Cuento (Vital Aza)
Ayer hallé a un cesantede rostro macilento,que frente a un panecillotan duro como un hierro,–pues que quizás tuvierados meses por lo menos,–contábale afligidodolores y tormentos,vertiendo cada lágrimaque era un dolor el verlo.Tomele por un locoy a él me acerqué con miedo,diciéndole: –Amiguito,perdone si molesto;pero saber quisierapor qué tan triste y seriole encuentro conversandocon ese pan tan seco.Y respondiome el hombreal punto, y muy atento:–¿Desea usted, amigo,saber lo que pretendo?La cosa es muy sencilla,y aunque a las claras veoque usted me juzga loco,verá que soy muy cuerdo.¡Seis días han pasado!¡Seis días, caballero,sin que un bocado soloentrara en este cuerpo!Y como el tiempo pasay el hambre va creciendo,con este pan me encaro,–porque es fuerza comerlo,–mas como está tan duroy así con él no puedo,le cuento mil desgraciasy horrores mil le cuento¡a ver si de este modoconsigo enternecerlo!
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