La muñeca (Vital Aza)
En una noche de Enerouna niña pordiosera,con los pies casi desnudos,con las manecitas yertas,cubriendo, a modo de manto,con su falda la cabeza,y sin temor a la lluviaque más cada vez arrecia,contempla, extasiada y tristeel interior de una tienda,que por su gusto en jugueteses en Madrid la primera.
–¿Qué haces aquí? le pregunta,con voz desabrida y seca,un dependiente, empujandoa la niña hasta la acera.–¡Déjeme usted! ¡Si es que estabamirando aquella muñeca!–¡Vaya! Retírate prontoy deja libre la puerta.–¿Dígame usted. ¿Cuesta mucho?–¿Quieres marcharte, chicuela?–¿Será muy cara, verdad?¡Lo que es como yo pudiera!...–¡El demonio de la chica¿Pues no quiere comprar ella?...¡Lárgate a pedir limosna!y déjate de simplezas.La muñeca que te gustavale un duro, con que ¡fuera!
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Marchose la pobre niñaocultando su tristeza…en vano pide limosna…ninguno escucha sus quejas…Y desfallecida y débil,cruza calles y plazuelasrecordando en su amargurala tentadora muñeca…
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–¡Caballero, una limosnaa esta pobrecita huérfana!–¡Déjame, que voy de prisa!–¡Por Dios, señor! Aunque seaun centimito… ¡Tengo hambre!...–(¡Pobre niña! ¡Me da pena!)Toma.
–¡Señor! ¡Si es un duro!–Te lo doy para que puedas,siquiera por esta noche,tener buena cama y cena.–¡Déjeme usted que le besela mano!
–Quita, tontuela.–¡Que Dios se lo pague a usted!¡Un duro!... ¡Estoy muy contenta!...¿No será falso, verdad?–¡Cómo muchacha! ¿Tú piensas?...–No, señor… perdone usted…Pero… ¡vamos!... la sorpresa...¡Si voy a volverme locade alegría!... ¡Quién dijera!¡Que Dios le premie en el mundoy le dé la gloria eterna!
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Y apretando entre sus manosconvulsivas la moneda,corrió por la calle abajoveloz como una saeta.
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A la mañana siguientese comentaba en la prensael hecho de haberse halladoen el quicio de una puerta,¡el cadáver de una niñaabrazado a una muñeca!
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