A la luna (Vital Aza)

Lamentación de un cesante

¡Oh, tú, luna encantadora,que lumbre gratis nos das!¡Oh, tú de Febo señora,ilustre competidorade las fábricas de gas!

¡Tú que nunca sientes penasen el trono en que reposas!¡Tú que en las noches serenashabrás visto tantas cosas,unas malas y otras buenas!

¡Tú que en más de una ocasiónsufres con resignaciónque un mal poeta te cante,oye la lamentaciónde este mísero cesante!

¡Óyeme sólo un momento!que en este mundo, ¡ay de mi!,nadie escucha mi lamento.Y si a ti no te lo cuento,¿a quién se lo cuento, di?

Indícame, ¡oh, luna clara!,de algún destino el camino,que aquí son ya cosa rara,y no se encuentra un destinopor un ojo de la cara.

Búscame una posiciónen tu elevada regióny me lanzaré al suicidio.¡Créeme, oh, luna! Te envidiocon todo mi corazón.

Tú, aunque siempre omnipotente,creces y menguas constante;pero aquí, con esta gente,yo nunca llego a creciente...¡siempre estoy en el menguante!

Como un destino me des,dejo a estos hombres ingartos–(he puesto la erre después)–que, ¡ay!, tú tienes cuatro cuartos,y en España sólo hay tres.

¡Tres! Lo digo muy sincero,aunque el pesar me taladre (1)el cuarto... para el cartero;el cuarto... que es del casero,y el cuarto... honrar padre y madre.

Te creo, ¡oh, luna!, mi amiga,y hasta que mi bien consigacifraré en ti mi fortuna.No me importa que se digaque estoy ladrando a la luna.

¿A quién le puede chocarque yo ladre sin cesarsiendo un mártir en la tierra?Llevando vida tan perra,¿qué he de hacer sino ladrar?

Dame sin tardanza alguna,¡oh, luna!, con tu fortuna,un consuelo en mi indigencia.¡Y no me dejes, ¡oh, luna!,a la luna de Valencia!

(1) Lo de taladre, lector, –es el ripio de rigor.

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