La cacería feudal
Baladas españolas
Ya sale la comitiva¡viva!de D. Guillén que va a caza:¡plaza!Y villanos y monteros,pajes y palafreneroscon su señor también van;sin que faltegerifalte,ni el beatofray Torcuato,capellán.
EL SEÑOR«Padre, empecemos con modo.»Todo»se debe a Dios: ¿no rezamos?
FRAY TORCUATO»Vamos.»-Señor, de los mundos eje,»rey de los bosques, protege»la caza de D. Guillén;»caballero»limosnero,»que tu ayuda,»¿quién lo duda?»paga bien.-»
«Él tiene en nuestra capilla»silla;»a tus monges da decoro,»y oro.»Cuando mueran sus vasallos»ricas mandas obligallos»a que te dejen sabrá.»Nieto y todo»de un rey godo,»es honrado,»buen casado...
EL SEÑOR»¡Basta ya!»
Y parte la comitiva:¡viva!ya da principio la caza;¡plaza!Los villanos y los perrosinundan montes y cerros;-mientras con trémula voz,la galanacastellanadesde el puentedulcementegrita: -¡Adiós!-
Y D. Guillén lleva el pechohechoañicos por volver pronto...¡tonto!Y a gritos por la malezadesahoga su tristezael pobre marido, así:«-¡Sus, villanos!»¡sus, alanos!»presta, presta»mi ballesta,»dadme aquí!
«Fray Torcuato, el benedícite,dícite:»que hay caza, y non sum modregoego.»¡Mal haya tanta sotana»como en tierra castellana»por todas partes se ve!»A ese fardo»el tabardo,»al bonete»el almete,»trocaré.»
«¡Mi capellán tan devoto...»¡voto!...»¡mi capellán ese sayo...»¡rayo!...»Ea: seguidme al escape:»¡pobre del ciervo que atrape!»no le alcanza ni la unción.»Yo me entiendo,»reverendo.»Es locura»que la cura»un sermón.»
-Villanos y caballerosfierosal compás que la trahíllachilla,inundan el campo verdedonde la vista se pierde...¡qué barahúnda! ¡qué afán!Fieras rugen,armas crugen;y corcelesy lebreles,juntos van.
Las herradas armadurasdurasbrillan como fatuo fuegoluego;y la serpiente se estira,y se enrosca, y se retira,y desparece también.Solo el ecoen son huecotrae el gritodel benditodon Guillén.
»Tras los ciervos, como gamos»vamos;»que no quede, por San Bruno,»uno.»Mis arqueros, ¡preparaos!»compañeros, -¡alegraos!»esta noche gran festín.»Ciervo asado,»¡buen bocado!»y bebida»sin medida,»y sin fin.»
Un ciervo como una torrecorredesde la llanura al cerro...«-¡Perro!...»¡Sus! ¡la mitad de mi estado»al que mate ese venado.»¡Sus! sigámosle en tropel.»Dos caballos,»mil vasallos,»seis doncellas»las más bellas,»doy por él.
»Sus cuernos para trofeo»deseo»aunque mi señora Nuña»me gruña.»¡Sus!»Y al escape volandovan, y don Guillén gritando,en pos del ciervo infeliz,por llanuras,espesuras,arboledas,y veredas.de perdiz.
Da el señor tan inauditosgritos,que se lo creyera a pocoloco.Sangre chorrea la espuela;el corcel no corre, vuela;ladrando los perros vany el venadofatigadosalta y gimecon sublimevano afán.
¡Ay! que nadie te socorre:¡corre!Quiere en sus brazos la muerteverte.¿Te ahoga cálido viento?Es el diabólico alientodel perro y de su señor.Ciervo mío,pasa el río;nada, avanza,que te alcanzael cazador.
No, por Dios, de entre las algassalgas,que te aguarda la ballestapresta.¡Ay! rey de la verde zona,has perdido tu corona,tus pies de rayo también.A la orillala trahíllate destroza.¡cuánto gozadon Guillén!
Ya vuelve la comitiva:¡viva!ya el señor torna de caza:¡plaza!Y villanos y monterospajes y palafreneroshaciéndole plaza vany espirantejadeante,el beatofray Torcuato,el capellán.
¡Gran presa es el ciervo muerto!cierto.Seis lustros su cornamentacuenta.-Entre hachones resplandecedoña Nuña, que aparecea la ventana ojival,y admiradala taimadacon ambajedice a un paje-«¡qué animal!»
Esta noche les das buenacena;te ahogarán en el divinovino;pero al fin, pobre venado,doña Nuña te ha vengado...¡justo castigo de Dios!El rastrillodel castillo,¡linda caza!de tu razapasáis... dos...
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