La misma conciencia acusa
A pasos agigantados,leyendo ansioso un papel,Moreto cruza por elPradillo de los ahorcados
Alma viviente ningunaviene el silencio a turbar:solo el que acaban de ahorcarcuelga a la luz de la luna.
La triste visión la inquieta,y reza un credo, que al fines el buen don Agustínhombre y cristiano y poeta
Aun doblada la rodillasiente de la yerba el roce,cuando sonaron las doceen el reló de la villa.
En sobresalto cruelMoreto se levantó,y en torno a mirar volvió,y a repasar el papel.
«Si el sitio no os pone miedo,»quien esto escribe, os espera»hoy a media noche, fuera»de la puerta de Toledo.
«Otro mejor no elegí,»porque asegura la gente,»que vos y yo, solamente»podemos vernos allí.»
Poniendo mano a la espada,mano fría y temblorosa,don Agustín dijo: -«¿es cosa»de burlas? ¡no está firmada!
«¿Quién me sacó de la villa»a este maldito lugar?-»Aquí maté a Baltasar»Elisio de Medinilla.»
Esto al decir, asomabaen su tez color de plomo,y su mano sobre el pomocon lúgubre son temblaba.
En vano el embozo cubresu faz, que el dolor revistede palidez honda y triste,como la vid en Octubre.
Con máscara engañadora,cubrir el dolor secreto,es doble dolor, Moreto;más en secreto se llora.
Presta la luz a la penaconsuelo, aunque baladí;quien llora dentro de sícon su llanto se envenena.
Los ojos tiende adelantecasi cegados de miedo,y ve en el espacio un dedoque le señala constante.
Vuelve a otros lados la cara,y ve en uno y otro ladoque se movía el ahorcadosin que nadie le tocara.
Y una campana en la villadobla a muerto sin cesar:-¡Aquí murió BaltasarElisio de Medinilla!
De hinojos, y la cabezasobre el pecho doblegada,pega a la cruz de su espadalos labios, suspira y reza.
Mas cuando a mirar se atreve,que un punto domina al miedo,siempre le señala el dedo,siempre el ahorcado se mueve.
Así le halló la mañanaen actitud silenciosa,su faz mucho más rugosa,su cabellera más cana.
Los ojos clava en aquelpapel, que oprime su mano,y grita: -¡Dios soberano!...(estaba en blanco el papel).
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