que naces, alma pura,pídele a Dios la venturade tu padre.

VIIDe suspiros y oracionesse oye al cruzar los salonesson medroso.García cruza por ellos,erizados los cabellos,horroroso.

Huir acaso querría,y adentro, adentro le guíasu conciencia,que allí una mártir muriendoestá, y un ángel naciendode inocencia.

-¿Quién de la villana Elviracompasivo atiende y miralos dolores?-Vive: unamos nuestras manospara el amor no hay villanos,ni señores.

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